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EDUCACION
Sandra no quiere ser como el Che
Tania Díaz Castro
LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - A través
de la prensa oficialista cubana sabemos las cifras
exactas de los niños que crecen solos en
el mundo a causa de las guerras, los que resultaron
heridos, los que quedaron sin hogar. También
los que mueren por enfermedad en el Tercer Mundo
y los que mueren por hambre y desnutrición.
Pero lo que no dice la prensa cubana es el conflicto
que se provoca en las mentes de los niños
cubanos que viven en el seno de una familia religiosa,
teniendo en cuenta que la educación que
reciben en las escuelas es atea, concepto filosófico
que niega la existencia de Dios y califica a la
religión como "el opio de los pueblos".
Después de la visita del Papa, en 1998,
cuando el Sumo Pontífice exhortó
a los cubanos a que perdieran el miedo, nuestra
población religiosa ha ido en aumento.
Numerosas iglesias cristianas abrieron sus puertas
y diversas sectas cuentan con casas-templo donde
se reúnen para estudiar la Biblia. Existen,
además, colectividades de origen afrocubano.
Pero, ¿qué estragos mentales ocasiona
al niño cubano, obligado a adoptar una
doble moral, un hecho cotidiano propio de sociedades
totalitarias?
Sandra tiene 13 años. Comenzó por
estos días el noveno grado en una escuela
de la zona 10 de Alamar, un reparto situado a
diez kilómetros de la capital cubana. Los
que la conocen bien dicen que es muy inteligente,
noble y de buen carácter.
Pero Sandra, a pesar de sonreír con frecuencia,
a juicio mío no puede ser realmente feliz.
Lo comprobé el otro día, al llegar
a su casa y encontrarla anegada en llanto. Era
su primer día de clases. Cuando se calmó
dijo muy molesta que no quería estudiar
más, que no volvería al aula con
la misma maestra del curso anterior, la que momentos
antes había pedido a sus alumnos un trabajo
práctico sobre el discurso que pronunciara
Fidel Castro en el acto del 26 de julio. El trabajo
debía ser entregado dos días después.
Algunos estudiantes, sobre todo los religiosos,
se quejaron, alegando que en sus casas no se había
escuchado el discurso.
"Entonces busquen el periódico",
dijo por último la profesora.
Los padres de Sandra acudieron a la escuela.
Una vez más explicaron a la maestra que
ellos no se interesaban por la política,
que no tenían el periódico ni lo
pensaban buscar. Pidieron comprensión y
sensibilidad y lograron cambiar de aula a Sandra.
Hice un aparte con la madre de Sandra, una mujer
de treinta años de edad. Me cuenta que
hace ocho años ingresaron a la secta "Testigos
de Jehová", congregación que,
a falta de un templo, se ha organizado en trece
casas-culto, con cien miembros cada una, ubicadas
en varias zonas de Alamar, y donde se reúnen
para estudiar la Biblia en compañía
de sus hijos.
"Los problemas que hemos confrontado en
la escuela han sido muchos desde entonces",
expresa preocupada. "Las escuelas a las que
asisten nuestros hijos son dirigidas y asesoradas
por el gobierno, y como usted sabe, nuestros niños
no saludan la bandera porque lo vemos como un
acto de adoración. Tampoco cantan el himno,
que es un canto a la guerra, ni participan de
actos políticos o concurren, de adolescentes,
al servicio militar. En esta sociedad es muy difícil
ser fiel a nuestras creencias religiosas. Sin
embargo, es un derecho que tenemos todos. Mi hija
tiene derecho a no querer ser como el Che. Puedo
asegurarle que la mitad de los problemas que afronta
en la escuela se los calla, y eso no se imagina
usted cuánto me entristece. En otras palabras:
en ocasiones Sandra se ve obligada a asumir una
doble moral, a ocultar sus verdaderos pensamientos
ante los profesores, a escribir, incluso, lo que
no siente, sólo por no tener 'problemas'".
Me pregunto si los visitantes extranjeros que
son llevados a determinados centros educacionales
del país piensan por un momento la doble
moral que deben asumir los estudiantes religiosos,
o los hijos de padres disidentes en un país
donde el Estado es el propietario de los centros
de enseñanza. Durante el recorrido son
informados sobre los novedosos métodos
didácticos aplicados y la elevación
de la calidad de la enseñanza.
Pero, ¿se menciona acaso que los niños
están obligados a usar pañoleta,
a ser pioneros por el socialismo, a ser como el
Che, Camilo o Fidel? ¿Qué se hacen
los niños testigos de Jehová, si
para ellos no hay otro rey que Dios?
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