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SOCIEDAD
Violencia contra animales
Reinaldo Cosano Alén
LA HABANA, noviembre (www.cubanet.org) - El cementerio
Cristóbal Colón de La Habana, Monumento
Nacional por sus valores históricos y magnificencia
de sus obras artísticas, especialmente
arquitectónicas y escultóricas,
posee una hermosa y sobria tumba con la singular
escultura yacente de una piadosa mujer con un
perro, también yacente, echado a sus pies.
Esta imagen resulta uno de los principales atractivos
del camposanto habanero. La inscripción
sobre la losa los identifica:
Mrs. Jeannet Ruder R.
Fundadora del Bando de Piedad de Cuba
Al lado del perro, también esculpido en
mármol, se lee:
Fiel hasta después de la muerte. Rinti.
Un tercer mensaje sobre el mármol anuncia:
Erigido por suscripción popular, y a iniciativa
de la Institución que ella creó.
MCMXLIV
Viejos sepultureros y otros ancianos conocedores
de la historia cuentan que el perro Rinti, en
demostración de infinito amor y fidelidad
por su dueña no sólo la acompañó
en los funerales hasta la necrópolis, sino
que nunca más se apartó de la tumba.
Personas bondadosas lo alimentaron y cuidaron
hasta que allí murió. Por eso la
inscripción: Fiel hasta después
de la muerte.
Muy lejos de esta conmovedora historia de amor
y fidelidad, incluida la caritativa fundación
del Bando de Piedad de Ruder, encargada de la
protección de animales, y desaparecida
tras la debacle social de 1959, aparece hoy, desenfrenada,
cruel, apabullando, la violencia contra los animales.
Crueldad mayúscula, aparentemente la más
"inocente", es el abandono de perros
y gatos por sus dueños. Alegan soltarlos
por falta de alimentos, o por viejos o enfermos,
o por deshacerse de sus crías. Buenos argumentos,
pero total falta de humanidad.
Datos oficiales indican la existencia, sólo
en la capital, de no menos de 20 mil canes deambulando.
De gatos, escurridizos por los tejados, no hay
cifras, pero se sabe que es también muy
elevada.
Los animales vagabundos constituyen un serio
problema de salud pública, como potenciales
vectores de peligrosas enfermedades.
Según la oficialista Asociación
Cubana para la Protección y Bienestar Animal
y de Plantas (ANIPLANT), de 206 llamadas recibidas
el año pasado, el 65 por ciento fue de
dueños renunciando a sus animales afectivos.
El número de mascotas abandonadas debe
de ser mucho mayor, teniendo en cuenta aquellos
dueños que ni siquiera conocen la existencia
de ANIPLANT y el auxilio que puede prestarles
esa institución benéfica.
Los animales sueltos no son sólo un problema
sanitario, ya que los mismos agreden a las personas
y perjudican el ornato y limpieza de la ciudad.
Penosa impresión, además, para sus
habitantes y visitantes.
Aunque criticado por muchos, y considerado muy
conveniente por otros, el servicio de zoonosis,
con su recogida de perros callejeros para la recepción
o sacrificio ha desaparecido casi por completo,
aduciendo el Ministerio de Salud Pública
falta de recursos.
Por otro lado, según declaración
de ANIPLANT, sólo ha podido esterilizar
alrededor de 500 gatos y perros, cuando el estimado
es de varios miles; aunque la población,
por su cuenta, puede acudir al veterinario para
esa urgencia.
La crueldad contra los animales tiene muchos
matices. Uno de éstos es la indiferencia
oficial o la institucionalización de la
crueldad, concediendo licencia de autorización
comercial para el empleo de chivos para mover
carretones para el disfrute de la grey infantil,
con interés pecuniario, como ocurre en
la plaza "Fe del Valle", en San Rafael
y Galiano, en pleno corazón de la capital,
o en cualquier barrio o pueblo de la Isla.
Cierto que los niños están siempre
contentos por el paseo, y contentos los padres,
aunque soltando peso tras peso por cada vuelta
en el coche con chivo. Pero, ¿dónde
queda la enseñanza de protección
animal y de la naturaleza toda?
Con absoluta indolencia de autoridades y ciudadanos,
un conductor de bicitaxi se mueve por las calles
de la Habana Vieja y Centro Habana con un perrito
en equilibro puesto en el timón del vehículo,
expuesto, además, al candente sol del trópico
y otras inclemencias atmosféricas, y en
constante peligro de caer y accidentarse. Para
colmo, ataviado el pequeño can con anchos
espejuelos y sombrero, para mayor "atractivo"
de los pasajeros. ¿Qué pensaría
el taxista si todo ocurriera al revés?
El obligatorio marcaje de animales ordenado y
ejecutado por el Ministerio de la Agricultura
-que antes hemos denunciado-, y cuya práctica
continúa, se ha convertido en escándalo
y constituye una de las críticas más
agudas de campesinos y ganaderos que aman sus
animales.
Las reses, y en general todo el ganado son marcados
con hierros al rojo vivo, cual si fuera la matrícula
de un auto, y aún con más letras
y números. Por infección muchas
reses enferman tras las marcas, y hasta mueren.
Si están paridas se les suspende la secreción
de leche.
Signado por el relajamiento de las costumbres
ciudadanas, las normas de convivencia social y
los decreto-leyes vigentes han aumentado de manera
alarmante la cohabitación permanente de
perros, gatos, cotorras, gallinas y hasta cerdos
-estos últimos criados como suplementos
alimentarios- en casas, edificios multifamiliares
y ciudadelas urbanas, sin disponer siempre de
las mejores condiciones de higiene y bienestar.
Pero, sobre todo, como permanente agresión
medio ambiental, perturbando a propios y vecinos,
y contraviniendo las normas establecidas de convivencia,
y sin que tampoco se pronuncie ANIPLANT.
Hace algún tiempo, un diario oficial criticó
las agresiones de que son objetos los animales
del parque zoológico de la avenida 19,
en la capital. Oprime el corazón las fotos
mostradas de animales tuertos, cojos, mancos,
por impacto de pedradas y otros proyectiles contundentes.
¿Dónde está la vigilancia
de los zoológicos? Pero sobre todo, ¿a
dónde han ido a parar las buenas formas
de nuestro pueblo, si bien no caben términos
absolutos? Pero es rampante la falta de educación
ambientalista. Los parques zoológicos,
se sabe, lo mismo que los parque botánicos,
deben ser sagrarios ecológicos y recreativos,
didácticos y contemplativos.
Las peleas de perros -no podemos pasarlas por
alto- resultan la expresión extrema de
crueldad contra los animales, entrenados especialmente
para esos fines. Los combates de perros resultan
espectáculos terribles, espeluznantes,
morbosos para quienes los disfrutan. Denota hasta
qué punto puede llegar la barbarie en algunos
¿humanos?
Walfrido López, médico veterinario,
miembro de ANIPLANT, con todo acierto califica
esas lides: "Distracción morbosa es
pelear perros, o ver las peleas. Disfrute de gente
que aún no encuentra el camino de la vida
feliz, plena. Entretenimiento exclusivo de los
hombres. Para los asistentes al combate de un
Bullterrier de Standfordshire contra un Rotteweiler,
la adrenalina, como estimulada por una droga,
corre de mano en mano como un abre puertas para
recibir una mayor carga emocional. Locura".
El desenfreno morboso llega a tal punto de degradación
que esas peleas hasta se filman para su posterior
"disfrute", y como material didáctico.
No todo tiene lentes tan sombríos, porque
Holguín, la ciudad de los parques, dio
aprobación al proyecto de lo que será
el jardín zoológico-botánico,
que se establecerá en el valle de Mayabe;
el Zoológico Nacional del Parque Lenin
ha sido remozado y comienzan a aparecer huertos
escolares en mayor número de escuelas.
Pero la preocupación más lacerante
es que, al parecer, es de mayor magnitud lo que
se daña que lo que se crea, aunque el peor
daño está en las mentes de mucha
gente.
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