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SOCIEDAD
El
que odia y enseña a odiar...
Francisco Herrera, Cubanacán Press
SANTA CLARA, noviembre (www.cubanet.org) - Leyendo
una serie de pensamientos del Apóstol de
la independencia de Cuba, José Martí,
aparecidos en un folleto titulado "Martí
en sus propias palabras", encontré
uno que me hizo reflexionar sobre la realidad
cubana presente y futura: "Los odiadores
debieran ser declarados traidores a la república.
El odio no construye." (O. C. t 14 Pág.
496).
Sin lugar a dudas uno de los regímenes
modernos más destructivos en cuanto a la
utilización del odio como elemento de fuerza
política es el comunismo. La ideología
de este sistema diabólico se sustenta en
el odio, ya sea éste de clase, de concepciones
filosóficas distintas u otros. El comunismo
como movimiento político sabe explotar
bien el odio que anida en el corazón de
las almas sin Dios, para convertirlo en motor
de los cambios sociales que llevan a la cúspide
del poder a un grupo de ambiciosos manipuladores
de las pasiones humanas.
En Cuba el odio ha sido ampliamente utilizado
por el gobierno revolucionario para sus propios
fines. Desde pequeños se enseña
a los niños en las escuelas a odiar a los
enemigos de la patria, lo que en lenguaje real
equivale a decir a los que no están de
acuerdo con las ideas y decisiones de las personas
que ostentan el poder en la isla desde hace más
de cuarenta años. En el servicio militar
obligatorio se les hace repetir a estos mismos
niños ya crecidos innumerables consignas,
como "Bush, con cuanto fervor quisiera /
enfrentarme a tus torpezas / y abrirte un agujero
/ de plomos en la cabeza", y otras por el
estilo. Luego, en la universidad sigue el mismo
ambiente de sospecha y odio, tratando de eliminar
a los que se niegan a confinar sus mentes en las
mazmorras de la
ideología oficialista. Con ese propósito
hacen pública la frase-advertencia "La
universidad es para los revolucionarios",
que constituye un elemento divisor más
que ha creado el régimen para impedirle
el acceso a ese plantel educativo a los que tienen
el valor de pensar por sí mismos. Además
habría que mencionar el tono agresivo de
los discursos oficiales, así como la prepotencia
y el aire guapetón que adoptan los personeros
de la política stalinista criolla. Y así
continúa la cadena interminable de inducción
de odio a la sociedad, bien planeada para provecho
del régimen.
El resultado evidente de toda esta macabra pedagogía
del odio es el estado de violencia interna que
llevan la mayoría de los cubanos. No saben
comportarse con decencia porque no se les ha enseñado
y porque no son los patrones que ven a diario
en sus líderes. Ante cualquier malentendido
ya están gesticulando desproporcionadamente
y pitando (amenazando con fajarse). Cuando esta
actitud se proyecta al área del pensamiento
político es desastroso. Todo el que piensa
distinto es enemigo y hay que destruirlo. Un simplismo
llevado al extremo... y también un oportunismo.
El que odia y enseña a odiar no se está
haciendo bien a sí mismo ni a sus semejantes,
está labrando la desgracia de la patria.
Si el gobierno cubano no cambia su pedagogía
del odio a una pedagogía del amor, ellos
mismos y sus hijos serán las víctimas
del monstruo social que ayudaron a crear. No olvidemos
que la única forma de vencer el mal, es
con el bien.
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