PRENSA INDEPENDIENTE
Octubre 15, 2004
 

EDUCACION
Un relato verídico

Tania Díaz Castro

LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - La Escuela en el Campo es un sistema que comenzó hace 33 años por iniciativa del gobernante cubano Fidel Castro. Consiste en combinar los estudios con la tareas agrícolas y contribuye a cubrir parte de los gastos en que incurre la escuela, a pesar de que el régimen afirma que la enseñanza es gratuita. Pero, ¿se trata de un sistema que aceptan de buen grado estudiantes y padres?

Lo que a continuación relato lo escuché de labios de un niño que conozco desde que nació hace quince años. Un niño fuera de serie. Habla en voz baja, tiene modales elegantes y jamás le he escuchado decir una palabrota. En ocasiones le presto revistas especializadas, sobre todo de astronomía, su tema favorito.

Mi pequeño amigo comenzó el nuevo curso escolar en el pre-universitario en el campo "República de Guyana", situado a ocho kilómetros del pueblo Güira de Melena, en la provincia Habana.

La escuela, me explica mi amigo, fue construida en los años setenta por el sistema de pre-fabricado sobre columnas. En ella estudian quinientos niños, hembras y varones. Treinta en cada aula (a pesar de que deben ser veinte), y 63 en cada dormitorio.

Para llegar a este intricado lugar los padres deben "cazar" un riquimbili, una especie de bicicleta con motor a la que se le adiciona una estructura con el fin de llevar tres o cuatro pasajeros, único transporte particular de esa región capaz de atravesar malos y angostos caminos.

Acostumbrado a vivir con higiene en su hogar, mi amigo me cuenta que en su escuela todo marcha mal. Las literas o camas están rotas, ya que las cabillas con que fueron hechas se han desprendido en muchas de sus partes. Las colchonetas malolientes. Las duchas no funcionan. Para bañarse, los niños deben subir cubos de agua desde la planta baja. Tampoco tienen puertas los baños, ni siquiera los de las niñas. También las tazas o inodoros están partidas. Y lo que es peor, el agua que beben es salobre.

"Mi escuela no parece una escuela", expresa preocupado.

Me hace saber que aceptó el pre en el campo porque no tuvo otra opción. Sólo así, al cabo de tres años, podría matricular una carrera universitaria. Sin embargo, sus padres dudan de que aguante todo ese tiempo en un lugar como ése. Y continúa su relato.

La escuela carece de instalaciones deportivas. En lo que se supone que son áreas de recreo se crían cerdos, y en los bajos del edificio se estacan las aguas albañales. Como no se fumiga regularmente, los enjambres de mosquitos y jejenes no dejan dormir. Quizás por eso los maestros y casi todos los adolescentes, colocan sus camas en los pasillos, donde instalan sus propios ventiladores. Si no hay apagón, claro está.

Por la mañana bien temprano salen los niños hacia el surco, a desyerbar cultivos de boniato y otras plantaciones. Muchas veces sólo desayunan un jarrito de agua al tiempo con azúcar y un pedazo de pan.

"Como los presos", dice mi amigo, mientras me enseña las altas calificaciones que obtuvo en la secundaria habanera del barrio Ayestarán, donde vive con sus padres.

Al regreso, después de ingerir un almuerzo escaso y nada nutritivo, se dirigen a las aulas a recibir las clases del día. Cansados, muchos cabecean lelos, con más deseos de echarse de nuevo en sus camastros que de atender al maestro.

El ambiente de la escuela desagrada a mi amigo, educado por padres católicos que han sabido cuidar su matrimonio a través de largos años. Él piensa que hacer el coito a escondidas y a las locas no es bueno en edades tan tempranas, y tiene razón. Pero, ¿acaso las becas en el campo no brindan la posibilidad de este descontrol sexual?

El director de la escuela, Osniel Espinosa, no está de acuerdo con que los padres visiten este centro educacional porque, según él, interrumpen las actividades. ¿No será que está evitando que vean con sus propios ojos en qué condiciones se encuentra la escuela?

Al frente del edificio una valla publicitaria señala una frase de José Martí: "Los hombres deben estar allí donde se es más útil". Pero, ¿no se trata de una escuela donde sólo estudian niños?

Mi pequeño amigo no se marchó de mi casa sin decirme que se le olvidaba algo importante.

"¿Hay más?", pregunto sorprendida.

"Sí", responde muy serio y de pie ante mí. "Aunque repita a diario en el matutino 'Seremos como el Che', prefiero ser yo mismo. Yo mismo".

Nota: Se ha omitido el nombre de este alumno para evitar represalias contra sus padres.


Esta información ha sido transmitida por teléfono, ya que el gobierno de Cuba controla el acceso a Internet.
CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente
.

IMPRIMIR



PERIODISTAS EN PRISION

PRENSAS
Independiente
Internacional
Gubernamental
IDIOMAS
Inglés
Francés
Español
SOCIEDAD CIVIL
Cooperativas Agrícolas
Movimiento Sindical
Bibliotecas
DEL LECTOR
Cartas
Opinión
BUSQUEDAS
Archivos
Documentos
Enlaces
CULTURA
Artes Plásticas
El Niño del Pífano
Octavillas sobre La Habana
Fotos de Cuba
CUBANET
Semanario
Quiénes Somos
Informe Anual
Correo Eléctronico

DONACIONES

In Association with Amazon.com
Busque:


CUBANET
145 Madeira Ave, Suite 207
Coral Gables, FL 33134
(305) 774-1887

CONTACTOS
Periodistas
Editores
Webmaster