PRENSA INDEPENDIENTE
Noviembre 24 , 2004
 

SOCIEDAD
Hablemos de velas

Reinaldo Cosano Alén

LA HABANA, noviembre (www.cubanet.org) - Hachas encendidas, teas, hogueras, mechones, y hasta el ingenioso encierro de cocuyos vivos en güiras, como lo hicieron los indígenas cubanos, están en la larga lista de medios que la humanidad ha empleado para protegerse del frío, del ataque de fieras, en la cocción de alimentos y para alumbrarse.

Si algo está bien claro es que el hombre, desde su aparición, no gustó de andar a ciegas. A ciegas en el sentido real de luz y también en el intelectual, por lo que daba explicación, aunque fuera mágica, a los fenómenos circundantes.

Pienso que a nuestros lejanos ancestros debió aterrorizarlos la llegada de la noche; peor aún, la ocurrencia de eclipses de luna y de sol.

Salvando la distancia de milenios hay que decir que al cubano actual tampoco le gusta andar a ciegas. Por eso, en busca de la luz de conocimientos vedados se ha hecho experto copiando y adaptando antenas parabólicas de confección casera para captar señales de televisión allende los mares, o con la proliferación de "bancos de filmes" de vídeo, perseguidos por la censura oficial y la policía, que se ve imposibilitada de acabarlos.

La otra luz real, física, tangible, forma parte de las vicisitudes que las generaciones actuales afrontan con los molestos apagones, si bien han disminuido en las últimas semanas.

La vela vuelve a estar de moda en Cuba. La moda la han traído los prolongados y mortificantes apagones. Ni sombra de vela podía verse en las décadas de 1970-1980. Ni siquiera las muy pequeñitas puestas sobre los cakes de cumpleaños infantiles. Pero si alguna torta era iluminada por las clásicas velitas, era mucho el cuchicheo entre comadres tratando de averiguar la vía secreta por la que las habían obtenido; casi siempre por algún familiar o amigo, por petición expresa, de Estados Unidos o España, los dos principales polos de inmigrantes cubanos.

Tras el coro de Happy Birthday to you! o el nacionalizado españolizado ¡Felicidades amiguito en tu día!, el pequeño príncipe -o princesa- homenajeado soplaba y apagaba las velitas -azules, si niño; rosadas, si niña-, y los niños que alcanzaban velitas, golosos paladeaban el merengue adherido, pero rápido, porque mamá, presurosa, casi atropellando y contra cualquier otra intención, las recogía y guardaba. "Para el cumpleaños del año que viene", decía con punzante justificación.

No todos los cumpleaños podían disponer entonces de velas. Después sí, con la apertura de las tiendas dolarizadas. Pero lo que parece muy raro, demasiado raro, es que el cubano, siempre tan ingenioso cuando se ve apremiado por imperiosas necesidades, no haya "inventando" -de nuevo- las velitas de cumpleaños.

Sí, raro es porque llegó a "inventar"el huevo frito con agua, en vez de aceite; el bisté de hollejo de toronja; el trepidante monstruo como medio de transporte popularmente bautizado "camello", y capaz el cubano de inventar cualquier medio para escapar del país, incluido una camioneta anfibia. Y sin embargo, no llegó a inventar las velitas del cake. A lo mejor porque eran escasas las celebraciones, porque más difícil era conseguir la harina de trigo y los seis huevos empleados en cada torta. Y si pocas eran las fiestas infantiles, es lógico que hubiera poca demanda de velitas.

Entonces, a veces, hasta las velas para iglesias tenían que ser traídas del exterior, medio escondidas en el equipaje.

Hasta los pobres difuntos se han fastidiado con el embargo ¿de Estados Unidos? por esa escasez, y seguro con mucho disgusto, han tenido que realizar el tránsito al otro mundo sin siquiera una vela que les alumbre tan oscuro camino.

Época en que médiums y otros espiritistas vieron menguada su credibilidad profesional. No es lo mismo solicitar la presencia de espíritus sólo con una bola de cristal y una copa de agua clara, pero sin una sola vela.

Fue la época también en que surgió para quedarse la expresión popular: "¡No lo vas a encontrar ni en los centros espirituales!", cuando el artículo buscado no aparecía por ninguna parte.


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