PRENSA INTERNACIONAL
Mayo 19, 2004

Roberto Giusti: "Bahía de Cachitos"

El Universal. Caracas, martes 18 de mayo, 2004.

No vale la pena llover sobre mojado y recapitular sobre lo que ya todo el mundo sabe: el guión de la invasión, de la insolente planta y zarandajas adyacentes, incluidos los niños paramilitares, se hundió en el más ignominioso ridículo. Elaborado con una escrupulosidad sólo posible de convertir en realidad cuando se dispone de todos los poderes, el plan, elaborado seguramente en La Habana, se empasteló cuando pasó de los autores a los actores.

En un país donde todavía no existe una sola policía, hay libertad de movimiento, las comunicaciones no están rabiosamente controladas y el flujo informativo es de dominio público, se hace prácticamente imposible silenciar, manipular y controlar antojadizamente a la opinión pública. Y esas son las variables que muchas veces se escapan de la mente de los esbirros cuya tarea es simular atentados, planificar conspiraciones para atribuírselas a otros y desaparecer disidentes, tanto de la historia como de la faz de la Tierra. Eso sin contar con las chambonadas de Carneiro y los cachitos de Lucas.

Si Fidel Castro se para en la plaza de la Revolución para lanzar su predecible verborrea contra el imperialismo yanqui y repite hasta la náusea que en Cuba no hay hambre, a diferencia de Estados Unidos, nadie dirá lo contrario. Lo dijo Fidel y basta.

No puedes responder sino con el silencio, así las tripas vacías te rechinen y las pocas veces que mastiques un bisté debas agradecérselo a un hermano o a un hijo emigrado al paraíso de los gusanos.

Ahora, si Chávez se para en la avenida Bolívar a reiterar su denuncia sobre la invasión de Bahía de Cachitos, organizada por los gringos y los oligarcas colombianos, un día después de haber exculpado al gobierno de Uribe y de reconocer, minutos antes, que buena parte de los "criminales y terroristas" disfrazados de paramilitares son unos niños a quienes "voy a brindar con el helado Coppelia que me manda Fidel", pues la gente no sólo se reirá sino que pensará y dirá que el Presidente terminó convertido en un payaso.

Lo que no está suficientemente claro es la utilización del expediente nacionalista, que sale a relucir en situaciones desesperadas, cuando ya sólo un hecho dramático e inesperado puede revertir las tendencias. ¿Le preocupa a Chávez el éxito de los reparos? ¿Siente que pierde respaldo popular? Todo eso es cierto, pero quizás le preocupa más la situación interna de la FAN.

El domingo, luego de anunciar la nueva fase antiimperialista de su gobierno y advertirnos que creará, imagínese, durante una manifestación contra el paramilitarismo, milicias populares, reconoció que hay focos conspirativos entre los militares y recordó que un grupo de ellos está detenido. El problemita es que la escena uno, la invasión, se redujo a una comedia de enredos y la segunda y tercera, denuncian ante el mundo el martes y baño de multitudes, arropado en la bandera, el domingo, perdieron carácter y solemnidad. Si quería unir el país a su alrededor, logró el efecto contrario. Y si el intento se concentraba en la FAN, aun peor. El dramón nacionalista de los tinterillos de Fidel se trocó en vulgar parodia, ni siquiera digna de los totalitarismos, a los cuales casi nunca les faltó el sentido del espectáculo.

 

 

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