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EDUCACION
Propaganda inhumana
José Antonio Fornaris, Cuba Verdad
LA HABANA, noviembre (www.cubanet.org) - El pasado
domingo fui a Alamar a ver al mayor de mis hijos
y a mi nieto. Como el niño es hijo de padres
divorciados, abuelo y padre emprendimos juntos
el camino hasta la casa de Luis Alejandro, el
pequeño vástago de ocho años
que cursa el tercer grado en una escuela de la
barriada.
Entre las novedades que Luis Alejandro nos contó
es que él y dos de sus compañeros
de aula habían leído ante un periodista
que tenía un "radiecito" -una
grabadora-, las cartas que les habían escrito
a Fidel Castro, deseándole que se pusiera
bien. El niño agregó que todos sus
compañeros de escuela habían tenido
que hacerle una carta a Fidel.
Hace unos años, durante un interrogatorio,
la Seguridad del Estado me preguntó si
yo le inducía a mis hijos ideas contrarias
a la revolución. Ciertamente, de mis tres
hijos, la hembra, que hace un tiempo reside en
los Estados Unidos, es la que tenía inclinación
a participar en actividades de corte político,
aunque prácticamente era una niña.
Los varones, que no abrazan el credo comunista,
no se han interesado tampoco en tomar parte activa
en la oposición pacífica. Y yo jamás,
porque siempre he estimado que ésa es una
decisión personal de cada cubano, les he
insinuado que se incorporen a un grupo de la oposición.
Sin embargo, el régimen compromete con
su ideología a los niños y los utiliza
en su propaganda.
No estoy en contra, nunca lo estaré, de
que mi nieto o cualquier otro niño, si
él lo decide, envíe una carta a
un anciano accidentado, no importa cómo
se llame esa persona. Pero utilizar a los niños
para la propaganda favorable al régimen
es algo brutal e inhumano.
Cuando fue inaugurado hace más de treinta
años el llamado campamento internacional
de pioneros José Martí, en playa
Tarará, dos niños, una hembra y
un varón, le pusieron simbólicamente
sus pañoletas pioneriles a Fidel Castro.
Hace unos días conversé con ese
otrora niño y me dijo que el gran recuerdo
ingrato que guarda de su infancia es haberle puesto
la pañoleta a Castro.
Espero que mi nieto y sus dos compañeritos
no sientan en el futuro sentimiento de culpa por
haber leído sus cartas delante de un "radiecito".
En definitiva, ellos no son nada más que
víctimas de una maquinaria que, en su afán
de hacer propaganda política a favor de
los intereses gubernamentales, no se detiene ni
ante la inocencia de los niños.
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