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CULTURA
El cariño de Alfredo Rodríguez
Miguel Saludes
LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - Las noches
sabatinas han retornado a su cotidiano aburrimiento
en los hogares cubanos. El programa que ocupó
el espacio estelar del fin de semana, bajo la
conducción de Alfredo Rodríguez,
dijo adiós al terminar el ciclo veraniego.
Fue tanta su popularidad, y la falta de producciones
más sustanciosas capaces de sustituirlo
que la dirección de programas de la televisión
decidió complacer a los televidentes, y
alargarlo hasta finalizar septiembre.
Desde hace tres años el cantante explota
una dimensión de su trabajo que le confirma
como uno de los artistas más carismáticos
de la Isla, y cuenta con muchos admiradores que
le aprecian por su labor. Incluso aquéllos
que no se confiesan tan devotos de sus actuaciones
como cantante le reconocen su buen desempeño
como animador.
Alfredo Rodríguez lleva una buena cantidad
de tiempo en los escenarios del país. Recordamos
aquellas primeras apariciones ante la pequeña
pantalla en el dominical de las doce del mediodía.
Las figuras de Leonor Zamora, Raúl Gómez
y Mirtha Medina, eran entonces las que atraían
junto a Alfredo la atención del público.
Los rostros de casi todos ellos están ausentes
hoy. Pero Alfredo sigue apareciendo y la gente
no ha dejado de seguirle todos estos años.
Muchos de sus admiradores de entonces, ahora en
la edad madura, siguen aplaudiéndole fervorosamente.
Son las mismas manos que año tras año
mientras fue publicada la revista Opina, marcaron
en las encuestas su voto a favor de Alfredo para
el Girasol de la popularidad. Era el premio que
los cubanos otorgaban a los artistas de su preferencia
a través de la desaparecida publicación.
¿Cuál ha sido el secreto de este
hombre para mantenerse en la preferencia del respetable
de una manera tan consistente?
Alfredo Rodríguez no es el cantante cubano
por excelencia. Su voz, la cual posee características
que lo distinguen, carece de grandes dotes en
sus registros. Otros detalles que conspiran en
su contra son una gestualidad que puede parecer
exagerada y el pobre repertorio que posee en cuanto
a números de su creación o compuestos
especialmente para él. Pero a pesar de
esos inconvenientes, no sólo ha logrado
mantener la cifra de los admiradores de siempre,
sino que goza de la simpatía de las nuevas
generaciones. Todo parece indicar que las cualidades
humanas del intérprete le han ayudado a
obtener lo que otros sólo consiguen a golpe
de éxitos colocados en el gusto de la gente.
En muchos de estos casos, cuando pasa la euforia
que despertó su preferencia, caen abruptamente
en el olvido. Alfredito, como le dicen sus seguidores
o fans, no cuenta con discos de oro, pero con
su personalidad ha logrado el mejor y más
perdurable de los trofeos: el cariño respetuoso
de la gente.
Entre las cualidades que le distinguen puede
citarse su elegancia. Cuando el buen vestir se
tornó algo innecesario, Alfredo aparecía
en todas sus presentaciones en traje completo,
de cuello y corbata, fuese en el estudio de televisión
o en el escenario del teatro. Esto fue apreciado
como un sello de su buen gusto impuesto a contracorriente
de la vulgaridad que tanto daño nos ha
hecho, y también como un gesto respetuoso
hacia los asistentes a las funciones. Después
hay que señalar la sencillez que desborda
en su relación con el auditorio y una estable
vida personal que lo muestran cuidadoso de la
familia, en un medio donde la estabilidad de ese
pilar tan importante se ha convertido en una rareza.
Los programas presentados: "Noche con Alfredo",
el del mediodía veraniego del pasado año
y esta última producción, han estado
marcados por algo que los distingue del resto
de la programación. En ellos se ha tenido
en cuenta la presentación de personas olvidadas,
relegadas o para quienes no ha existido la atención
debida. La invitación hecha a una religiosa
Hija de la Caridad o a la actriz Ana Margarita
Balboa, para que asistieran a uno de los programas
realizados en el 2003, despertó la admiración
de los televidentes.
En esta edición han reaparecido Héctor
Téllez, Miguel Ángel Piña,
Héctor Fraga, Los Dada, José Valladares,
Manolo Rifat, Eva Rodríguez, Beatriz Márquez,
entre tantos. Se dio sentido homenaje a los recientemente
desaparecidos; Lino Borges, Xiomara Fernández
("El derecho de nacer") o Raúl
Selis. Estuvieron los más ancianos y enfermos:
Celina González al pie de la Santa Bárbara
que ella asegura compró en el Bon Marché
de Reina en 1948, y que desde entonces siempre
le ha acompañado. También Rosa Fornés
y María de los Ángeles Santana.
Miguelina Cobian recordó sus años
olímpicos. De lo nuevo hay que destacar
una voz que promete mucho: la del niño
Arian Castro.
Todos han dicho sus palabras de halago, nostalgia
y hasta de reproche. Así ocurrió
con la actriz de radio Elvira Cervera, intérprete
de novelas como "El hombre que yo maté"
y "Esta es tu vida", record Guinnes
de duración en el aire obtenido por un
dramatizado. Según el testimonio de la
invitada, su vida estuvo llena de obstáculos
para poder triunfar. Injusticias que provocan
los hombres y que consiguen llenar las almas de
tristeza y de amargas reflexiones.
La tolerancia sigue siendo una característica,
dentro de lo que permite el sistema, en estos
programas donde se habla un lenguaje que nos venía
resultando extraño, pero no por ello menos
necesario. Frases como "Que Dios te bendiga"
son prolíficamente dichas por Rodríguez
a sus invitados o por algunos de ellos a él.
Dos veces la cantante Raquel Hernández
interpretó la celestial Ave María
de Schubert. "Gracias por llenarnos de tanta
paz con ese bello canto dedicado a la Madre de
Nuestro Señor Jesús", fueron
las palabras del conductor. Por su parte, la cantante
le agradeció haberle permitido interpretar
en su programa semejante tema, como ella misma
expresó.
El trato delicado a través de preguntas
correctas, y elementos presentes en el set, como
las flores, los girasoles (¿Tienen que
ver con religiosidad o con el horóscopo?),
las velas encendidas y el incienso, son detalles
raros en nuestra programación habitual.
Tal vez por ello la difusión de estos programas
ha recibido agudas críticas, y hasta hay
quien busca puntos de contacto con los Sábados
Gigantes de Televisa y la figura del genial conductor
Don Francisco. Olvidan o soslayan esos "críticos"
el hecho de que antes de que el exitoso Francisco
hubiera puesto su programa en la estelaridad,
en nuestra patria existían similares producciones
salidas de la prolifera imaginación de
Pumarejo. Aseguran los más viejos que el
célebre conductor de origen chileno aprendió
mucho de aquella escuela cubana.
Quizás Alfredo sea un imitador del programa
sabatino de la otra orilla. Pero si es para bien,
entonces vale la imitación. La gente sigue
llamando para pedir que su aparición refrescante
y humanizante se produzcan cada sábado.
Por ahora tendremos que esperar al próximo
verano. Una conocida, quien es furibunda admiradora
de Alfredito, asevera que él es muy inteligente
al dejar de salir un tiempo. Por una parte las
envidias y por otro las presiones de quienes se
niegan a aceptar este tipo de lenguaje en nuestros
medios terminarían por arruinar lo mejor
que está pasando en nuestras pantallas.
El cantante ha popularizado una forma muy personal
de despedirse de su público cuando dice
enfáticamente: "¡Los quiero
muccho, mucchooo!" Por su parte el pueblo
cubano parece responderle agradecido: "Y
nosotros también".
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