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DEPORTES
El fanático No. 1 del deporte en Cuba
Roberto Santana Rodríguez
LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - Ese
fue y será Armando Luis Valdés Valdés,
más conocido como Armandito el tintorero.
Una dolorosa enfermedad le causó la muerte
a la edad de 64 años, el pasado miércoles
25 de agosto.
Se ha ido, pero sólo físicamente,
su recuerdo está y estará siempre
en los corazones de cuanto espectador vaya a ver
un espectáculo deportivo en el país,
sobre todo en el estadio Latinoamericano de la
barriada del Cerro.
Allí seguirá animando al equipo
Industriales o al team Cuba, seguirá dirigiendo
el inmenso coro humano que aún suena en
nuestros oídos: Eh, Eh, Eh, Uuuum. Seguirá
sonando su emblemático silbato y seguirá
blandiendo la escoba para indicar la victoria
total de su representativo.
Hay detalles de su vida que no aparecieron en
la prensa oficial y que, posiciones políticas
aparte, me parece oportuno reflejar. Para ello
visité su casa de calle 72 e/ 27 y 29 en
el reparto Buena Vista, en el municipio Playa,
Ciudad de La habana, donde conversé con
el hermano de Armandito.
"Al él siempre le gustó el
deporte, prefería el fútbol, siendo
centro delantero de joven. La pelota la jugó
al flojo en los placeres del barrio. Era fanático
del club Habana en la liga profesional cubana,
yo del Marianao, pero nunca hubo conflictos entre
nosotros por esa causa".
"Después de 1959 tuvimos que adaptarnos
a los cambios, aunque Armandito en su fuero interno
seguía prefiriendo la pelota rentada. No
sé cómo se las arreglaba, pero siempre
conocía los resultados de las Grandes Ligas.
Además, sabia qué peloteros se marchaban
del país, llegaba y me decia: "¿Te
enteraste? Se quedó fulano, o se fue mengano,
lo obligaron a irse, le hicieron mucho daño".
Armandito se quejaba de la forma en que se confeccionaba
el equipo cubano de béisbol. Decía
que éste tenía que hacerse por rendimiento,
no por plantilla ni por otras consideraciones
ajenas al deporte. Se lamentaba de las injusticias
que a su juicio fueron cometidas contra Javier
Méndez, Lázaro Junco, Enrique Díaz,
Cheíto. Tampoco le gustaba Higinio Vélez
como director, pensaba que Anglada tenia derecho,
por ganar la nacional por dos campeonatos"
"Nunca vino ningún periodista a interesarse
por las condiciones de vida de Armandito. Aquí
en esta cuartearía vivimos de manera infrahumana,
bueno, Ud. puede verlo, allá afuera hay
una fosa que hace tiempo está tupida y
desbordada con su agua pestilente que nos molesta
en todo momento. Aquí hay muchos niños,
vino una inspectora de salud pública y
dijo que nosotros sacáramos los desechos
y los pusiéramos en la otra esquina, frente
a la casa del médico. ¿Estará
en su juicio esa mujer? Aquí lo que necesitamos
es una reparación total. Han manipulado
la figura de mi hermano para sus fines, se han
olvidado de él, a nadie le importa, aunque
ahora quieran hacerle una estatua en el Latino.
Debieron ayudarle más en vida".
También conversé con Ana Maria
Hernández (Cuca), que era como una madre
para Armandito. El se le acercaba, le ponía
la mano en el hombro y le decía: te tengo
una sorpresa, mi vieja, pronto. Ella pensaba que
era un apartamento que le darían a Armandito
y adonde él la llevaría a vivir.
Pero el apartamento nunca llegó.
Sirvan estas líneas como modesto homenaje
a este hombre de pueblo, que se hizo grande de
la única manera en que se puede ser grande:
siendo sencillo, humilde, respetuoso.
Así lo recordaremos siempre y lo veremos
alegre, desde su palco exclusivo en el Latino,
sonriendo o entristecido ante una victoria o derrota
de su equipo Industriales.
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