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RELIGION
Numeroso público en celebración del Día de las
Mercedes
LA HABANA, septiembre (Miguel Saludes / www.cubanet.org)
- Numeroso público asistió a los
actos religiosos celebrados este 24 de septiembre
en la Iglesia de La Merced de La Habana. Desde
horas tempranas de la mañana la gente esperaba
en las calles aledañas a que se abrieran
las puertas del hermoso templo dedicado a esta
advocación mariana. Desde entonces el flujo
de los devotos no se detuvo hasta que llegó
el momento del cierre, casi al finalizar el día.
La primera misa estuvo presidida, como ya se
ha hecho tradicional, por el Nuncio apostólico
en Cuba. En esta ocasión correspondió
a Monseñor Luigi Bonazzi, actual representante
del Vaticano en Cuba celebrar la eucaristía.
Su homilía se adentró en una bella
y profunda reflexión sobre la libertad
emanada del ser de la Virgen María a partir
de su aceptación del llamado Divino. Solamente
ante esa libertad la Madre del Señor pudo
soportar las pruebas que le deparaba el futuro,
consecuencias de su decisión. Según
las palabras del Nuncio el sentido del sufrimiento
vivido por María es totalmente opuesto
al que muchas veces nos mueve a buscar la misericordia
de Jesús. El dolor de la Virgen no es dolor
que aplasta y que lleva a la muerte, sino que
se transforma en crecimiento hacia más
vida a través del amor y donde hay amor
la vida sobreabunda.
Monseñor Bonazzi señaló
que María es punto de referencia para todos
los que sufren la pérdida de lo más
querido. Muchas personas acuden este día
ante la imagen de La Merced por diversos y agudos
problemas que hieren su existencia. No son pocos
los que están relacionados de alguna manera
con la falta de libertad. Pero el Nuncio apostólico
recordó que donde Dios está presente
tiene que haber amor y vida. Esta presencia tiene
que ser fuente de libertad. "María,
madre de la Humanidad, lo es también de
los presos, de los cautivos y de los que sufren
la angustia de la falta de libertades", manifestó
el prelado para seguidamente resaltar una de las
características de la personalidad mariana:
"Ella era una persona intensamente libre".
El representante de la Santa Sede acotó
que la opresión de un hombre sobre otro
es posible en la medida en que el otro no logre
liberarse, no porque no podría hacerlo,
sino porque en lo profundo de su corazón
se siente esclavo. "El miedo, la droga, los
prejuicios, son algunas de las realidades que
pueden quitarle al hombre su libertad haciéndole
esclavo de sí mismo, del egoísmo
que impide amar a los demás y respetar
la dignidad del resto de los hombres. Una sociedad
libre no es sólo la que no es esclava de
otra exterior, ni siquiera la que respeta los
derechos del hombre. Una sociedad libre es aquella
que se compone de hombres libres y es capaz de
respetar la libertad de los otros. María
no siente miedo, ni se desalienta, no se desmoraliza,
porque ella goza de una libertad que está
sustentada en un doble fundamento: divino y humano".
Finalmente el obispo apeló a la necesidad
que todos tenemos de ser personas libres y ayudar
a los demás a serlo también. Y esto
será posible en la medida en que nos abramos
al amor que vence en nosotros rompiendo nuestras
cadenas interiores y exteriores.
La segunda eucaristía de la jornada estuvo
presidida por el Arzobispo de La Habana Cardenal
Jaime Ortega y Alamino. Sus palabras resaltaron
la cercanía de la Virgen María,
siempre atenta y sensible ante el dolor de sus
hijos. Puso de relieve el reciente paso de huracán
Iván que no afectó directamente
a nuestro país, como se esperaba que ocurriera,
lo que muchos atribuyen a una intersección
milagrosa.
Monseñor Ortega dijo en su homilía
que "...Quien desea conocer a Jesús
pasa siempre por el encuentro con María."
Señaló la necesidad de que los niños
sean conducidos a las iglesias no sólo
para que sean bautizados sino además para
que conozcan plenamente a Cristo resucitado. Recalcó
la importancia de que esto sea así ante
los peligros que amenazan la estabilidad de la
familia cubana. Recalcó que es precisamente
en el seno familiar donde surgen muchos de los
problemas que afectan a nuestra sociedad. El Cardenal
cubano finalizó su homilía recordando
la importancia de continuar pidiendo la intercesión
de María por nuestras necesidades más
perentorias, pero también por las carencias
espirituales que no nos permiten tener una noción
clara de lo que significa la fe cristiana.
Nota particular de la asistencia de fieles a
la festividad de La Merced es el paso por el camarín
de la Virgen. Por ese lugar desfilaron, como ocurre
cada año en esta ocasión, cientos
de personas. La visita de muchos tiene como principal
objeto la subida a este recinto especial. Se pueden
contabilizar entre 20 y 25 personas por minuto
las que pasaron ante la imagen situada en la pequeña
cámara que está sobre el altar.
Aunque no se ha igualado aquella impresionante
cifra de casi 20 mil fieles que pasaron el 24
de septiembre de 1987 ante la Virgen del camarín,
casi todos los años la cantidad de los
que realizan esta especie de peregrinación
este día se ha mantenido sobre las 13 mil
personas.
En horas de la tarde un grupo de mujeres vestidas
de blanco llamó la atención de la
concurrencia. Las llamadas Damas de Blanco hicieron
acto de presencia ante la patrona de los presos.
Prendidas sobre sus vestidos levaban las chapas
donde están estampados los rostros de sus
familiares prisioneros. Ellas expusieron silenciosamente
todo el dolor que grita no sólo en sus
corazones, sino en el de tantas madres, esposas,
hermanos e hijos que sufren por la cautividad
de sus seres queridos en alguna cárcel
de la Isla. Esto es más penoso cuando la
justicia está ausente en la aplicación
de los castigos.
Otra particularidad de la fiesta mariana es la
procesión que se realizó en la Misa
solemne celebrada en horas de la tarde. Los padres
paules, junto a seminaristas, miembros de la comunidad
y devotos de la Virgen acompañaron la imagen
en el recorrido habitual por todo el interior
del templo. La misma trascurrió tranquilamente
pese a algunas voces que se alzaron en determinados
momentos en pro y en contra de la situación
actual del país.
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