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SOCIEDAD
El refrigerador
Adrián Leiva, Grupo Decoro
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Comenzaba
a amanecer cuando mi madre me despertó
para anunciarme una desagradable noticia. El refrigerador
se había roto. Tal vez en otro lugar ésta
no sea una gran preocupación, salvo los
inconvenientes temporales que crea. Pero en el
caso de los cubanos éste es un acontecimiento
que constituye un desastre tecnológico,
que prepara el terreno de nuestro entorno para
los más angustiosos pensamientos. Y no
es para menos.
El viejo Westinghouse fabricado en el año
1955, proeza de la industria de esos tiempos y
guerrero de tantas batallas, había sucumbido
finalmente. Todo lo que existe tiene que concluir
su ciclo. Mi refrigerador no tenía vida
eterna. Pero de no haber tenido que soportar durante
la última noche de su vida los cortes eléctricos
seguidos e intermitentes de un apagón,
quizás hubiera durado un poco más.
Cuando estas interrupciones de energía
ocurren, al restablecerse el servicio se genera
un voltaje superior al normal. Esto contribuye
al mal funcionamiento de los motores por recargarse
de manera brusca y las unidades de los equipos
terminan quemadas. Precisamente los aparatos de
refrigeración son los más sensibles
a estas afectaciones.
Comprar un nuevo aparato es casi imposible para
muchos nacionales, pues éstos sólo
se comercializan en dólares y a un precio
demasiado elevado para que el bolsillo de un simple
trabajador, cuya única solución
es solicitar los servicios de reparación
del ministerio de Comercio Interior.
Pero lo que realmente ocurre es que desde hace
años faltan piezas, lo que imposibilita
la mayoría de las veces que estas solicitudes
o servicios sean efectivamente prestados. Las
inscripciones en las listas para reparaciones
se siguen acumulando, y la espera puede alcanzar
años.
Sin embargo, existe una tercera vía de
solución: recurrir a los mecánicos
particulares que, de manera casi clandestina,
reparan las unidades selladas y dan otros servicios
a precios que pueden alcanzar entre cuarenta y
cincuenta dólares o su equivalente en moneda
nacional.
Esta es la forma más recurrida por la
población para solucionar las averías
de sus refrigeradores, aunque tampoco constituye
un recurso fácil para la maltrecha economía
del cubano promedio. Se requiere acumular el dinero
necesario ahorrándolo durante meses, lo
que significa el sacrificio de otras necesidades.
El imperativo de tener agua fría en un
clima que casi todo el año excede los 25
grados centígrados y la urgencia de guardar
los magros productos alimenticios para que duren
lo más posible, hacen que la tenencia de
un refrigerador sea vital para la vida del hogar.
El refrigerador se convierte en parte de la familia.
Cuentan que una conocida actriz de la televisión
cubana le puso nombre al suyo y lo trataba como
a su mascota preferida. Que me lo digan a mí
que estoy llorando por la muerte técnica
del mío. Este fue adquirido por mis padres
cuando se casaron. Estuvo presente en mi nacimiento
y ha permanecido fiel, acompañándonos
con su ronroneo en todos los acontecimientos importantes
sufridos por nuestro clan.
Él guardó las cervezas de la despedida
de mi hermano cuando partió al exilio.
Con él hemos sufrido las privaciones que
han despoblado su interior. También hemos
luchado contra los achaques anteriores, logrando
siempre su recuperación. Hoy todos los
esfuerzos han sido imposibles.
Y mientras no nos decidimos a materializar su
entierro, observamos la carcaza inservible e inmóvil,
que no deja descendencias para nuestro consuelo.
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