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DEPORTES
De Grecia a Beijing
Miguel Saludes
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - El 13 de
agosto La Habana se levantaba bajo los efectos
del paso madrugador del huracán Charlie.
Ese día, a miles de kilómetros de
distancia, tenía lugar en la capital de
Grecia la ceremonia inaugural de la XXVIII Olimpiada
de la era moderna. La belleza y la rica tradición
cultural de la que es heredera la humanidad fue
el sello distintivo de este espectáculo
de apertura.
Se cumplía así una cadena ininterrumpida
de cuatro celebraciones sin interferencias ajenas
al espíritu de los juegos desde el cese
de la guerra fría, donde la confrontación
entre fuerzas de diferente concepción ideológica
se trasladaba al terreno de los deportes.
En Munich 72 había ocurrido un hecho sangriento,
preludio del terrorismo que hoy nos afecta, al
producirse el secuestro y asesinato de los integrantes
de la delegación israelí, perpetrado
por un comando palestino. Los juegos de Montreal
se ensombrecieron cuando una treintena de países
se retiró de las competiciones acompañando
a las naciones del continente africano, en protesta
por la participación de Nueva Zelanda,
cuyo equipo de rugby había violado las
restricciones contra Sudáfrica.
El horizonte olímpico continuó
oscureciéndose por el boicot decretado
contra las Olimpiadas de Moscú y la respuesta
posterior de los países socialistas con
su ausencia en los Ángeles, excepción
que hizo Rumania. En la cita de Seúl las
cosas fueron diferentes, a pesar de la defección
de Corea del Norte al no serle concedida su petición
de compartir la sede sudcoreana. Cuba estuvo ausente
en Los Angeles al seguir la decisión adoptada
por la Unión Soviética junto a la
mayoría de los países del Este y
en un alarde de solidaridad se quedó entre
los pocos países que no estuvieron en Corea
del Sur, acompañando al régimen
de Pyongyang en su mal intencionada reclamación.
Afortunadamente, después de los cambios
ocurridos con la caída del campo socialista
y las nuevas concepciones políticas en
el mundo se ha logrado estabilizar el clima de
confraternidad de estas competiciones milenarias.
Las cosas han cambiado, como lo demuestran las
imágenes del Patriarca de Moscú
dando su bendición a la delegación
rusa en una misa donde estuvo el presidente Putin.
El mandatario de Rusia y el Patriarca de Moscú
posaron en unión de los deportistas de
su nación antes de la partida rumbo a Grecia.
En esta última edición de los juegos
olímpicos Cuba volvió a incursionar
en diferentes eventos para lograr adjudicarse
el onceno lugar en el medallero. Por encima de
ella se han ubicado países considerados
potencias deportivas y por debajo naciones con
considerable desarrollo económico como
Canadá o Suecia. No obstante la conformidad
con el puesto alcanzado -la Mayor de las Antillas
quedó por debajo de su actuación
en Sydney- parece que el cálculo de preseas
a obtener era superior. Si se llegó a la
cifra actual fue gracias a la actuación
de cinco pugilistas, el baseball y algunas destacadas
acciones individuales. Y es que Cuba es una de
las pocas excepciones donde se sigue contemplando
el color áureo de las medallas y las victorias
de sus deportistas como batallas ganadas en la
porfía por demostrar la superioridad del
sistema político imperante en el país.
La mentalidad de combate se encuentra en adjetivos
como dignidad, entereza, fidelidad, patriotismo
o lealtad, que remiten más al contexto
ideológico en que vive inmersa la nación
que a la acción propia del atleta.
Un asunto que centró la atención
de los comentaristas deportivos cubanos fue la
aparición de atletas provenientes fundamentalmente
del tercer mundo, o emigrados de distintas naciones
que compiten bajo nuevas banderas de adopción.
Pienso en los casos de Francis Obikwelu por Portugal,
Marlene Oti compitiendo por Eslovaquia, el danés
Wilson Kipketer, o de ciertos apellidos rusos
que aparecen en nacionales israelíes, alemanes
o españoles.
Una vez más vimos en las pantallas de
la Isla a una triplista italiana llevando por
nombre uno de los que terminan en misleydis, tan
comunes en nuestra patria, apellidada además
Martínez y con un prototipo que provoca
la exclamación "esa negrita tiene
que ser cubana". La muchacha, tercer lugar
en el Mundial de Francia, apenas fue mencionada
por los locutores del patio, quienes evitaron
hablar sobre su procedencia.
La forma en que es tratada esta situación
hace sospechar cierto menosprecio con gusto a
racismo, sobre todo al señalar la aparición
de un competidor de piel negra en representación
de la blanca Suecia, (¿Ese hombre es sueco?)
por poner un ejemplo, o de apellidos chinos en
la delegación española (¡Oigan
eso, un español con apellido chino!) Me
pregunto por qué un deportista africano,
o de cualquier lugar, que ve obstaculizado su
futuro inmediato en el país de origen no
puede acogerse a la bandera de una nación
que le permita desarrollar sus capacidades como
atleta.
En definitiva, los Juegos Olímpicos son
una competición de atletas individuales,
no de países. Según aparece reflejado
en Encarta: "
los resultados que da
el COI realmente no son por naciones. Sin embargo,
los medios de comunicación nacionales informan
de los resultados obtenidos por sus representantes
de acuerdo con uno de los sistemas de puntuación
vigentes con la elaboración de una lista
(medallero) con el número de medallas ganadas
por cada nación". Reafirmando esta
reflexión acudo a un pensamiento expresado
por el célebre escritor H.G. Well reseñado
en la revista Vitral No 62: "Nuestra verdadera
nacionalidad es el género humano",
idea que está en concordancia plena con
el pensamiento martiano y que es la verdadera
razón de las competiciones olímpicas.
Por otra parte, los triunfos de nuestros deportistas
despiertan suspiros de añoranza por parte
de algunos que ven estos logros del deporte cubano
como fruto del sistema político implantando
en la Isla. Tal es el caso del periodista argentino
Nicanor González del Solar. Quizás
tengan el convencimiento de que si sus países
contaran con un sistema similar, los lauros de
sus delegaciones serían parecidos o superiores
al del país antillano. Olvidan que ese
mismo régimen es el que existe en Corea
del Norte, que apenas ha obtenido una medalla
dorada mientras su contraparte capitalista del
Sur aparece en el puesto octavo con nueve preseas
de ese color.
Lo mismo ocurre con los criterios expresados
sobre los ex países socialistas, que hablan
sobre un desempeño más pobre a partir
del cese del sistema que apoyaba el desarrollo
deportivo de esas naciones. Los que así
opinan deben echar un vistazo al medallero, donde
Rusia, a pesar de quedar exenta de las repúblicas
ahora independientes, aparece en el tercer lugar
del cuadro. Y si sumamos los trofeos obtenidos
por Ucrania, Bielorrusia, Georgia, etc. veremos
que de haber estado unidas hubieran conservado
la posición que antes tenían como
miembros de la URSS.
Tampoco determina en el total de coronas el desarrollo
industrial del país. Por ejemplo, si por
una parte Estados Unidos encabeza el medallero,
Canadá, Suecia o Noruega, con mejores condiciones
sociales, apenas tienen resultados que les proporcionan
de cuatro a tres triunfos de oro. Algo parecido
ocurre si se considera la densidad de población
como elemento a tener en cuenta en la práctica
exitosa de competiciones deportivas. Mientras
la India -que goza de un sistema de tipo democrático
progresista- cuenta con una población de
928 millones de personas, apenas tiene una solitaria
plateada.
¿Es acaso que algunos pueblos están
más dotados que otros para el ejercicio
de ciertas prácticas? Un ex-compañero
graduado de una especialidad naval muy rara en
Cuba -tal vez fuera el único en el país-
se quejaba de haber escogido aquella carrera,
y solía decir entre jaranero y frustrado
que nuestra tierra es fértil en médicos,
músicos y deportistas. Le hubiera ido mejor
con dos maracas en las manos o con un implemento
deportivo que con su título exclusivo obtenido
en Leningrado. Sin aceptar ese falso fatalismo
idiosincrásico, hay que reconocer las aptitudes
de los cubanos en la práctica de los deportes.
Esto sin dejar de tener en cuenta que el gobierno
de la isla mantiene el elitismo dentro del deporte
y gracias a ello logra altos resultados. Lejos
están aquellos días de la práctica
masiva de deportes y de las posibilidades de contar
con los medios necesarios para desarrollar cualquier
habilidad. Ahora todo vale caro y no todos pueden
llegar. Los que tienen el biotipo o las cualidades
son los que reciben una esmerada atención.
Otro aspecto que quedó claro en Atenas
es el costo de una celebración de esta
envergadura. Se dice que la de Grecia superó
los diez mil millones de dólares. Ello
es un ejemplo de lo improcedente que resulta el
otorgamiento de la sede olímpica a países
con poco desarrollo económico, ya que son
los ciudadanos los que sufrirán las consecuencias
del enorme gasto y de los recursos empleados en
la construcción de instalaciones especializadas.
Incluso en esta ocasión el país
sede recibió el apoyo de Italia y Turquía
en el suministro de energía.
Nos separan 1460 días de la próxima
cita en Beijing. No sé si allí será
posible lo que en Atenas no pudo ser. Es posible
que mezclados con el público podamos ver
en esa ocasión a los competidores de Cuba
apoyando a sus compañeros de otras disciplinas
como ahora lo hicieran rusos, brasileños,
croatas, etc. con las suyas. Quizás sea
también posible que algunos de los deportistas
cubanos puedan contar con la presencia de sus
padres, su pequeño hijo o su compañera
para compartir unidos la alegría del triunfo.
Estoy seguro de que la República China
se está preparando para hacer una demostración
tremenda en todos los sentidos para la Olimpiada
en que será anfitriona. Tal vez queden
como los juegos más espectaculares y creo
que la delegación china se prepara fuertemente
para mejorar los resultados obtenidos en Atenas.
La Olimpiada de Verano del 2004 ya es historia.
La de Beijing está por escribirse.
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