PRENSA INDEPENDIENTE
Noviembre 18, 2004
 

SOCIEDAD
Violencia contra animales

Reinaldo Cosano Alén

LA HABANA, noviembre (www.cubanet.org) - El cementerio Cristóbal Colón de La Habana, Monumento Nacional por sus valores históricos y magnificencia de sus obras artísticas, especialmente arquitectónicas y escultóricas, posee una hermosa y sobria tumba con la singular escultura yacente de una piadosa mujer con un perro, también yacente, echado a sus pies. Esta imagen resulta uno de los principales atractivos del camposanto habanero. La inscripción sobre la losa los identifica:

Mrs. Jeannet Ruder R.
Fundadora del Bando de Piedad de Cuba

Al lado del perro, también esculpido en mármol, se lee:

Fiel hasta después de la muerte. Rinti.

Un tercer mensaje sobre el mármol anuncia:

Erigido por suscripción popular, y a iniciativa de la Institución que ella creó. MCMXLIV

Viejos sepultureros y otros ancianos conocedores de la historia cuentan que el perro Rinti, en demostración de infinito amor y fidelidad por su dueña no sólo la acompañó en los funerales hasta la necrópolis, sino que nunca más se apartó de la tumba. Personas bondadosas lo alimentaron y cuidaron hasta que allí murió. Por eso la inscripción: Fiel hasta después de la muerte.

Muy lejos de esta conmovedora historia de amor y fidelidad, incluida la caritativa fundación del Bando de Piedad de Ruder, encargada de la protección de animales, y desaparecida tras la debacle social de 1959, aparece hoy, desenfrenada, cruel, apabullando, la violencia contra los animales.

Crueldad mayúscula, aparentemente la más "inocente", es el abandono de perros y gatos por sus dueños. Alegan soltarlos por falta de alimentos, o por viejos o enfermos, o por deshacerse de sus crías. Buenos argumentos, pero total falta de humanidad.

Datos oficiales indican la existencia, sólo en la capital, de no menos de 20 mil canes deambulando. De gatos, escurridizos por los tejados, no hay cifras, pero se sabe que es también muy elevada.

Los animales vagabundos constituyen un serio problema de salud pública, como potenciales vectores de peligrosas enfermedades.

Según la oficialista Asociación Cubana para la Protección y Bienestar Animal y de Plantas (ANIPLANT), de 206 llamadas recibidas el año pasado, el 65 por ciento fue de dueños renunciando a sus animales afectivos.

El número de mascotas abandonadas debe de ser mucho mayor, teniendo en cuenta aquellos dueños que ni siquiera conocen la existencia de ANIPLANT y el auxilio que puede prestarles esa institución benéfica.

Los animales sueltos no son sólo un problema sanitario, ya que los mismos agreden a las personas y perjudican el ornato y limpieza de la ciudad. Penosa impresión, además, para sus habitantes y visitantes.

Aunque criticado por muchos, y considerado muy conveniente por otros, el servicio de zoonosis, con su recogida de perros callejeros para la recepción o sacrificio ha desaparecido casi por completo, aduciendo el Ministerio de Salud Pública falta de recursos.

Por otro lado, según declaración de ANIPLANT, sólo ha podido esterilizar alrededor de 500 gatos y perros, cuando el estimado es de varios miles; aunque la población, por su cuenta, puede acudir al veterinario para esa urgencia.

La crueldad contra los animales tiene muchos matices. Uno de éstos es la indiferencia oficial o la institucionalización de la crueldad, concediendo licencia de autorización comercial para el empleo de chivos para mover carretones para el disfrute de la grey infantil, con interés pecuniario, como ocurre en la plaza "Fe del Valle", en San Rafael y Galiano, en pleno corazón de la capital, o en cualquier barrio o pueblo de la Isla.

Cierto que los niños están siempre contentos por el paseo, y contentos los padres, aunque soltando peso tras peso por cada vuelta en el coche con chivo. Pero, ¿dónde queda la enseñanza de protección animal y de la naturaleza toda?

Con absoluta indolencia de autoridades y ciudadanos, un conductor de bicitaxi se mueve por las calles de la Habana Vieja y Centro Habana con un perrito en equilibro puesto en el timón del vehículo, expuesto, además, al candente sol del trópico y otras inclemencias atmosféricas, y en constante peligro de caer y accidentarse. Para colmo, ataviado el pequeño can con anchos espejuelos y sombrero, para mayor "atractivo" de los pasajeros. ¿Qué pensaría el taxista si todo ocurriera al revés?

El obligatorio marcaje de animales ordenado y ejecutado por el Ministerio de la Agricultura -que antes hemos denunciado-, y cuya práctica continúa, se ha convertido en escándalo y constituye una de las críticas más agudas de campesinos y ganaderos que aman sus animales.

Las reses, y en general todo el ganado son marcados con hierros al rojo vivo, cual si fuera la matrícula de un auto, y aún con más letras y números. Por infección muchas reses enferman tras las marcas, y hasta mueren. Si están paridas se les suspende la secreción de leche.

Signado por el relajamiento de las costumbres ciudadanas, las normas de convivencia social y los decreto-leyes vigentes han aumentado de manera alarmante la cohabitación permanente de perros, gatos, cotorras, gallinas y hasta cerdos -estos últimos criados como suplementos alimentarios- en casas, edificios multifamiliares y ciudadelas urbanas, sin disponer siempre de las mejores condiciones de higiene y bienestar. Pero, sobre todo, como permanente agresión medio ambiental, perturbando a propios y vecinos, y contraviniendo las normas establecidas de convivencia, y sin que tampoco se pronuncie ANIPLANT.

Hace algún tiempo, un diario oficial criticó las agresiones de que son objetos los animales del parque zoológico de la avenida 19, en la capital. Oprime el corazón las fotos mostradas de animales tuertos, cojos, mancos, por impacto de pedradas y otros proyectiles contundentes. ¿Dónde está la vigilancia de los zoológicos? Pero sobre todo, ¿a dónde han ido a parar las buenas formas de nuestro pueblo, si bien no caben términos absolutos? Pero es rampante la falta de educación ambientalista. Los parques zoológicos, se sabe, lo mismo que los parque botánicos, deben ser sagrarios ecológicos y recreativos, didácticos y contemplativos.

Las peleas de perros -no podemos pasarlas por alto- resultan la expresión extrema de crueldad contra los animales, entrenados especialmente para esos fines. Los combates de perros resultan espectáculos terribles, espeluznantes, morbosos para quienes los disfrutan. Denota hasta qué punto puede llegar la barbarie en algunos ¿humanos?

Walfrido López, médico veterinario, miembro de ANIPLANT, con todo acierto califica esas lides: "Distracción morbosa es pelear perros, o ver las peleas. Disfrute de gente que aún no encuentra el camino de la vida feliz, plena. Entretenimiento exclusivo de los hombres. Para los asistentes al combate de un Bullterrier de Standfordshire contra un Rotteweiler, la adrenalina, como estimulada por una droga, corre de mano en mano como un abre puertas para recibir una mayor carga emocional. Locura".

El desenfreno morboso llega a tal punto de degradación que esas peleas hasta se filman para su posterior "disfrute", y como material didáctico.

No todo tiene lentes tan sombríos, porque Holguín, la ciudad de los parques, dio aprobación al proyecto de lo que será el jardín zoológico-botánico, que se establecerá en el valle de Mayabe; el Zoológico Nacional del Parque Lenin ha sido remozado y comienzan a aparecer huertos escolares en mayor número de escuelas. Pero la preocupación más lacerante es que, al parecer, es de mayor magnitud lo que se daña que lo que se crea, aunque el peor daño está en las mentes de mucha gente.


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