PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 18, 2004
Búsqueda completa con Google

DEPORTES
Ampalla, loco y mendigo

Orlando Chinea Paret, Cubanacán Press

SANTIAGO DE CUBA, mayo (www.cubanet.org) - Eran las 7:35 de la mañana del domingo 16 de enero de 2000. La muerte de Armando Heredia Brito, "El Cúcara" sorprendió a todos los que nos congregábamos frente al pequeño estadio de béisbol "Hermanos Maristas" del reparto Bengochea, rebautizado con el nombre de una fecha sangrienta: "26 de Julio".

La fría mañana calaba las oquedades de Santa Clara, la ciudad de la patricia y benefactora doña Marta Abreu de Estévez y cuna del mejor center field cubano: Alejandro Oms, a quien tanto "El Cúcara" admiró.

Ese día un grupo de peloteros por cuenta propia esperábamos el camión para trasladarnos hasta Taguasco, provincia de Sancti Spíritus, donde habíamos pactado un juego con la novena local. Él tenía la costumbre de acompañarnos siempre, y entre bromas y risas, de repente "El Cúcara" cayó hacia atrás, fulminado sobre la acera. Convulsionaba, emitía ronquidos y la saliva brotó de su boca convertida en espuma.

Luchamos a brazo partido para salvarlo. Masajes en el pecho del ampalla, hasta la respiración asistida sin la presencia de escrúpulos, pero el infarto masivo, mortal, se lo llevó de entre los vivos antes que pudiera llegar al hospital, acompañado de quienes lo asistimos.

Pero, ¿quién fue Armando Heredia Brito, conocido como Cucaracha o sencillamente El Cúcara?

Había nacido en los primeros años de la década del 40 en Remedios, provincia de Las Villas. Vinculado desde casi adolescente al ejército de Batista como "casquito", nunca alcanzó grados militares en su lucha por la supervivencia debido a que era analfabeto y tenía desde entonces perturbaciones funcionales mentales.

Conocido por toda la costa norte desde Yaguajay hasta Camajuaní, aparece en Santa Clara en los años finales de la década del 70, convertido en todo un personaje pintoresco, especialmente dentro de la familia de béisbol y se autotitulaba ampalla oficial de cuanto "pitén" o "periquito ripiao" se organizara. Trabajaba tanto en la "Liga de la Manigua" como en un juego entre Hatillo o Manajanabo, la tierra natal de Gerardo Machado. Su única condición era la de ampallar detrás del home.

Armando murió conforme vivió, en la calle. Su casa eran los graderíos de los estadios de pelota como si fuera el "homeless revolucionario". La asistencia social nunca llegó a sus manos, por eso al finalizar cada "piten" pasaba el cepillo con su gorra de color indeterminado. Andaba siempre con sus pertenencias personales y sus destartalados arreos de ampalla a cuestas, presto a usarlos en cualquier momento.

Personas sin escrúpulos abusando de su enajenación mental le regalaban una peseta o quizás un peso a cambio de que pronunciara en alta voz un discurso incoherente, imitando satíricamente la elocuencia tribunicia y lenguaje tautalógico del Coma-andante.

Era afable e inofensivo. Por momentos tenía destellos de lucidez porque reconocía que Armando Maestri había sido el mejor ampalla de todos los tiempos en su país y que Alfredo Paz era el segundo, mientras que él, "El Cúcara" era el tercero. Su sentido común lo acercaba a la sensatez y la ética, cuando reconocía las virtudes de otros seres humanos.

Sin embargo, a otros lúcidos, leídos, estudiados y graduados, les cuesta trabajo admitir que la sencillez y la humildad son el fruto de cada bien, por lo que prefieren esclavizarse al renunciar a su genuina identidad para someterse. Es ésa una forma hipócrita y cobarde que denigra y prostituye al hombre.

Nadie sabe si "El Cúcara" murió a consecuencia del hambre o del frío. Nadie lo sabrá. Pero sus más allegados saben que murió en la calle con todo su universo de fantasías y propiedades dentro del raído maletín que portaba. Nunca ocultó nada ni simuló lealtad.

En su ética de ampalla loco, nunca agredió a nadie, ni dio puñetazos, ni estrallones que mancharan su integridad en el campo de juego, a cambio de posiciones sociales que lo hicieran "digno" o merecedor de viajes, un techo o un automóvil, que hoy obsequian como premio a algunos árbitros por su defensa a los principios del socialismo.

"El Cúcara" murió en su casa, la calle, demente, marginado, sucio, hambriento y necesitado. Quizás murió como él quería, rodeado de gente que cada domingo le pedían ampallar. Murió sin remordimientos ni arrepentimientos, loco en su infinito deseo de ampallar el último juego.



Esta información ha sido transmitida por teléfono, ya que el gobierno de Cuba controla el acceso a Internet.
CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente
.

IMPRIMIR



PERIODISTAS EN PRISION

PRENSAS
Independiente
Internacional
Gubernamental
IDIOMAS
Inglés
Francés
Español
SOCIEDAD CIVIL
Cooperativas Agrícolas
Movimiento Sindical
Bibliotecas
DEL LECTOR
Cartas
Opinión
BUSQUEDAS
Archivos
Documentos
Enlaces
CULTURA
Artes Plásticas
El Niño del Pífano
Octavillas sobre La Habana
Fotos de Cuba
CUBANET
Semanario
Quiénes Somos
Informe Anual
Correo Eléctronico

DONACIONES

In Association with Amazon.com
Busque:

Palabras claves:

CUBANET
145 Madeira Ave, Suite 207
Coral Gables, FL 33134
(305) 774-1887

CONTACTOS
Periodistas
Editores
Webmaster