|
HISTORIA
Recordando de nuevo a Hitler
Tania Díaz Castro
LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - En el
año 1923 del siglo pasado, Adolfo Hitler
trató de tomar el poder por la violencia
en Munich. Luego de su fracaso fue detenido y
llevado a juicio donde exclamó: "No
serán ustedes, caballeros, quienes nos
juzguen. Ustedes nos pueden declarar culpables
mil veces, pero la diosa del tribunal eterno de
la Historia sonreirá y hará añicos
la acusación del fiscal y la sentencia
de esta corte. Porque ella nos absuelve".
HItler fue a prisión, condenado a cinco
años, de los cuales sólo cumplió
nueve meses. Su bandera tenía dos colores:
el rojo de la sangre y el negro de la muerte.
Sin dejar de usar jamás su vestimenta
militar, alcanzó el poder en 1933. Asumió
los cargos políticos más importantes
de Alemania y creó una temible estructura
represiva que controlaba a la sociedad en todas
sus manifestaciones. Reprimió cualquier
expresión de descontento por muy insignificante
que fuera, e identificó el nacionalsocialismo
con Alemania.
Durante varios años, gente de pueblo,
intelectuales y científicos creyeron que
Hitler era una suerte de enviado que cambiaría
el rumbo de la humanidad. Algunos piensan aún
que poseía poderes de mago, nacido precisamente
en un pueblo austriaco conocido tradicionalmente
como un centro de médiums y videntes.
Hitler repitió sus consignas para que
penetraran en la mente de los hombres. Sobre esto,
expresó: "Hay una determinada cantidad
de paredes en el cerebro. Si las llenas de consignas
e ideas la oposición no tiene lugar donde
poner un cuadro o fotografía, porque el
apartamento del cerebro está abarrotado
con nuestro mobiliario".
Hitler presumía de conocer la secreta
naturaleza de las masas al decir que "la
psiquis de las mismas no responde a nada que sea
débil o mediocre, por lo tanto prefiere
al dominante". Como creía en sí
mismo, en su fe, en el poder de su oratoria, se
convirtió en el orador más extraordinario
de su tiempo, y quienes lo conocieron aseguraban
que crecía de tamaño cuando hablaba
a las multitudes compuestas por millones de alemanes
fanáticos.
Se convenció a sí mismo de su fe,
porque según dijo: "Ochenta millones
de alemanes no pueden estar equivocados".
Sus discursos se centraban en la defensa e identidad
de Alemania, en destruir el imperio marxista y
su divisa: no admitir jamás un error, no
reconocer nada bueno del enemigo, no dejar sitio
a las alternativas, concentrarse en un enemigo
y culparlo de todo lo que le salía mal.
El resultado del nazismo no debe olvidarse: estableció
una dictadura de partido único, censura
y represión de las libertades civiles basada
en el culto al jefe, a la obediencia al Estado.
Pero la Historia no es otra cosa que la eterna
lucha del Bien contra el Mal. Durante el régimen
hitleriano murieron decenas de millones de personas.
Derrotado, el 30 de abril de 1945, fecha en que
se celebra en Alemania "La noche de las brujas",
se suicidó Adolf Hitler junto a su amante
y sus perros. Creyó que había nacido
para cumplir una misión y no pudo lograrlo.
Lo último que expresó fue que si
él tenía que morir, el pueblo alemán
no debía sobrevivirle. Tampoco su Estado
duró mil años, como pronosticó.
El Bien derrotaba al Mal.
|