PRENSA INDEPENDIENTE
Septiembre 20, 2004
 

EDUCACION
Sandra no quiere ser como el Che

Tania Díaz Castro

LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - A través de la prensa oficialista cubana sabemos las cifras exactas de los niños que crecen solos en el mundo a causa de las guerras, los que resultaron heridos, los que quedaron sin hogar. También los que mueren por enfermedad en el Tercer Mundo y los que mueren por hambre y desnutrición. Pero lo que no dice la prensa cubana es el conflicto que se provoca en las mentes de los niños cubanos que viven en el seno de una familia religiosa, teniendo en cuenta que la educación que reciben en las escuelas es atea, concepto filosófico que niega la existencia de Dios y califica a la religión como "el opio de los pueblos".

Después de la visita del Papa, en 1998, cuando el Sumo Pontífice exhortó a los cubanos a que perdieran el miedo, nuestra población religiosa ha ido en aumento. Numerosas iglesias cristianas abrieron sus puertas y diversas sectas cuentan con casas-templo donde se reúnen para estudiar la Biblia. Existen, además, colectividades de origen afrocubano.

Pero, ¿qué estragos mentales ocasiona al niño cubano, obligado a adoptar una doble moral, un hecho cotidiano propio de sociedades totalitarias?

Sandra tiene 13 años. Comenzó por estos días el noveno grado en una escuela de la zona 10 de Alamar, un reparto situado a diez kilómetros de la capital cubana. Los que la conocen bien dicen que es muy inteligente, noble y de buen carácter.

Pero Sandra, a pesar de sonreír con frecuencia, a juicio mío no puede ser realmente feliz. Lo comprobé el otro día, al llegar a su casa y encontrarla anegada en llanto. Era su primer día de clases. Cuando se calmó dijo muy molesta que no quería estudiar más, que no volvería al aula con la misma maestra del curso anterior, la que momentos antes había pedido a sus alumnos un trabajo práctico sobre el discurso que pronunciara Fidel Castro en el acto del 26 de julio. El trabajo debía ser entregado dos días después.

Algunos estudiantes, sobre todo los religiosos, se quejaron, alegando que en sus casas no se había escuchado el discurso.

"Entonces busquen el periódico", dijo por último la profesora.

Los padres de Sandra acudieron a la escuela. Una vez más explicaron a la maestra que ellos no se interesaban por la política, que no tenían el periódico ni lo pensaban buscar. Pidieron comprensión y sensibilidad y lograron cambiar de aula a Sandra.

Hice un aparte con la madre de Sandra, una mujer de treinta años de edad. Me cuenta que hace ocho años ingresaron a la secta "Testigos de Jehová", congregación que, a falta de un templo, se ha organizado en trece casas-culto, con cien miembros cada una, ubicadas en varias zonas de Alamar, y donde se reúnen para estudiar la Biblia en compañía de sus hijos.

"Los problemas que hemos confrontado en la escuela han sido muchos desde entonces", expresa preocupada. "Las escuelas a las que asisten nuestros hijos son dirigidas y asesoradas por el gobierno, y como usted sabe, nuestros niños no saludan la bandera porque lo vemos como un acto de adoración. Tampoco cantan el himno, que es un canto a la guerra, ni participan de actos políticos o concurren, de adolescentes, al servicio militar. En esta sociedad es muy difícil ser fiel a nuestras creencias religiosas. Sin embargo, es un derecho que tenemos todos. Mi hija tiene derecho a no querer ser como el Che. Puedo asegurarle que la mitad de los problemas que afronta en la escuela se los calla, y eso no se imagina usted cuánto me entristece. En otras palabras: en ocasiones Sandra se ve obligada a asumir una doble moral, a ocultar sus verdaderos pensamientos ante los profesores, a escribir, incluso, lo que no siente, sólo por no tener 'problemas'".

Me pregunto si los visitantes extranjeros que son llevados a determinados centros educacionales del país piensan por un momento la doble moral que deben asumir los estudiantes religiosos, o los hijos de padres disidentes en un país donde el Estado es el propietario de los centros de enseñanza. Durante el recorrido son informados sobre los novedosos métodos didácticos aplicados y la elevación de la calidad de la enseñanza.

Pero, ¿se menciona acaso que los niños están obligados a usar pañoleta, a ser pioneros por el socialismo, a ser como el Che, Camilo o Fidel? ¿Qué se hacen los niños testigos de Jehová, si para ellos no hay otro rey que Dios?

 


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