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SOCIEDAD
La vida no vale
nada
Ana Leonor Díaz, Grupo
Decoro
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - El pequeño
Rockfrank perdió la vida de la manera más
irresponsable y aún sin saber cómo
vivirla: tenía dos años.
El niño, como todas las mañanas,
de lunes a viernes, fue llevado el martes 4 de
mayo por sus padres y junto a su hermano de 4
años a la guardería infantil que
se encuentra a 50 metros de distancia de la casa
donde vivía. No había nada que temer.
La guardería infantil "Los Caribitos",
un viejo caserón arruinado en la calle
9na. Entre K y L, en el Vedado, conoció
tiempos mejores cuando se fundó en la década
de los años sesenta para cuidar a los hijos
de profesores y trabajadores de la universidad
de La Habana.
Pero como todos los llamados círculos
infantiles en Cuba, sufrió para siempre
los efectos de la crisis económica que
ya cumple 14 años: falta de higiene, alimentos,
personal, mobiliario, y un sinfín de etcéteras.
"Los Caribitos" se convirtió
en un sitio inadecuado para cuidar a los hijos
de madres trabajadoras, las que no pueden permitirse
el lujo de pagar cien pesos devaluados (4 dólares)
al mes a cuidadoras particulares (antiguas empleadas
de guardería) que ofrecen muy buenas condiciones
para el cuidado de infantes, aunque son muy pocas,
porque el gobierno limitó las licencias
para operar guarderías particulares.
No se sabe, y los padres se lo preguntan todavía,
dónde estaba la cuidadora (en Cuba se les
llama educadoras) del niño. Lo cierto es
que el pequeño apareció ahogado
dentro de un cubo de agua. Para aumentar el tono
macabro del caso, fue el hermano mayor de Rocfrank
quien lo encontró, luego de buscarlo por
todas partes, y quien avisó a los mayores.
El médico asignado al círculo no
estaba allí, ni tampoco la directora, aunque
uno se pregunta qué importancia tenía
para llevarlo a la policlínica de la calle
Línea y L que, en línea recta sobre
el parque está frente al círculo
y no llega a los cien metros de distancia.
Rocfrank llegó asfixiado y pudieron sacarlo
del paro cardíaco, pero a las 4 horas hizo
una bronco aspiración (ya tenía
mucho agua en los pulmones), o eso le dijeron
a los padres. El caso es que el niño falleció.
Los vecinos distraídos, próximos
al círculo, pensaron que de nuevo había
venta de ropa reciclada (ropa de muertos le dicen
aquí) como ya era frecuente en la acera
de la guardería. Pero se trataba de padres
y curiosos que se acercaron a indagar. Horas después,
como ya es habitual en estos casos, la policía
tendió un cordón e invadió
con peritos de criminalística la zona,
alertados por la Dirección Provincial de
Salud. Por horas, los sabuesos de dos patas interrogaron
al personal de la guardería, escaso y mal
preparado para su delicada labor.
No se sabe a qué inteligente conclusión
llegaron, y posiblemente a "la educadora",
con decenas de niños a su cargo, la acusen
y juzguen por negligencia criminal en un impío
tribunal. Pero lo más probable es que extinga
la sanción en su casa, si como muchas de
esas trabajadores es madre ella misma; mientras
que el médico y la huidiza directora reciban
una amonestación. Nada, que como dice una
canción de Pablo Milanes, en Cuba, la vida
no vale nada.
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