PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 26, 2004
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EDUCACION
Agoniza sistema de educación en Cuba

Roberto García Cabrejas, Partido del Pueblo

SANTIAGO DE CUBA, mayo (www.cubanet.org) - El sistema de enseñanza, con sus métodos correspondientes, que se aplica hoy en Cuba "es uno de los más avanzados del mundo". Así afirman los directores del Ministerio de Educación, que aseguran también poseer el potencial humano calificado para tan noble y encomiástica labor.

La propaganda oficialista, durante muchos años, ha puesto todo su empeño en el importante sector de la educación, como paradigma, ejemplo y modelo a seguir por otros estados en el mundo moderno, olvidando que la infraestructura de educación en estos momentos en la Isla, y ese mismo modelo que exporta y vende, está enfermo. En otras palabras, se encuentra en estado terminal.

Como antesala e introducción, es importante recordar que años atrás el gobierno de la Isla se percató de que estaba surgiendo una grave crisis en el número de maestros existentes, e inmediatamente emprendió una ofensiva en la formación de nuevos profesionales. Revitalizar el sector educacional fue el objetivo. Por esta razón inauguró un determinado número de escuelas con el calificativo de emergentes que junto a las ya existentes escuelas pedagógicas le permitieron al estado obtener una fórmula transitoria más de alivio que de cura para contrarrestar el inminente éxodo masivo de profesores que partían aceleradamente hacia los sectores de turismo y firmas extranjeras radicadas en la Isla.

Sin embargo, una vez graduado el primer grupo de maestros emergentes, surgió una gran interrogante. ¿Tendrán la capacidad suficiente para trasmitir los conocimientos aprendidos en tiempo récord? Obviamente, y como premisa, un buen educador no se forja en meses o en apenas un año. El caudal de conocimientos adquiridos no es suficiente para ser impartido, y esto lo sabían de antemano las autoridades del ministerio de Educación, que guardaron silencio en todo momento. La expectativa, incertidumbre y desconfianza se apoderaron tanto de padres como de alumnos.

Los resultados de tan aventurada y loca campaña no se hicieron esperar: Mala calidad de las clases, dificultades en el aprendizaje, y una pobre interrelación profesor-alumno. Asimismo, el novedoso programa audiovisual (las teleclases), concebido para suplir el déficit de profesores en las aulas, así como para mejorar el aprendizaje de los alumnos en las clases, tiene hoy una gran cantidad de detractores por su real y comprobada ineficiencia. A través de los estudios psicológicos se ha llegado a la conclusión de que los estudiantes no se concentran cuando le son impartidas las asignaturas por televisión. Prefieren los encuentros con sus maestros, e interactuar con éstos es de suma importancia, no importa el nivel en que se trabaje.

Pero existen otras aristas que agobian a padres y alumnos. Resulta lamentable la proyección de un número considerable de maestros hoy en día, teniendo en cuenta lo que significan en la educación de nuestros hijos. Es de suponer que las escuelas son para educar y enseñar, para impartir conocimientos, no ideologías, doctrinas o tendencias políticas establecidas en los últimos 44 años.

Por otra parte, el fraude académico, el racismo, las diferencias sociales y económicas entre alumnos (gozando de prebendas por parte de los profesores los de mayor categoría social), el soborno, la corrupción dentro del gremio de educadores, emergen como nuevas tendencias negativas que golpean y se incorporan a las ya establecidas en tan primado sector.

Otro ejemplo de la agonía del sistema de educación lo podemos observar en el mercado ilegal o subterráneo, donde el diploma o certificación de estudios terminados de bachiller tiene un costo de 20 dólares; el técnico medio 15 dólares, y 10 el de noveno grado. Su demanda se va por encima de la oferta. Los jóvenes aseguran que resulta mucho más práctico y se ahorran tres años de estudios. Optan por esa fórmula negativa, al considerar que pierden el tiempo estudiando, ya que una vez graduados no tienen oportunidad de empleo.

Otro mecanismo es el soborno. Los alumnos menos aventajados en conocimientos recurren a tales técnicas con resultados positivos. Por su parte, los maestros, que no son tontos ni tan exigentes, salvan la distancia con un litro de aceite comestible, un jabón de tocador y hasta con una botella de ron Habana Club, y ninguna de las partes en negociación resulta perjudicada. Evidentemente, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Ese sector no está ajeno a los escándalos por corrupción. Ya en el año 2003, en la ciudad de Santiago de Cuba, directores del ministerio de Educación encargados de la redacción de los exámenes de ingreso al nivel superior los comercializaron al precio de 50 dólares, semanas antes de aplicar el mismo. Otro caso que fue noticia censurada por los medios de comunicación de la Isla, fue la red de profesores y alumnos de una prestigios institución académica que se dedicaba a la pornografía y su comercialización. Estos profesores fueron expulsados de la docencia y sentenciados a largas penas de prisión.

Pero el fraude académico no se queda atrás en los niveles primario y secundario. A los profesores prácticamente los obligan a graduar el 100 por ciento de sus discípulos; de lo contrario sus evaluaciones profesionales se califican de malas, y esto repercute negativamente en el modesto salario que perciben.

Es obvio que nuestros maestros prefieren no arriesgar nada. Así, cuando termina un curso escolar, los índices de graduados arrojan cifras impresionantes.

También resulta asombroso el bajo índice en las universidades de jóvenes de raza negra. Muchos le dan una explicación irracional aparentemente científica; otros lo llaman por su nombre: racismo. Dos de cada diez estudiantes universitarios son negros, y de los 300 mil estudiantes en las universidades del país, el 85 por ciento pertenece a la raza blanca.

Por su parte, este año se puso en práctica en los niveles correspondientes de primer y noveno grados una nueva modalidad de maestros, ya no bautizados emergentes. Ahora llamados integrales, éstos imparten cuatro asignaturas en vez de una, que es lo normal con un aula de 16 a 20 alumnos por profesor. Entendidos en docencia califican la idea de los maestros integrales de loca y poco práctica. Sin embargo, sus críticos en la Isla no se atreven a desafiarla, ya que al que se le ocurrió y patentó la idea, tiene registrada a su vez la del plátano microyet, la de la zafra de los 10 millones y la construcción de la textilera más grande de América.

Para terminar, querido lector, hay quien dice que los cubanos nacen con sabiduría propia y no necesitan leer, y todo lo saben. Esto forma parte indiscutible de la idiosincrasia del criollo. Es por esta razón que no somos un pueblo analfabeto, pero sí arrastrado durante mucho tiempo por las corrientes de la ignorancia, el apasionamiento político y la duda.

Un país cuyos habitantes, en pleno siglo XXI, no tienen acceso a Internet. Donde la información proveniente del exterior es censurada con crueldad despiadada. Donde el régimen confisca y quema fuentes de saber como los libros, por el simple hecho de no ser ideológicamente compatibles con su doctrina, o porque el autor vive en el exterior.

Me pregunto, y le pregunto a los lectores, qué cultura puede atesorar el pueblo cubano cuando lo educan para que odie a sus hermanos que, por cuestiones económicas o políticas marchan al exilio.

De qué cultura general integral vocifera el señor Castro, cuando él mismo obliga a este pueblo a marchar frente a embajadas extranjeras acreditadas en la Isla, sin conocer siquiera los que marchan la rica historia y la cultura de esas naciones. ¿O será que el doctor Castro habrá confundido, por su avanzada edad, los términos de cultura y educación general integral con los de ignorancia y salvajismo funcional?

Educación no es más que desarrollar las facultades intelectuales y morales de los hombres. Es también el conocimiento de los usos de la sociedad. Es civilización. Por esto, para cualquier nación del planeta, la educación representa un gran árbol que da mucha sombra y tranquilidad a todos cuando va por caminos seguros.

A nuestro gran árbol en la Isla le cayó comején. Ahora es sólo cuestión de tiempo.

 



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