PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 28, 2004
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DESDE LA CARCEL
Mis perentorias necesidades

José Gabriel Ramón Castillo, sancionado a 20 años de prisión en abril de 2003

PRISION DE JOVENES DE VILLA CLARA, mayo (www.cubanet.org) - ¿De qué vale que me entreviste mensualmente con el oficial que siempre me hace las mismas preguntas (inquietudes, preocupaciones, problemas)? Mi "retrete turco" permanece congestionado de excrementos la mayor parte la mayor parte del tiempo; todos los días se despilfarra el agua del tanque y cuando llega la tarde ya no hay y se nos abastece agua contaminada. Se toman represalias conmigo, como ahora que restringieron más mi ya restringido horario de soleador bajo techo sin tener en cuenta mis dolencias. Todos estos hechos ocurren y no acaban de ser captadas mis protestas por un oído receptivo.

Cuando sesionaba en Ginebra la Comisión de Derechos Humanos en el pasado mes de abril, y el caso de las violaciones de los derechos humanos en Cuba era uno de los temas candentes, este solícito carcelero vino varias veces a verme. Recuerdo que le expuse lo de la consulta médica de Angiología y Cardiología a causa de mis padecimientos actuales. Solamente se resolvió la primera.

Fui conducido al Hospital Provincial Celestino Hernández y allí recibí los servicios médicos de la doctora Bustillo. La pobre, se puso tan nerviosa a causa de la presencia de los carceleros que me conducían que indicó un tratamiento obsoleto para la afección circulatoria a nivel capilar con tendencia a la cronicidad que presento en las piernas.

Según ella, debo tomar tres veces al día una tableta de Rustacorbín y media de Aspirina. Si acaso un Trental, pero esto último no lo anotó en mi historia clínica carcelera y como no la hay en existencia en la farmacia del penal, no se incluye en los medicamentos de consumo diario. Por suerte, mi familia me trajo un pomo, ahora en manos del jefe de reeducación penal desde el 3 del corriente mes.

Las autoridades penales, léase gubernamentales, plantean que no se puede tener consigo los medicamentos; absurda e irracional determinación que no es entendida por nadie. Presiento que con este medicamento y otros que me trajeron, va a suceder lo mismo que pasó con otros que después de 11 meses de mano en mano de funcionarios fueron a parar de vuelta a Santiago de Cuba.

Mis problemas cardíacos parece que tendrán que esperar también por un oído receptor. Dice el doctor Madrigal, jefe del puesto médico del penal, que para que me ausculte un especialista debo ser remitido por medicina interna. A su criterio con el tratamiento indicado para la hipertensión arterial, puedo muy bien contrarrestar el engrosamiento que presento en el Septum, pared del ventrículo izquierdo del corazón, y que por ahora no corro peligro de muerte.

Si supiera éste, mi querido galeno -él me atiende personalmente- que si no hubiese obviado los trámites formales del sistema de salud cubano, nunca hubiera sabido cuáles son mis dolencias actuales porque lo más probable es que a esta hora ya hubiese sido cadáver.

Pero mis perentorias necesidades no se concentran en los aspectos señalados, sino en derechos elementales del ser humano. He planteado infinidad de veces a las autoridades carcelarias, vuelvo y repito, léase gubernamentales, que no puedo recibir ni enviar correspondencia sin que sea violada, no recibo literatura libremente, no se me da una adecuada alimentación, no dispongo de una mesa de trabajo, ni una computadora, ni siquiera una máquina de escribir -recuerden mis lectores que soy periodista- ni ventilador eléctrico, no sólo para aplacar el calor acumulado entre las cuatro paredes del cubículo (celda), sino también para espantar los mosquitos -¡Ay, mi madre, los mosquitos! Ni tampoco puedo ver la TV, la gran TV que sería un bálsamo para alguien que está sometido al más absurdo y cruel ostracismo. En fin, que he reclamado el cumplimiento de mis derechos establecidos en normas internacionales universalmente reconocidos.

No se cumplen y parece que no se cumplirán. Sin embargo, creo que algún día tendré derecho a mis derechos. Ya al menos se cumplimentó el que mejorase el alumbrado del cubículo con una lámpara Liya que mi familia me trajo. Si a ese ritmo se cumplimentan las demás solicitudes, espero que para el 2014 podré recibir los supuestos beneficios del sistema penitenciario cubano. ¡Cosa Grande!!!



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