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SOCIEDAD
Teatro
Marvin Hernández Monzón, Cuba
Press
CIENFUEGOS, noviembre (www.cubanet.org) - Cuba
es una suerte de teatro donde los habitantes somos,
a la vez, artistas y espectadores guiados por
un director omnímodo, aupado por una tropa
que distribuye y controla el libreto de la temporada.
Recientemente comenzó la trama para inutilizar
el dólar estadounidense en manos del pueblo
cubano, a quien grava con un 10 por ciento cada
dólar que utilice para pagar bienes o servicios
en dependencias del Estado, que aquí son
todas, excepto el mercado informal o bolsa negra.
Con la resolución No. 80 de 2004, fechada
el 23 de octubre, el dólar pasó,
en un santiamén, a manos del gobierno.
"Con esta medida el Banco Central de Cuba
asume el control de los recursos monetarios que
circulan en el país, y con ello adquiere
una mayor capacidad para articular una política
monetaria más eficiente, dirigida a garantizar
la estabilidad de nuestra moneda", dijo René
Lazo, vicepresidente del Banco Central de Cuba
al semanario Trabajadores del 8 de noviembre.
Estas declaraciones contrastan con lo dicho por
Fidel Castro el 25 de octubre al anunciar la resolución:
"Reitero que ésta no es una acción
que tiene un fin de recaudar divisas, sino que
es una respuesta a una amenaza del gobierno de
Estados Unidos" (diario Juventud Rebelde).
Antes de la disposición contra el dólar,
era muy común que las personas rechazaran
el vuelto en pesos convertibles o chavitos, tras
pagar en dólares. También en operaciones
de fraccionamiento de billetes o de adquisición
de una parte de este en moneda nacional.
Existen, además, quienes poseen una cantidad
apreciable de dólares norteamericanos,
es decir, varios miles, y han decidido mantenerse
al margen de la resolución. Incluso plantean
que prefieren perder el 10 por ciento cuando tengan
que utilizar algunos de esos billetes que ponerlos
en el banco, que es entregarlos al gobierno, o
cambiarlos por papel inservible, como llaman al
denominado peso cubano convertible.
Estos hechos contradicen la propaganda gubernamental
de que la población ha manifestado confianza
en la moneda nacional.
¿A dónde van a ir los cubanos con
los dólares -siempre escasos- con los que
sobreviven en esta isla-prisión? Están
obligados a entregarlos al amo. Él es dueño
del país; sin su permiso no sales ni entras.
Es cierto que el dólar es una moneda extranjera,
y en Cuba ha existido desde hace mucho tiempo
el peso cubano, que antes de 1959 tenía
paridad con la moneda norteamericana. Pero el
actual gobierno, tras apropiarse de la nación
hace 45 años, ni siquiera mantuvo esa fortaleza
nacional. Recursos tuvo de sobra durante los treinta
años que duró el subsidio soviético.
Los cubanos saben que la resolución 80
es otro montaje teatral del gobierno para hacerse
de dinero fuerte de manera fácil. No es
el producto de riquezas generadas en el país.
Aquí la precariedad de la vida es la norma
para la mayor parte del pueblo, y sólo
un pequeño porcentaje recibe dinero desde
el exterior.
Para continuar la escenificación, los
medios informativos en la isla publican notas
triunfalistas sobre la recogida de divisas, que
catalogan de "actitud de nuestro pueblo frente
a las más recientes agresiones económicas
del gobierno de los Estados Unidos", y que
"ha sido un ejemplo de patriotismo, disciplina
y confianza en la revolución".
Por ello viene la recompensa. El pasado 5 de
noviembre, dice la jefatura de Cuba, "considerando
esta ejemplar reacción y las solicitudes
de la población, se ha decidido prorrogar
hasta el 14 de noviembre de 2004 el plazo estipulado
para adquirir pesos convertibles y pesos cubanos
sin el gravamen del 10 %".
Benevolencia y respuesta inmediata a la petición
del pueblo. Es raro, no ha ocurrido así
con el Proyecto Varela, respaldado por 25 mil
firmas, de 10 mil que señala la Constitución
de la República, y aún sin respuesta.
Es el método de mentir y mentirse, aún
cuando los destinatarios directos no se lo creen.
Es la urdimbre entre la obra teatral y los actores.
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