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SOCIEDAD
Capricho oficial
Richard Roselló
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Félix
Fiallo acudió con su acostumbrada cortesía
el pasado sábado 8 a quejarse por el ruido
de unas bocinas colocadas en una tienda shoping
de la cadena TRD, a unos pasos de su casa, según
cuenta un vecino.
Fiallo, residente en Avenida 73 entre 60 y 64
en el municipio Batabanó, imploró
que bajaran el volumen de la música porque
dañaba su salud. También la tranquilidad
del vecindario, señaló la fuente.
Fiallo presenta un serio problema temporal en
su oído izquierdo y huye ante cualquier
contaminación acústica. Es así
que en su propia casa, ha educado a sus hijos
a utilizar audífonos. Y no exagera.
Aclara el vecino que la respuesta recibida por
el perjudicado puede hacer pensar que la naturaleza
de aquéllos que infringen la tranquilidad
están muy distante al dolor humano. Más
adelante cuestiona.
"Justificar que la música alta no
la quitan porque estaban en una feria y que ello
era un asunto de cultura es un concepto marginal
de la justicia. Ni siquiera las gestiones de Fiallo
con la policía, a la que trasladó
las quejas, tuvo la respuesta correcta, pues también
la justificación de ésta fue que
era un asunto de cultura", añade el
vecino del perjudicado. "En realidad no había
ninguna feria ni nada que se le parezca. La tienda
TRD, además de su venta interna colocó
una en vitrina en el portal para brindar nuevas
ofertas por el Día de las Madres. Era más
ruido que venta lo que allí se veía".
El vecino de Batabanó se pregunta si la
música alta justifica mayor ganancia y
cuestiona si el Sectorial de Cultura municipal,
al colocar aquella estridente música en
una tienda donde no es común verse, indagó
cuánto daño ocasionaban en ancianos,
entre ellos la nonagenaria suegra de Fiallo que
allí vive.
Comprendo el sentimiento de impotencia que embarga
a Fiallo por la respuesta recibida y la indiferencia
con que ambas entidades y autoridades tomaron
el asunto. Lamentablemente las quejas de Fiallo
no hicieron el ruido necesario para frenar ese
acto que le duró, ese día, siete
amargas horas de sufrimiento, más otras
extras al siguiente.
"Ruido hicieron esas grandes bocinas que
quebrantaron la tranquilidad de la cuadra y la
salud de los residentes. Y ruidos cotidianos producto
de esa música en otros sitios del municipio
no son más que un producto de la indolencia
de quienes lo generan como quienes lo aprueban",
señaló el testigo, quien se pregunta
también si es ésa es la cultura
que nos quieren imponer.
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