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DESDE
LA CARCEL
Mis perentorias
necesidades
José Gabriel Ramón
Castillo, sancionado a 20 años de prisión
en abril de 2003
PRISION DE JOVENES DE VILLA CLARA, mayo (www.cubanet.org)
- ¿De qué vale que me entreviste
mensualmente con el oficial que siempre me hace
las mismas preguntas (inquietudes, preocupaciones,
problemas)? Mi "retrete turco" permanece
congestionado de excrementos la mayor parte la
mayor parte del tiempo; todos los días
se despilfarra el agua del tanque y cuando llega
la tarde ya no hay y se nos abastece agua contaminada.
Se toman represalias conmigo, como ahora que restringieron
más mi ya restringido horario de soleador
bajo techo sin tener en cuenta mis dolencias.
Todos estos hechos ocurren y no acaban de ser
captadas mis protestas por un oído receptivo.
Cuando sesionaba en Ginebra la Comisión
de Derechos Humanos en el pasado mes de abril,
y el caso de las violaciones de los derechos humanos
en Cuba era uno de los temas candentes, este solícito
carcelero vino varias veces a verme. Recuerdo
que le expuse lo de la consulta médica
de Angiología y Cardiología a causa
de mis padecimientos actuales. Solamente se resolvió
la primera.
Fui conducido al Hospital Provincial Celestino
Hernández y allí recibí los
servicios médicos de la doctora Bustillo.
La pobre, se puso tan nerviosa a causa de la presencia
de los carceleros que me conducían que
indicó un tratamiento obsoleto para la
afección circulatoria a nivel capilar con
tendencia a la cronicidad que presento en las
piernas.
Según ella, debo tomar tres veces al día
una tableta de Rustacorbín y media de Aspirina.
Si acaso un Trental, pero esto último no
lo anotó en mi historia clínica
carcelera y como no la hay en existencia en la
farmacia del penal, no se incluye en los medicamentos
de consumo diario. Por suerte, mi familia me trajo
un pomo, ahora en manos del jefe de reeducación
penal desde el 3 del corriente mes.
Las autoridades penales, léase gubernamentales,
plantean que no se puede tener consigo los medicamentos;
absurda e irracional determinación que
no es entendida por nadie. Presiento que con este
medicamento y otros que me trajeron, va a suceder
lo mismo que pasó con otros que después
de 11 meses de mano en mano de funcionarios fueron
a parar de vuelta a Santiago de Cuba.
Mis problemas cardíacos parece que tendrán
que esperar también por un oído
receptor. Dice el doctor Madrigal, jefe del puesto
médico del penal, que para que me ausculte
un especialista debo ser remitido por medicina
interna. A su criterio con el tratamiento indicado
para la hipertensión arterial, puedo muy
bien contrarrestar el engrosamiento que presento
en el Septum, pared del ventrículo izquierdo
del corazón, y que por ahora no corro peligro
de muerte.
Si supiera éste, mi querido galeno -él
me atiende personalmente- que si no hubiese obviado
los trámites formales del sistema de salud
cubano, nunca hubiera sabido cuáles son
mis dolencias actuales porque lo más probable
es que a esta hora ya hubiese sido cadáver.
Pero mis perentorias necesidades no se concentran
en los aspectos señalados, sino en derechos
elementales del ser humano. He planteado infinidad
de veces a las autoridades carcelarias, vuelvo
y repito, léase gubernamentales, que no
puedo recibir ni enviar correspondencia sin que
sea violada, no recibo literatura libremente,
no se me da una adecuada alimentación,
no dispongo de una mesa de trabajo, ni una computadora,
ni siquiera una máquina de escribir -recuerden
mis lectores que soy periodista- ni ventilador
eléctrico, no sólo para aplacar
el calor acumulado entre las cuatro paredes del
cubículo (celda), sino también para
espantar los mosquitos -¡Ay, mi madre, los
mosquitos! Ni tampoco puedo ver la TV, la gran
TV que sería un bálsamo para alguien
que está sometido al más absurdo
y cruel ostracismo. En fin, que he reclamado el
cumplimiento de mis derechos establecidos en normas
internacionales universalmente reconocidos.
No se cumplen y parece que no se cumplirán.
Sin embargo, creo que algún día
tendré derecho a mis derechos. Ya al menos
se cumplimentó el que mejorase el alumbrado
del cubículo con una lámpara Liya
que mi familia me trajo. Si a ese ritmo se cumplimentan
las demás solicitudes, espero que para
el 2014 podré recibir los supuestos beneficios
del sistema penitenciario cubano. ¡Cosa
Grande!!!
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