PRENSA INDEPENDIENTE
Octubre 20, 2004
 

CULTURA
El cariño de Alfredo Rodríguez

Miguel Saludes

LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - Las noches sabatinas han retornado a su cotidiano aburrimiento en los hogares cubanos. El programa que ocupó el espacio estelar del fin de semana, bajo la conducción de Alfredo Rodríguez, dijo adiós al terminar el ciclo veraniego. Fue tanta su popularidad, y la falta de producciones más sustanciosas capaces de sustituirlo que la dirección de programas de la televisión decidió complacer a los televidentes, y alargarlo hasta finalizar septiembre.

Desde hace tres años el cantante explota una dimensión de su trabajo que le confirma como uno de los artistas más carismáticos de la Isla, y cuenta con muchos admiradores que le aprecian por su labor. Incluso aquéllos que no se confiesan tan devotos de sus actuaciones como cantante le reconocen su buen desempeño como animador.

Alfredo Rodríguez lleva una buena cantidad de tiempo en los escenarios del país. Recordamos aquellas primeras apariciones ante la pequeña pantalla en el dominical de las doce del mediodía. Las figuras de Leonor Zamora, Raúl Gómez y Mirtha Medina, eran entonces las que atraían junto a Alfredo la atención del público. Los rostros de casi todos ellos están ausentes hoy. Pero Alfredo sigue apareciendo y la gente no ha dejado de seguirle todos estos años. Muchos de sus admiradores de entonces, ahora en la edad madura, siguen aplaudiéndole fervorosamente. Son las mismas manos que año tras año mientras fue publicada la revista Opina, marcaron en las encuestas su voto a favor de Alfredo para el Girasol de la popularidad. Era el premio que los cubanos otorgaban a los artistas de su preferencia a través de la desaparecida publicación. ¿Cuál ha sido el secreto de este hombre para mantenerse en la preferencia del respetable de una manera tan consistente?

Alfredo Rodríguez no es el cantante cubano por excelencia. Su voz, la cual posee características que lo distinguen, carece de grandes dotes en sus registros. Otros detalles que conspiran en su contra son una gestualidad que puede parecer exagerada y el pobre repertorio que posee en cuanto a números de su creación o compuestos especialmente para él. Pero a pesar de esos inconvenientes, no sólo ha logrado mantener la cifra de los admiradores de siempre, sino que goza de la simpatía de las nuevas generaciones. Todo parece indicar que las cualidades humanas del intérprete le han ayudado a obtener lo que otros sólo consiguen a golpe de éxitos colocados en el gusto de la gente. En muchos de estos casos, cuando pasa la euforia que despertó su preferencia, caen abruptamente en el olvido. Alfredito, como le dicen sus seguidores o fans, no cuenta con discos de oro, pero con su personalidad ha logrado el mejor y más perdurable de los trofeos: el cariño respetuoso de la gente.

Entre las cualidades que le distinguen puede citarse su elegancia. Cuando el buen vestir se tornó algo innecesario, Alfredo aparecía en todas sus presentaciones en traje completo, de cuello y corbata, fuese en el estudio de televisión o en el escenario del teatro. Esto fue apreciado como un sello de su buen gusto impuesto a contracorriente de la vulgaridad que tanto daño nos ha hecho, y también como un gesto respetuoso hacia los asistentes a las funciones. Después hay que señalar la sencillez que desborda en su relación con el auditorio y una estable vida personal que lo muestran cuidadoso de la familia, en un medio donde la estabilidad de ese pilar tan importante se ha convertido en una rareza.

Los programas presentados: "Noche con Alfredo", el del mediodía veraniego del pasado año y esta última producción, han estado marcados por algo que los distingue del resto de la programación. En ellos se ha tenido en cuenta la presentación de personas olvidadas, relegadas o para quienes no ha existido la atención debida. La invitación hecha a una religiosa Hija de la Caridad o a la actriz Ana Margarita Balboa, para que asistieran a uno de los programas realizados en el 2003, despertó la admiración de los televidentes.

En esta edición han reaparecido Héctor Téllez, Miguel Ángel Piña, Héctor Fraga, Los Dada, José Valladares, Manolo Rifat, Eva Rodríguez, Beatriz Márquez, entre tantos. Se dio sentido homenaje a los recientemente desaparecidos; Lino Borges, Xiomara Fernández ("El derecho de nacer") o Raúl Selis. Estuvieron los más ancianos y enfermos: Celina González al pie de la Santa Bárbara que ella asegura compró en el Bon Marché de Reina en 1948, y que desde entonces siempre le ha acompañado. También Rosa Fornés y María de los Ángeles Santana. Miguelina Cobian recordó sus años olímpicos. De lo nuevo hay que destacar una voz que promete mucho: la del niño Arian Castro.

Todos han dicho sus palabras de halago, nostalgia y hasta de reproche. Así ocurrió con la actriz de radio Elvira Cervera, intérprete de novelas como "El hombre que yo maté" y "Esta es tu vida", record Guinnes de duración en el aire obtenido por un dramatizado. Según el testimonio de la invitada, su vida estuvo llena de obstáculos para poder triunfar. Injusticias que provocan los hombres y que consiguen llenar las almas de tristeza y de amargas reflexiones.

La tolerancia sigue siendo una característica, dentro de lo que permite el sistema, en estos programas donde se habla un lenguaje que nos venía resultando extraño, pero no por ello menos necesario. Frases como "Que Dios te bendiga" son prolíficamente dichas por Rodríguez a sus invitados o por algunos de ellos a él. Dos veces la cantante Raquel Hernández interpretó la celestial Ave María de Schubert. "Gracias por llenarnos de tanta paz con ese bello canto dedicado a la Madre de Nuestro Señor Jesús", fueron las palabras del conductor. Por su parte, la cantante le agradeció haberle permitido interpretar en su programa semejante tema, como ella misma expresó.

El trato delicado a través de preguntas correctas, y elementos presentes en el set, como las flores, los girasoles (¿Tienen que ver con religiosidad o con el horóscopo?), las velas encendidas y el incienso, son detalles raros en nuestra programación habitual.
Tal vez por ello la difusión de estos programas ha recibido agudas críticas, y hasta hay quien busca puntos de contacto con los Sábados Gigantes de Televisa y la figura del genial conductor Don Francisco. Olvidan o soslayan esos "críticos" el hecho de que antes de que el exitoso Francisco hubiera puesto su programa en la estelaridad, en nuestra patria existían similares producciones salidas de la prolifera imaginación de Pumarejo. Aseguran los más viejos que el célebre conductor de origen chileno aprendió mucho de aquella escuela cubana.

Quizás Alfredo sea un imitador del programa sabatino de la otra orilla. Pero si es para bien, entonces vale la imitación. La gente sigue llamando para pedir que su aparición refrescante y humanizante se produzcan cada sábado. Por ahora tendremos que esperar al próximo verano. Una conocida, quien es furibunda admiradora de Alfredito, asevera que él es muy inteligente al dejar de salir un tiempo. Por una parte las envidias y por otro las presiones de quienes se niegan a aceptar este tipo de lenguaje en nuestros medios terminarían por arruinar lo mejor que está pasando en nuestras pantallas.

El cantante ha popularizado una forma muy personal de despedirse de su público cuando dice enfáticamente: "¡Los quiero muccho, mucchooo!" Por su parte el pueblo cubano parece responderle agradecido: "Y nosotros también".


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