|
SOCIEDAD
Inventos del cubano
Tania Díaz Castro
LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - Los que
pertenecemos a la tercera edad lo recordamos bien.
Éramos adultos cuando el régimen
de Fidel Castro daba sus primeros pasos en el
poder. Nacían los niños, e invariablemente
se nombraban Fidel o Alejandro, su nombre de guerra;
Raúl, como su hermano menor. También
Camilo o Ernesto, como el Che. Si se trataba de
niñas les ponían de nombre Vilma,
esposa de Raúl; Celia, secretaria personal
de Fidel Castro, o Haydee y Melba, las guerrilleras
de la lucha insurreccional.
Pasó el tiempo y estos nombres hoy se
echan de menos en los recién nacidos. Las
razones son muchas. Eso sí, se mezclaban
con nombres que venían, junto a las latas
de carne rusa y coles rellenas búlgaras,
del desaparecido campo socialista, nada difíciles
de pronunciar, por suerte. Lenin, Karen, Vladimir,
Tania, Natacha, Volodia y hasta Katiuska, como
el lanza cohetes múltiple o las botas de
caucho.
Como era de esperar, las misiones internacionalistas,
llamadas así las guerras a las que el gobierno
cubano enviaba decenas de miles de jóvenes
militares, suministraron al país nombres
que aún resultan bastante raros para la
idiosincrasia del cubano. Nombres africanos, árabes
e indígenas, provenientes de países
latinoamericanos.
Pero lo cierto es (que me perdone el gobernante
cubano) que apenas se escucha que el niño
por nacer llevará algún nombre de
la nomenclatura castrista. La vida es así.
Todo lo cambia. Todo pasa. Como dijo el sabio
Solón: "En todo tened presente el
fin".
A partir de los años setenta proliferaron,
de forma inexplicable y hasta lo inverosímil,
los nombres inventados o los tradicionales puestos
al revés. Estos últimos, pienso
yo, podrían simbolizar brotes de rebeldía.
Fácilmente nos encontramos con personas
que se llaman Oiluj, Anele, Otsenre y hasta Ledif
y Luar.
Como el cubano no ha podido inventar su propia
maquinaria para trabajar por cuenta propia, al
menos ha inventado los nombres de su prole. De
forma discreta, la prensa oficialista tocó
el tema en junio del pasado año, cuando
el diario Juventud Rebelde señaló
que de los 44 boxeadores que participaron en el
campeonato "Playa Girón", quince
tenían nombres que comienzan con Y.
Como llevo algún tiempo analizando este
fenómeno, aquí van algunos de esos
nombres que poco a poco he coleccionado: Yurisbán,
Yosmahy, Yulié, Yuley, Yulieski, Yudania,
Yudenia, Yasminda, Yosmay, Yohania, Yasemí,
Yusimín, Yuneides, Yanelis. Yanisbel, Yumislady,
Yanisladay, Yaismely, Yoanna.
También la prensa extranjera no se quedó
atrás en reflejar este curioso acontecer
del cubano, y la agencia EFE destacó hace
un año que muchos peloteros cubanos tienen
nombres fuera de lo común: Andel, Asniel,
Damichel, Danel, Dicel, Duniel, Edisbel, Enobel,
Eriel, Idel, Laidel, Leovel, Lisnel, Loidel, Maicel,
Onel, Osbiel, Osnel, Raidel, Roidel, Saidel y
Salatiel.
Y cita la agencia extranjera, como algo raro,
que 38 peloteros cubanos lleven esos nombres,
trece de ellos con Y como Yadel, Yaibel, Yamel,
Yazel, Yoel, Yoisnel, Yokel, Yovel, Yunel, Yusmel,
Yusel y Yusquiel.
Después de la visita del Santo Padre,
ocurrida por suerte en 1998, casi hemos vuelto
a la normalidad. Ya se escuchan para los pequeños
nombres muy familiares de nuestro acervo cultural.
Vuelven a llamarse Juan, José, María,
Pedro
Pero de lo que sí jamás me olvido
es de aquel campesino de la Sierra Maestra que
conocí durante el ciclón Flora,
en 1963. Era un hombre corpulento, bien parecido,
de carácter muy serio y enérgico.
Se llamaba Santoral al Dorso. Luego supe que no
sólo él se llamaba así, sino
que se trataba de un nombre que se repetía
en aquellas montañas del oriente cubano.
|