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EDUCACION
Agoniza sistema
de educación en Cuba
Roberto García Cabrejas,
Partido del Pueblo
SANTIAGO DE CUBA, mayo (www.cubanet.org) - El
sistema de enseñanza, con sus métodos
correspondientes, que se aplica hoy en Cuba "es
uno de los más avanzados del mundo".
Así afirman los directores del Ministerio
de Educación, que aseguran también
poseer el potencial humano calificado para tan
noble y encomiástica labor.
La propaganda oficialista, durante muchos años,
ha puesto todo su empeño en el importante
sector de la educación, como paradigma,
ejemplo y modelo a seguir por otros estados en
el mundo moderno, olvidando que la infraestructura
de educación en estos momentos en la Isla,
y ese mismo modelo que exporta y vende, está
enfermo. En otras palabras, se encuentra en estado
terminal.
Como antesala e introducción, es importante
recordar que años atrás el gobierno
de la Isla se percató de que estaba surgiendo
una grave crisis en el número de maestros
existentes, e inmediatamente emprendió
una ofensiva en la formación de nuevos
profesionales. Revitalizar el sector educacional
fue el objetivo. Por esta razón inauguró
un determinado número de escuelas con el
calificativo de emergentes que junto a las ya
existentes escuelas pedagógicas le permitieron
al estado obtener una fórmula transitoria
más de alivio que de cura para contrarrestar
el inminente éxodo masivo de profesores
que partían aceleradamente hacia los sectores
de turismo y firmas extranjeras radicadas en la
Isla.
Sin embargo, una vez graduado el primer grupo
de maestros emergentes, surgió una gran
interrogante. ¿Tendrán la capacidad
suficiente para trasmitir los conocimientos aprendidos
en tiempo récord? Obviamente, y como premisa,
un buen educador no se forja en meses o en apenas
un año. El caudal de conocimientos adquiridos
no es suficiente para ser impartido, y esto lo
sabían de antemano las autoridades del
ministerio de Educación, que guardaron
silencio en todo momento. La expectativa, incertidumbre
y desconfianza se apoderaron tanto de padres como
de alumnos.
Los resultados de tan aventurada y loca campaña
no se hicieron esperar: Mala calidad de las clases,
dificultades en el aprendizaje, y una pobre interrelación
profesor-alumno. Asimismo, el novedoso programa
audiovisual (las teleclases), concebido para suplir
el déficit de profesores en las aulas,
así como para mejorar el aprendizaje de
los alumnos en las clases, tiene hoy una gran
cantidad de detractores por su real y comprobada
ineficiencia. A través de los estudios
psicológicos se ha llegado a la conclusión
de que los estudiantes no se concentran cuando
le son impartidas las asignaturas por televisión.
Prefieren los encuentros con sus maestros, e interactuar
con éstos es de suma importancia, no importa
el nivel en que se trabaje.
Pero existen otras aristas que agobian a padres
y alumnos. Resulta lamentable la proyección
de un número considerable de maestros hoy
en día, teniendo en cuenta lo que significan
en la educación de nuestros hijos. Es de
suponer que las escuelas son para educar y enseñar,
para impartir conocimientos, no ideologías,
doctrinas o tendencias políticas establecidas
en los últimos 44 años.
Por otra parte, el fraude académico, el
racismo, las diferencias sociales y económicas
entre alumnos (gozando de prebendas por parte
de los profesores los de mayor categoría
social), el soborno, la corrupción dentro
del gremio de educadores, emergen como nuevas
tendencias negativas que golpean y se incorporan
a las ya establecidas en tan primado sector.
Otro ejemplo de la agonía del sistema
de educación lo podemos observar en el
mercado ilegal o subterráneo, donde el
diploma o certificación de estudios terminados
de bachiller tiene un costo de 20 dólares;
el técnico medio 15 dólares, y 10
el de noveno grado. Su demanda se va por encima
de la oferta. Los jóvenes aseguran que
resulta mucho más práctico y se
ahorran tres años de estudios. Optan por
esa fórmula negativa, al considerar que
pierden el tiempo estudiando, ya que una vez graduados
no tienen oportunidad de empleo.
Otro mecanismo es el soborno. Los alumnos menos
aventajados en conocimientos recurren a tales
técnicas con resultados positivos. Por
su parte, los maestros, que no son tontos ni tan
exigentes, salvan la distancia con un litro de
aceite comestible, un jabón de tocador
y hasta con una botella de ron Habana Club, y
ninguna de las partes en negociación resulta
perjudicada. Evidentemente, no hay peor ciego
que el que no quiere ver.
Ese sector no está ajeno a los escándalos
por corrupción. Ya en el año 2003,
en la ciudad de Santiago de Cuba, directores del
ministerio de Educación encargados de la
redacción de los exámenes de ingreso
al nivel superior los comercializaron al precio
de 50 dólares, semanas antes de aplicar
el mismo. Otro caso que fue noticia censurada
por los medios de comunicación de la Isla,
fue la red de profesores y alumnos de una prestigios
institución académica que se dedicaba
a la pornografía y su comercialización.
Estos profesores fueron expulsados de la docencia
y sentenciados a largas penas de prisión.
Pero el fraude académico no se queda atrás
en los niveles primario y secundario. A los profesores
prácticamente los obligan a graduar el
100 por ciento de sus discípulos; de lo
contrario sus evaluaciones profesionales se califican
de malas, y esto repercute negativamente en el
modesto salario que perciben.
Es obvio que nuestros maestros prefieren no arriesgar
nada. Así, cuando termina un curso escolar,
los índices de graduados arrojan cifras
impresionantes.
También resulta asombroso el bajo índice
en las universidades de jóvenes de raza
negra. Muchos le dan una explicación irracional
aparentemente científica; otros lo llaman
por su nombre: racismo. Dos de cada diez estudiantes
universitarios son negros, y de los 300 mil estudiantes
en las universidades del país, el 85 por
ciento pertenece a la raza blanca.
Por su parte, este año se puso en práctica
en los niveles correspondientes de primer y noveno
grados una nueva modalidad de maestros, ya no
bautizados emergentes. Ahora llamados integrales,
éstos imparten cuatro asignaturas en vez
de una, que es lo normal con un aula de 16 a 20
alumnos por profesor. Entendidos en docencia califican
la idea de los maestros integrales de loca y poco
práctica. Sin embargo, sus críticos
en la Isla no se atreven a desafiarla, ya que
al que se le ocurrió y patentó la
idea, tiene registrada a su vez la del plátano
microyet, la de la zafra de los 10 millones y
la construcción de la textilera más
grande de América.
Para terminar, querido lector, hay quien dice
que los cubanos nacen con sabiduría propia
y no necesitan leer, y todo lo saben. Esto forma
parte indiscutible de la idiosincrasia del criollo.
Es por esta razón que no somos un pueblo
analfabeto, pero sí arrastrado durante
mucho tiempo por las corrientes de la ignorancia,
el apasionamiento político y la duda.
Un país cuyos habitantes, en pleno siglo
XXI, no tienen acceso a Internet. Donde la información
proveniente del exterior es censurada con crueldad
despiadada. Donde el régimen confisca y
quema fuentes de saber como los libros, por el
simple hecho de no ser ideológicamente
compatibles con su doctrina, o porque el autor
vive en el exterior.
Me pregunto, y le pregunto a los lectores, qué
cultura puede atesorar el pueblo cubano cuando
lo educan para que odie a sus hermanos que, por
cuestiones económicas o políticas
marchan al exilio.
De qué cultura general integral vocifera
el señor Castro, cuando él mismo
obliga a este pueblo a marchar frente a embajadas
extranjeras acreditadas en la Isla, sin conocer
siquiera los que marchan la rica historia y la
cultura de esas naciones. ¿O será
que el doctor Castro habrá confundido,
por su avanzada edad, los términos de cultura
y educación general integral con los de
ignorancia y salvajismo funcional?
Educación no es más que desarrollar
las facultades intelectuales y morales de los
hombres. Es también el conocimiento de
los usos de la sociedad. Es civilización.
Por esto, para cualquier nación del planeta,
la educación representa un gran árbol
que da mucha sombra y tranquilidad a todos cuando
va por caminos seguros.
A nuestro gran árbol en la Isla le cayó
comején. Ahora es sólo cuestión
de tiempo.
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