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AGRICULTURA
Tierras para cultivos varios en manos del MINAZ
Ariel Delgado Covarrubias, UPECI
LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - Uno
de los aspectos más destacables de la llamada
reestructuración, contenida en la tarea
Alvaro Reynoso, anunciada por el ministerio de
la Industria Azucarera (MINAZ), es la reducción
del área de tierras dedicada a la dulce
gramínea. Los dueños de los mayores
latifundios estatales se quedarían con
sólo el 38 % de las tierras que hasta entonces
disponían.
La decisión estatal fue que esas extensiones
se dedicaran a cultivos varios, ganadería
y al desarrollo forestal del país. Como
hasta esa fecha los azucareros habían dispuesto
de las mejores tierras, todos pensaron que en
pocos años la producción agropecuaria
podría alcanzar niveles productivos jamás
antes logrados.
Pero hay una realidad. La caña se queda
con el 38 % de las tierras, pero son las mejores
para su producción. La mayor cantidad de
las destinadas a otros cultivos son las más
agotadas y sin riego. Son tierras que requieren
un extenso e intenso trabajo de acondicionamiento
para sus nuevos destinos, ya sea cultivos varios,
ganadería o silvicultura.
Todo parece indicar que el ministerio de la Agricultura
(MINAGRI) no quiso asumir esa colosal tarea de
hacer producir esas tierras; ya con las que tiene
son demasiados sus problemas y su ineficiencia,
al punto que un elevado por ciento la han pasado
a las UBPC y a los Cosecheros Populares de Arroz.
Por lo tanto, el ministerio del Azúcar,
que nada tiene que ver con la producción
de viandas, granos y hortalizas, asume esa tarea
con un nuevo vice ministro pero prácticamente
sin los recursos necesarios.
Este año se anunció la liberación
de 1 millón 300 mil hectáreas de
la gramínea para dedicarla a su nueva producción.
Y se ha planificado que entre noviembre y diciembre
se siembren 246 mil hectáreas de viandas,
granos y hortalizas, con vista a un incremento
sustancial de lo recolectado para el año
venidero.
Si de buenas intenciones está empedrado
el camino al infierno, ésta no es una excepción.
De esas 246 mil hectáreas, sólo
el 18 % tiene regadío (36,000). Es decir,
quedan 210 mil por el régimen de secano.
Y cualquier agricultor que se respete sabe que
si se quieren obtener buenos rendimientos en los
cultivos varios, el riego es determinante.
Alvaro Reynoso, el padre de la agricultura cañera,
sentenció que la caña era un cultivo
de riego. Y la caña es mucho más
resistente a las condiciones de sequía
que el resto de los cultivos. ¿Qué
se puede esperar?
Un notable éxito económico de la
agricultura no cañera del país ha
sido la introducción del riego con energía
eléctrica, lo que ha permitido un notable
ahorro de combustible. Si en 1995 gastaban 107,800
toneladas de diesel, el consumo calculado para
este año no superará las 21,350
toneladas. Los equipos eléctricos permiten
ahorrar el 30 % de los gastos en combustible y
el 20 % del consumo del agua. Pero instalar una
de esas máquinas en una hectárea
cuesta 1,250 dólares, aunque la inversión
se compensa con el ahorro posterior del diesel.
Un cálculo a priori indica que la instalación
de esos equipos en 240 mil hectáreas para
cultivos varios sería una inversión
de 300 millones de dólares, en momentos
en que el ministerio del Azúcar no dispone
del financiamiento necesario para su principal
producción.
Para solucionar éstos y otros retos que
se convierten en problemas, el vicepresidente
del Consejo de Estado Carlos Lage públicamente
advirtió al ministerio del Azúcar
"que debe emprender las nuevas tareas agropecuarias
mediante técnicas de bajos insumos".
Y los exhortó a aplicar los métodos
sostenibles que han dado buenos resultados en
la agricultura no cañera de la isla.
¿Sarcasmo o ingenuidad? Si tomamos el
Anuario Estadístico del 2002 que refleja
los datos de la superficie sembrada de cultivos
varios hasta el 31 de diciembre de 1999, el país
disponía de 700,900 hectáreas dedicadas
a esos cultivos, pero sólo el 27,5 % (192,500
hectáreas) eran estatales, es decir, vinculadas
directamente al ministerio de la Agricultura.
Ahora el ministerio del Azúcar sembrará,
atenderá y cosechará 246 mil hectáreas,
que representan un 28 % más de lo disponible
por su similar de la agricultura. Y que conste,
los rendimientos estatales son extremadamente
bajos, en comparación con los de los campesinos
independientes.
Por el estado de los terrenos liberados de la
caña, especialistas consideran que se tendrán
que invertir 21 millones de pesos en moneda nacional
para disponer de los abonos orgánicos elaborados
con recursos locales. Durante 2003 se adicionaron
a los cultivos varios alrededor de 2 millones
500 mil toneladas de biofertilizantes, pero este
año se necesitan 8 millones por las nuevas
áreas que se incorporan y las necesidades
de esos infértiles suelos.
¿Dispondrán los azucareros devenidos
agricultores de todos esos recursos para lograr
producciones con la calidad y los rendimientos
requeridos? ¿No provocará esa "producción"
más trastornos económicos que beneficios
al hacer más ineficaz e incosteable a la
agricultura cubana?
El mal viene del fondo (o mejor dicho, "de
arriba") ya que la determinación de
pasar esas tierras y esos cultivos a manos de
azucareros estatales más parece la decisión
de un puesto de mando militar que de economistas
y especialistas razonables. ¿Por qué
no dejar esas tierras en manos de cosecheros privados,
que son los que han demostrado mejores resultados?
Tal parece que el año que viene tendremos
un poco más de viandas, granos y hortalizas,
pero su sabor económico lejos de dulce,
resultará amargo.
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