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DESDE
LA CARCEL
La olimpiadas de
Castro en estadios vacíos y otros numeritos
Juan
Carlos Herrera Acosta, condenado a 20 años
de prisión, que cumple en Kilo 7, Camagüey.
Reside en Santiago de Cuba.
PRISION KILO 7, Camagüey (www.cubanet.org)
- El gobernante cubano se ha convertido en un
sortilegio. Quizás algún que otro
babalao le ha predicho algo de su futuro, posiblemente
nada halagüeño, porque se encuentra
en un callejón sin salida debido a su férrea
y errónea postura en la conducción
de la nación, a la que ha llevado a la
ruina.
En medio del colapso total del país, que
regresa a la era paleolítica (con perdón
de aquéllos), el César, sentado
en su trono o solio, quizás creyéndose
un erudito, ha gritado ¡Eureka!, creyendo
haber encontrado la fórmula mágica
para contrarrestar el aislamiento internacional,
asumiendo la postura de tirano al estilo de Stalin,
Mussolini, Somoza, Stroesnner, quienes, aferrados
al butacón dictatorial, daban a su pueblo
una falsa imagen de filantropía en medio
de la represión desmedida.
El mundo jamás ha tolerado los regímenes
dictatoriales, segregacionistas, excluyentes y
excesivamente crueles y represivos, lanzándolos
al basurero de la historia, para relegarlos a
la soledad y que la paz y la urnas decidan el
final.
Al parecer, Fidel Castro, envuelto en sus sueños
mesiánicos, se huele que muy pronto su
anacronismo político dejará de existir
y que será excluido hasta de un juego de
tenis de mesa. Recientemente convocó a
unos juegos que ha dado en llamar "Olimpiadas
del Deporte Cubano" y entre bambalinas contando
con sus cómplices y cautivos medios de
difusión masiva, le ha dado total cobertura
con mayor propaganda a la que se realiza en el
mundo con la Coca Cola o la Mc Donalds.
Pero aunque se canten loas, estos juegos han
resultado una decepcionante y aplastante derrota
más para el tirano, aunque él no
lo reconozca. Las graderías de los estadios
vacías totalmente, sólo repletas
de sol, esta vez sin lluvias. No obstante, el
emperador alega que "ha sido un triunfo del
pueblo cubano y del deporte revolucionario".
Ironía, una más en medio de su Waterloo.
Esta grandiosa idea, ya explotada por sus colegas
predecesores, especialmente los soviéticos
y satélites comunistas de Europa para boicotear
las que países del mundo libre organizaban
con lujo de detalles, fue repetida hace dos años
por Castro al no asistir a los Juegos Centroamericanos
de El Salvador en 2002 bajo el supuesto argumento
de falta de seguridad para la delegación
cubana.
El caldo se ha calentado mucho y en la arena
internacional poco han podido hacer sus plañideras
políticas y enviados de la mala suerte.
Ni su can-ciller (entiéndase perro) y toda
la estela de neopolíticos que actúan
dirigidos por él como autómatas,
han podido callar las voces cada más crecientes
de las naciones que lo acusan de violador de los
derechos humanos.
Al parecer muy pronto, hasta el pasatiempo nacional,
la pelota, se quedará sin implementos debido
al cerco económico-político a que
lo someten. Quizás las próximas
olimpiadas se celebren con taparrabos, arcos y
flechas. Esta la llamó olimpiada internacional
debido a la inclusión de atletas de primerísimo
bajo nivel de otras naciones, especialmente los
venezolanos, que fue la delegación más
concurrida.
Las ODC han constituido todo un desastre en medio
del daltonismo político en que vive el
"Sr. presidente" para quien fueron un
sonado triunfo. El Quijote Caribeño ha
visto gigantes entre molinos y llegó a
aspirar a que La Habana sea la sede de una Olimpíada
de todo el universo. Creo que para volver a la
Grecia antigua hay tiempo suficiente, especialmente
cuando el cubano no tiene ni picadillo de soya
para comer y la situación habitacional
está cada vez más caótica.
Creo que Castro sólo pretendió
crear el caos con esta solicitud y buscar argumentos
para llorar internacionalmente. Recuerdo que los
verdaderos récords de Cuba están
en los anales de la historia con 45 años
dictatoriales. En el libro de los Récords
de Guinnes se pudiera inscribir a Cuba con la
enorme cifra de sus nacionales que han pasado
por la boca de los tiburones en los intentos de
atravesar el Estrecho de la Florida en frágiles
embarcaciones, en un simple neumático o
en un orinal, buscando libertad. El banquete de
decenas de miles de nacionales devorados por las
afiladas dentaduras supuestamente yacen en el
mayor cementerio marino que se ha conocido jamás.
Igual suerte han corrido los nada afortunados
y atrevidos desesperados que han intentado cruzar
el gran campo minado comprendido en el perímetro
fronterizo de la Base Naval de Guantánamo.
Algunos destrozados por las minas y otros víctima
de la metralla salida de los fusiles de los guardafronteras
cubanos, han enlutado a cientos de hogares cubanos.
Otro récord no homologado por el árbitro
mayor es el de sus olímpicas campañas
militares por todo el mundo con el saldo de pérdidas
humanas hasta hoy oculto en los archivos secretos
del olimpismo castrista. Punto y aparte merece
otro récord olímpico constituido
por el andamiaje en los recintos carcelarios con
una inmensa cantidad de huéspedes ilustres
en estas villas olímpicas donde nos encierran,
antros de terror y barbarie. Seguramente el laboratorio
antidopaje no encontraría residuo alguno
de medicamentos en sangre y orina, de los deportistas,
ni siquiera de aspirina.
Pronto el amo de casa se quedará solo
convocando a sus "olimpiadas" donde
sus funcionarios tendrán que hacer las
maletas de regreso a La Habana y competir entre
ellos, en carrera olímpica de poder, ante
las leyes del calendario, ya que el dinosaurio
político poco le queda.
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