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SOCIEDAD
Magia avergonzada
Marvin Hernández, Cuba Press
CIENFUEGOS, septiembre (www.cubanet.org) - El
apartheid turístico contra el pueblo es
divisa en la política excluyente del gobierno
de Cuba.
A partir de mayo de 1981 aparece el denominado
campismo popular, que según la jefatura
de la isla es un concepto sano de esparcimiento
para compartir los encantos de la naturaleza para
disfrute del pueblo. Tales asentamientos se situaron
en las márgenes de ríos y playas
con poco o casi ningún atractivo para el
turismo.
La avidez por el dólar de los dueños
de Cuba cerró entonces al ciudadano común
el acceso al patrimonio nacional, que por su potestad
sacrosanta -la fuerza- destina para recreo de
los extranjeros y jerarcas del gobierno.
Así, los cienfuegueros pudieron aspirar
a dos de las tres bases de campismo que existen
en esta provincia del centro-sur de Cuba. Una
en Guajimico, sólo para turistas (recuerde
que en ese término no califican los nacionales).
Quedan Jagua y Playa Inglés, sólo
que: "Las capacidades no se venden directamente
a la población, sino que se distribuyen
a los organismos del Estado como una manera de
estimular a los mejores. O sea, aquí vienen
los trabajadores y estudiantes destacados",
según el semanario 5 de Septiembre, de
agosto 6 de 2004.
Destacado, en lenguaje estatal cubano, significa
tener o simular adicción por los postulados
del gobierno y sus dirigentes, como principal
cualidad.
Según el semanario oficial 5 de Septiembre:
"Llegar a alguna de las dos bases de Cienfuegos
es como aprender que la palabra magia anda suelta".
He aquí el testimonio de quien asistió
a la base Jagua en los días de cierre del
verano, cuando se anunció que sería
de festividad por todo lo alto:
"Cuando llegas tienes que depositar 20 pesos
por la llave, y montear a la persona encargada
de recibir y entregar las cabañas de cada
grupo que llega. Esto se repitió cuando
nos íbamos, porque si no perdíamos
el dinero. También en ese momento hay que
decidir qué ingerirás en el almuerzo
y la comida dentro del menú que te presentan
para los días de estancia en la instalación.
Tuvimos que caerle detrás a la mucama para
que nos prestara una escoba y algo de salfumán
para limpiar un poco la cabaña y el baño,
donde aún con chancletas me sentía
incómodo para bañarme.
"El baño no tiene lavamos ni revestimiento
de losas. Agua, casi nunca, hay que buscarla con
un cubo en un depósito o pipa distante
varias decenas de metros de la cabaña.
La de beber, igualmente se encuentra lejos y nunca
es fría.
"Las ventanas las atrancábamos por
dentro con palos y piedras para que no nos robaran
cuando salíamos, aún cuando hay
custodios y una cerca perimetral que aísla
a los huéspedes de la playita. Por cierto,
apenas unos metros con un poco de arena entre
los dientes de perro. Y no pertenece a la base.
Hay una piscina cerrada y con custodio; sólo
utilizable de 10 de la mañana a 8 de la
noche el día que lo permiten. Como no hay
duchas, pasadas unas horas el agua parece de albañales.
"La comida hay que buscarla en cantinas,
y el que no imaginó la necesidad de llevar
cubiertos y vasos, ya tú sabes: ¡a
inventar!"
Se precisa, además, de ropa de cama, mosquitero,
ventilador, velas, linternas y farolas. Los mosquitos
y jejenes andan por legiones.
A la cafetería deben llevar, además
del dinero, los cubiertos y el vaso. Caso contrario,
sólo podrás mirar o atragantarte
con un pan con algo.
Mucho acierto del articulista cuando dijo que
en este lugar "la magia anda suelta",
y con trote tan fuerte que se ocultó por
tanta vergüenza.
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