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SOCIEDAD
Para los niños cubanos no hay chocolate
Tania Díaz Castro
LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - Nunca
había tenido tantos deseos de comer chocolate
como cuando vi la película "Chocolate",
una producción de Miramar Internacional
de 2001, gracias a que la actriz Juliette Binoche
se pasó todo el tiempo elaborando especialidades
de recetas hechas a base de cacao. Salí
del cine y me fui corriendo a una tienda cuyos
productos se venden en dólares, y donde
sólo pueden encontrarse tabletas de chocolate
producidas en Suiza, Argentina, Colombia, etc.,
al precio de dos dólares cada una. Fue
un lujo para mí comprar una tableta.
Al emprender el camino hacia mi casa, por la
acera de la calle 27 del Vedado habanero, me detuve
ante un niño que miraba fijamente mi chocolate.
Tendría diez o doce años. Sin pensar,
partí en dos la tableta y le entregué
la mitad. Sin tiempo para darme las gracias, sorprendido
tal vez por mi obsequio, comenzó a comer.
Por estos días vino a mi mente la imagen
de aquel niño de bajos ingresos, como casi
todos los de mi país, que clavó
su mirada en mi chocolate. Todo porque leo en
la prensa cubana que los cacaoteros baracoenses
del municipio montañoso de Baracao, región
que se conoce como patrimonio del cultivo de cacao,
acopiaron hasta la fecha 29,202 quintales de cacao,
según se dice, "de amplio uso en las
industrias de confituras y cosméticos"
del país.
No es la primera vez que en estos últimos
años la prensa cubana destaca una buena
zafra de cacao. En esta última, incluso
se precisó que la producción, de
854 toneladas planificada, ha sido de 881, 8,
y que la mayor parte va el extranjero. O sea,
un 80 por ciento. Esta es la razón por
lo que la industria nacional no ofrece a los niños
de bajos ingresos los productos del cacao, y sólo
puedan adquirirse en dólares, dinero que
no recibe la inmensa mayoría de las familias
cubanas.
En 45 años de régimen castrista
la producción de cacao jamás ha
estado de moda, jamás intentó competir
con el mercado extranjero. Padeció siempre
de una elaboración sin aroma, demasiado
dulce, mal refinada, y sus bombones o tabletas
duras, mal empaquetados, de sabor seco.
Nada de nuevos estilos o mezclas, como si se
ignorara que se trata de un producto de reconocidas
propiedades alimenticias, con una gran demanda
en el mercado mundial.
Podría decirse, sin lugar a equivocarse,
que Cuba ha perdido el consumo de chocolate en
estos 45 años de castrismo, una cultura
que comenzó, según apuntes históricos,
en 1540, algo que no aparece en los inmensos paneles
del "Museo del Chocolate" de la Habana
Vieja, donde está escrita la historia del
cacao y donde, además, se exhiben antiguas
piezas de porcelana que se utilizaban en siglos
remotos para beber chocolate con leche en Cuba.
Quince años atrás, bien lo recordamos,
había que atravesar largas distancias en
ómnibus para adquirir tabletas de chocolate
de producción nacional, caminar hasta encontrar
puntos de venta en el famoso Parque Lenin, a donde
también acudían a diario decenas
de revendedores que luego ofrecían las
tabletas a sobreprecio en la capital.
Sí, duele que el gobierno cubano se haya
olvidado de que el chocolate es un excelente ingrediente
para una dieta sana de los niños, a pesar
de que la atención de las plantaciones
de cacao no resulta tan rigurosa. Su desarrollo
no demanda de grandes inversiones, e incluso cuenta
el país con dos plantas de procesamiento
industrial que no producen chocolate para los
niños cubanos de bajos ingresos, los que
no reciben divisas de familiares en el extranjero,
los llamados niños sin "fe".
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