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SOCIEDAD
Una aguja en la silueta habanera
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - En
el "skyline" habanero -la silueta arquitectónica
de la urbe- hay una aguja que revela la presencia
de la construcción religiosa cubana más
alta. Es el remate de la torre de la Iglesia del
Sagrado Corazón de Jesús y San Ignacio
de Loyola con sus casi 50 metros de altura. Conocida
simplemente como la Iglesia del Sagrado Corazón,
esta émula de otros templos católicos
de igual denominación en otras capitales
del mundo está situada en la Calzada de
la Reina entre la calle Gervasio y la Calzada
de Belascoaín. Es decir, un sitio muy céntrico
de la urbe capitalina cubana.
La Iglesia del Sagrado Corazón y San Ignacio
de Loyola, como es lógico, es el templo
de los jesuítas en La Habana. Pero lo que
la distingue de otros templos capitalinos y cubanos
es su estilo arquitectónico, al que varios
especialistas cubanos en la materia han denominado
"neo-gótico".
Fue por el año 1907 que nació la
idea de su fundación en el antiguo Colegio
de Belén de la Habana Vieja. Sucedió
que al trasladarse el Colegio a Marianao, un suburbio
capitalino, convenía que los padres jesuitas
mantuvieran un templo en el centro de la ciudad.
El diseño y construcción del templo
estuvo a cargo del Hno. Luís Gogorza, SJ,
de origen vasco, y del arquitecto Eugenio Dediot.
Las características arquitectónicas
escogidas fueron las del gótico auténtico:
arco apuntado, altas bóvedas ojivales,
paredes estrechas, amplios ventanales con luminosos
vitrales. La altura del inmueble alcanzó
los 74,27 metros.
La obra se inició el 7 de agosto de 1914
y se inauguró el 3 de mayo de 1923, luego
de ser consagrada por el Obispo Mons. Pedro González
Estrada la víspera. A cuatro personas se
debe el mayor esfuerzo en la construcción
del templo: María del Carmen Zozaya, Narciso
Gelats, Francisco del Valle y su esposa Francisca
Grau. En la columna izquierda de la capilla del
Santísimo Sacramento una tarja de mármol
recuerda el agradecimiento a estos dos últimos
contribuyentes para la terminación de la
obra.
Por estar en un sitio tan transitado, la Iglesia
del Sagrado Corazón siempre tiene visitantes
nacionales y extranjeros. A estos últimos
les llama la atención la profusión
de figuras esculpidas en sus capiteles y otros
detalles arquitectónicos de la obra. Sobre
todo, la gran imagen tallada en madera del Sagrado
Corazón de Jesús del pórtico.
Ya en el interior de la nave principal, el altar
realizado en Madrid por el sacerdote Rev. Granda
atrae la mirada de todos, fieles y turistas. Alabastro,
maderas preciosas y bronce son los materiales
que lo componen y puede considerársele
como una verdadera filigrana.
Los muros de la iglesia, por sus características
góticas, están adornados por 169
vitrales: 33 grandes y 136 pequeños. Estos
vitrales que tanto llaman la atención por
su belleza fueron fabricados por la Casa Mauméjean
de Madrid-Paris-San Sebastián. En la planta
alta de la nave principal se halla el Coro, donde
está instalado uno de los más grandes
órganos del país, pues cuenta con
tres teclados. El instrumento fue construido en
La Habana por G. de Aizpuru. Mas lamentablemente
no es utilizado.
El templo de los jesuitas es diariamente visitado
por los fieles que asisten a misas y cursos y
seminarios que allí también se imparten.
En los finales de los 80 y en los 90 la Iglesia
del Sagrado Corazón fue un punto muy visitado
por opositores al régimen, quienes asistían
a misas y otras actividades dentro del marco religioso,
pero la represión de la policía
política hizo desaparecer paulatinamente
esa asistencia.
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