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POLITICA
Una crónica en vez de un disparo
Tania Díaz Castro
LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - En ocasiones,
algunos voceros del periodismo oficialista cubano
me dejan perpleja. Sobre todo la simpática
Juanita Carrasco y Martín, quien hace poco
arremetió contra cierto juego de vídeo
de Estados Unidos, a pesar de que nuestro tejado
era de vidrio, y al romperse desapareció
para siempre.
Mi colega Juanita censura dicho juego calificándolo
de instrumento de reclutamiento militar, que permite
que miles de personas combatan entre ellas en
Internet.
El juego en cuestión se nombra America´s
Army y fue creado por el teniente coronel Casey
Wardynski, profesor de Economía Militar
de West Point.
Según Juanita, el juego es esencialmente
nocivo. Quizás pudo verlo porque ella,
como periodista oficial, tiene acceso a Internet,
privilegio que se nos prohíbe a nosotros,
los de la prensa independiente.
Pero bien, todo parece indicar que mi colega
Carrasco es pacifista, igual que yo, o tal vez
ahora le ha dado por eso.
Por ejemplo, a finales de los años sesenta,
en pleno auge de las misiones internacionalistas
cubanas, en una entrevista que me hicieron en
el Instituto Cubano de Radio y Televisión
(ICRT), donde yo aspiraba a una plaza de escritora
de guiones, me preguntaron qué opinaba
sobre el "internacionalismo proletario".
De inmediato dije que yo estaba contra la guerra.
Mi entrevistador puso mirada de loco. La entrevista
continuó, y por supuesto, en aquella ocasión
no obtuve la plaza.
Pasó el tiempo y ya todo se sabe. Esta
islita del Caribe que es Cuba, prácticamente
subpoblada de acuerdo a la extensión de
su territorio, subdesarrollada económicamente
y muerta de hambre durante 45 años de castrismo,
ha participado, de acuerdo a parámetros
políticos del régimen en tantas
guerras ajenas, que relacionar los países
me tomaría aquí demasiado espacio.
Solamente en Angola, la más prolongada
de todas estas aventuras, participaron medio millón
de hombres y cayeron dos mil en combates, accidentes
y enfermedades, sin contar las víctimas
de Etiopía, Venezuela, Bolivia, Panamá,
Colombia, Congo, El Salvador, Nicaragua, Puerto
Rico, y hasta, por qué no, las de Miami
y otros.
Sin embargo, mi colega, bien informada durante
sus largos años como periodista de alto
nivel, ahora sale con una croniquilla criticando
un juego de vídeo norteamericano, olvidando
que vive en un país dirigido por militares,
con una organización estatal que espía
a nivel de cuadra (los Comités de Defensa
de la Revolución), con un régimen
que a punta de pistola no permite oposición
por muy pacífica que ésta sea, y
mucho menos periodismo libre como el que yo hago
cada semana a riesgo de caer de cabeza en una
celda tapiada.
Pero, ¡alabado sea Dios!, mi colega, también
periodista de la Mesa Cuadrada (perdón,
Redonda) de la televisión cubana, donde
mi otro colega, Don Taladrid, no se atreve a decir
"saque usted sus propias conclusiones",
mi colega Juanita, repito, dice: "Como en
Estados Unidos también hay personas cuerdas,
esto preocupa", haciendo referencia a cierto
profesor de Harvard, quien califica el juego de
vídeo como potencialidad para la violencia.
No, mi querida colega, esta vez usted equivocó
los nombres. Es en Cuba donde siempre se ha tratado
de abrir la imaginación bélica de
la muchachada cubana, como si no fuera poca la
violencia bélica que reciben a través
de kilométricos discursos e historias verdaderas
de misiones de guerras ya nada secretas, porque
han dejado un triste saldo de víctimas
mortales y mutilados, cuyos familiares, tanto
usted como yo, lamentablemente conocemos. Hay
revoluciones que matan.
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