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Fidel Castro el Gladiador
Wenceslao Cruz, Libertad
Digital, España, 17 de mayo de 2004.
Ya en la entrevista que le hiciera su amigo Oliver
Stone, el dictador cubano hizo ver su pasión
por la película "Gladiator" de
Ridley Scott. Y como si de un circo romano se
tratara, Castro dirigió este viernes 14
de mayo una nueva y teatral marcha. En el discurso
inaugural -que pudo hacer sin desmayarse- se llamó
a sí mismo gladiador y como tal le decía
a Bush, según él, el César:
"Los que van a morir te saludan" y lamentaba
que "Bush estaría a miles de kilómetros
cuando él estaría en la primera
línea de combate".
Esta inusual valentía de alguien que,
desde su juventud, era capaz de disparar por la
espalda a un candidato estudiantil como Leonel
Gómez -por ser el favorito para ganar unas
elecciones- es digna de estudio por la psiquiatría.
Ese "arrojo" por querer enfrentarse
a un enemigo poderoso no se corresponde con el
miedo atroz que le tiene a la expresión
libre de sus ciudadanos. Y aunque el nivel de
cobardía siempre es proporcional a los
abusos que se cometen, nuestro "Gladiador
en Jefe" no parece estar consciente de su
falta de valor, por lo que siempre queda expuesto
a hacer el ridículo.
Lo que ha dicho en Madrid la embajadora cubana
-repitiendo a sus jefes de la Habana- de que se
quiere ahogar por hambre al pueblo cubano es cierto.
Lo que no es cierto es que sean los EE UU. Las
empresas americanas fueron expropiadas en Cuba,
por tanto, no son las que le pagan los sueldos
míseros al cubano. Los americanos no son
los que ponen los precios elevadísimos
a los productos básicos en Cuba, imposibles
de pagar por un trabajador cubano, con el objetivo
de que recurra a sus familiares en el exterior
para que le ayude. Los cubanos exiliados sabemos
muy bien que nosotros no ayudamos a nuestros familiares,
nosotros pagamos un rescate continuo a un secuestrador
que "garantiza" la supervivencia de
sus rehenes y cada vez chantajea más, e
incrementa indiscriminadamente los precios que
van desde una simple llamada telefónica
-solo permitida en un solo sentido, algo que prueba
la incomunicación del rehén- a un
simple medicamento.
Querer culpar a los americanos de la situación
cubana actual es intentar disfrazar el fracaso
social, político y económico de
una forma tan absurda que -para desmentirlo- sólo
hace falta remitirse a cuando existía el
CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica),
donde la economía era sostenida por los
aliados comunistas a cambio del posicionamiento
político e ideológico común,
y del asesoramiento y envío de tropas militares
cubanas a conflictos internacionales -ya sea para
ocasionarlos o para ponerse del lado de una de
las partes- a nombre de un llamado "Internacionalismo
proletario". En ese tiempo a Castro nunca
le interesó comerciar con quien representa
a los ciudadanos que expropió.
Pero ni en el tiempo en que Fidel recibía
un jugoso pago por tener la libertad de todo un
pueblo hipotecada mejoró sustancialmente
el nivel de vida del cubano. Cuba, sin ser productora
de petróleo, llegó a exportar parte
del que le "regalaba" la URSS sacrificando
el consumo -tanto directo como indirecto- de sus
ciudadanos. Eso sí, el dinero para la verdadera
injerencia en Latinoamérica y otras partes
del mundo estaba garantizado.
El valeroso tirano -con su habitual cinismo-
considera injerencistas unas medidas que no van
avaladas con tropas. Las medidas no se escudan
bajo el nombre de "Internacionalismo proletario"
ni llevan sangre a un pueblo diferente. Se sostienen
en el derecho internacional que deben tener los
ciudadanos de estar informados, de que se respeten
sus derechos y las violaciones de esos derechos
sean conocidas y condenadas por los países
que comparten los valores e ideales de libertad
y democracia. Se sostienen por un concepto de
solidaridad incapaz de comprender por un esquizofrénico
payaso que se cree un gladiador pisando la arena,
cuando lo que pisa es la tierra desértica
en que ha convertido un gran país.
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