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HISTORIA
El primer auto y la última guagua
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - No vaya
a pensar el lector que en 1898 La Habana era sólo
un pueblecito en la más grande de las islas
antillanas. En esa fecha era ya la ciudad más
importante del Caribe. Hacía rato que agotaba
el fin de siglo sedienta de modernidad.
La introducción de novedades tecnológicas
contaba con el entusiasmo de residentes adinerados.
Ellos creían ahora en los avances de la
ciencia y de la técnica, observados en
sus viajes por Europa y Norteamérica. La
Habana, una ciudad nacida por y para el comercio,
se echaba muy temprano en brazos de lo que conocemos
hoy como sociedad de consumo.
Única razón para comprender que
en 1898, José Muñoz, el representante
en Cuba de una fábrica de autos franceses,
causara revuelo en las bulliciosas calles habaneras
con el primer auto que por ellas rodara. Según
los datos de la prensa de la época, el
auto era marca La Parisienne. Y estoy seguro que
los mil pesos gastados sirvieron de inversión
para publicidad, porque muy poco tiempo después,
apenas seis meses, el Dr. Ernesto Sarrá,
propietario de los florecientes laboratorios y
farmacia del mismo nombre, estrenó el segundo
auto de la Isla, marca Rochet-Schneider, importado
de Lyon.
Tan bien acogido fue el nuevo invento que los
propietarios de la fábrica de cigarrillos
Cabañas y Carvajal compraron un auto, el
tercero en Cuba, para la distribución de
sus productos. Posiblemente el primero en ser
destinado a tal uso.
Enseguida apareció la primera estación
de servicio de automóviles. La instalaron
en Zulueta 28. Luego, llegaron más autos
y en 1903 ya realizan la primera carrera de autos
en Cuba a instancias de un sujeto nombrado Honoré
Dámaso Lainé, francés residente
en la ciudad y ganador de la carrera efectuada
entre Marianao y Guanajay. Cualquiera, entonces,
podría pensar que si en esas fechas rodábamos
autos, hoy andaríamos en cohetes.
Pues no es así. Anoche, a las ocho y media
de la noche, pude subir a una guagua -cubanismo
que designa a los ómnibus- de la ruta 2,
gracias a la fuerza de mis hombros. El chofer
declaró que era la última antes
del viaje de las 11 p.m.
Según la señora que llegó
antes que yo, hacía más de media
hora que no pasaba ninguna. A la hora de montar,
la anciana desvalida se tuvo que conformar con
ver la guagua partir. Los que logramos irnos en
ella, después del forcejeo, lo hicimos
en los tres escalones de subida. ¡Medallas
de oro, plata y bronce en la competencia olímpica
de subir a la ruta 2! Menos mal que cogí
la de bronce.
Hoy en la capital cubana el servicio diario de
ómnibus realiza solamente 5 mil viajes,
cuando sería necesario efectuar entre 29
y 30 mil para acercarse a una eficiente frecuencia
de viajes cercana a la demanda y alcanzar la cantidad
de viajes del año 1987. En la misma fecha,
416 taxis estatales no llegaban a cubrir la demanda
del público. Hoy, con 120 no alcanzan ni
a pedacitos.
Según las autoridades, la responsabilidad
de la crisis la tiene el "bloqueo",
entiéndase embargo. Mientras, flotillas
de taxis que prestan servicio en dólares,
ruedan raudos por las calles y avenidas habaneras
y los autocares de turismo nos fumigan con el
humo de sus escapes cuando agotamos la espera
de una guagua repleta de pasajeros.
¡Cuánta distancia entre ayer y hoy,
entre el primer auto y la última guagua!
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