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OLA
REPRESIVA
Vázquez Portal de
nuevo en huelga de hambre
Yolanda Huerga, esposa de Manuel
Vázquez Portal
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Hoy es 3
de mayo, día en que entregarán en
Belgrado el Premio de Libertad de expresión
de la UNESCO concedido a Raúl Rivero. Blanca
Reyes, su esposa, me invitó a una especie
de celebración que ofrecería en
su casa, en respuesta a la negativa del gobierno
cubano a su solicitud de viajar a recibir el premio.
Yo la telefoneé y me disculpé como
pude, porque no me siento con ánimos de
reuniones de ese tipo aunque sea para acompañar
a mi amiga, que sufre como yo la pena de tener
a su marido preso injustamente.
Lo que me aflige y me impide que esté
con Blanquita en estos momentos es que acabo de
regresar de la Prisión de Boniato, donde
se encuentra recluido mi esposo, Manuel
Vázquez Portal, cumpliendo una condena
de 18 años por ejercer el derecho de expresar
su opinión libremente. El 30 de abril de
2004 fue el día reglamentado por las autoridades
carcelarias para la visita familiar que cada tres
meses le conceden los mandatarios cubanos a los
presos políticos del grupo de los 75.
Llegamos a Boniato con el corazón contento.
Apenas el reloj marcaba las 9 de la mañana
y no nos hicieron esperar mucho en la antesala
del establecimiento penitenciario, en menos de
una hora nos estaban llamando para entrar a la
cárcel.
Ya habíamos olvidado las dificultades
que sufrimos para conseguir los pasajes y para
trasladarnos en tren en un viaje de 14 horas,
yo sentada en una silla de ruedas debido a una
fractura que me produjo en la pierna un pequeño
accidente. Ibamos Gabriel, el niño de Manuel
y mío; Manolo, hijo de Manuel; Xiomara,
su hermana, que me sirve bondadosamente de enfermera,
y yo.
Tampoco recordábamos el cansancio del
peregrinaje por las tiendas de La Habana, buscando
productos que se conservaran sin refrigeración
por largo tiempo y que, además, fueran
lo más nutritivos posible para que nuestro
Manuel pudiera sobrevivir en ese cementerio de
cadáveres vivientes, como él mismo
la definió, que es la Prisión de
Boniato.
Vino a buscarnos un guardia, como siempre, y
comenzamos la ascensión de la loma del
penal. A mí por estar en silla de ruedas
y a Manolo que la empujaba nos dejaron pasar por
la entrada de los trabajadores del centro penitenciario,
ya que la silla es más ancha que la acera
pavimentada de lajas y enrejada con cerca peerless
que se emplea para conducir a los familiares de
los presos.
A la requisa de la jaba yo no pude entrar, pues
era tan angosto el pasillo que conducía
al lugar designado para realizar ésta que
mi silla de ruedas no pasaba, y tuve que quedarme
esperando en la parte exterior, mientras mi cuñada
y mi hijastro sometían nuestros bastimentos
al minucioso escrutinio de los carceleros.
Más tarde, ya fuera de ese lóbrego
sitio, me contaron cómo había sido
la supervisión de la jaba: Cuando entraron
cargados con los pesados bultos de nuestros víveres,
uno de los guardias les espetó que sólo
eran 30 libras de peso y 48 cajas de cigarros.
Que no se podía pasar ningún tipo
de proteína, ni aromatizante, ni repelente
para los insectos ni siquiera una baraja que habíamos
llevado (supongo que pensarían que Manuel
es cartomántico y podría adivinarles
el futuro). Mi hijastro le preguntó al
"jefe supervisor" qué respaldaba
estas medidas con presos a los que se les llevaban
provisiones cada tres meses. El "jefe"
contestó que eran órdenes superiores.
Entonces Manolo le dijo: "Usted tiene que
tener un documento que lo respalde". Sin
responder, el guardia salió y trajo un
papel que no le permitieron leer pero que Manolo
pudo atisbar que estaba encabezado ANEXO 2 PARA
EL PROCEDIMIENTO EN LA OPERACIÓN OFENSIVA
2.
A las 11:50 nos entraron al lugar en que se efectuaría
la visita, que consistía en una especie
de salón de reuniones pequeño con
una mesa oval en el centro, rodeada de algunas
sillas. A mi cuñada no la dejaron ver a
su hermano (ley: dos adultos y tres hijos menores)
y la obligaron a permanecer de pie en un pequeño
cuarto, sin poder salir de la cárcel durante
el tiempo que duró la visita.
Cuando pudimos abrazar a Manuel ya le habían
quitado las esposas. Comenzamos a hablar de esos
temas de que hablamos los que tenemos la desdicha
de tener a un ser amado alejado y sometido a los
rigores desenfrenados propios de la venganza política
del que detenta el poder.
Me contó Manuel de los desmanes que cometen
con los presos en la prisión. Dice que
a Emni Hechavarría, un preso común
que llevaba cantando corridos mexicanos tres días,
lo encerraron con uno de los perros entrenados
y después que éste lo desguazó
lo llevaron a coser sus heridas al hospital y
lo devolvieron a la cárcel.
Otro preso, Gabriel Felimón, el cual estaba
en huelga de hambre debido a las pésimas
condiciones de la comida del penal, cuando ya
estaba deshidratado le pusieron un suero para
reanimarlo. Este preso se cosió los labios
con fibras de nylon para no comer. También
Rolando Iglesias, quien desde tiempo atrás
estaba solicitando atención médica
psiquiátrica, se embarró todo el
cuerpo de heces fecales y trepó un muro
altísimo para llamar la atención
de las autoridades.
Cuenta Manuel que un mayor de la Seguridad fue
a amenazarlo y a hostigarlo y que le dijo que
era un pagado del imperio. Manuel le contestó
que hasta hacía unos años ellos
eran pagados por la Unión Soviética;
el oficial le dijo: "Respéteme, que
yo soy un mayor", a lo que mi esposo respondió:
"¿Usted un mayor? Mayor era Ignacio
Agramonte".
Narra Manuel que continúa en las mismas
infrahumanas condiciones en que está desde
que cayó preso, en una celda mugrienta
porque no hay agua para limpiarla (el preciado
líquido falta en la prisión desde
más de un mes, sólo la ponen algunos
días cinco minutos). Tiene como única
compañía las ratas y todo tipo de
insectos incluyendo nubes de mosquitos (pero no
permiten llevarle repelente ni veneno para ratas
y cucarachas). Cuando cae la noche se queda totalmente
a oscuras, pues su celda no tiene bombillo (ni
permiten llevárselo). Le suspendieron la
dieta que le había indicado el médico
debido a su estado de salud (bula enfisematosa
y presión alta) y que consistía
en arroz, agua de frijoles y picadillo de soja.
No puedo imaginar lo que comerán sin dieta.
Esta dieta se la habían aplicado el 18
de marzo de este año, después de
rechazar la comida durante 21 días, y ya
se la suspendieron porque dicen que no tienen
condiciones en la prisión para seguirla
suministrando. A pesar de haber pedido atención
religiosa en incontables ocasiones se le niega
sistemáticamente. Bromea con la espantosa
peste del retrete diciendo que no vive en una
celda sino en una letrina.
Cuando transcurrió una hora de la visita,
en la que extrañamente nos habían
dejado solos, pero encerrados, Manolo llamó
al guardia que estaba afuera de custodia y le
solicitó salir para que pudiera entrar
su tía. Negativo. Eso podía resultar
una conspiración contra la seguridad nacional.
Ya al final de la visita, cuando le informamos
a Manuel que sólo le dejaban pasar 30 libras
de la jaba, me acarició y me dijo: Comenzaré
hoy una huelga de hambre como protesta a esta
medida, que no persigue otro fin que el de debilitarnos
físicamente hasta matarnos lentamente por
inanición; o me permiten entrarlo todo
o rechazo todo. La respuesta fue que nos lo lleváramos
todo.
La Seguridad del Estado incautó dos libros
de los que le llevé en la visita anterior:
Otra grieta en la pared, de Fernando Ruiz, y una
biografía de Nerón, el famoso emperador
romano. El libro de Ruiz, que versa sobre la nueva
prensa cubana, lo entiendo a pesar de que lo habían
dejado pasar, pero el que me rompo la cabeza pensando
por qué lo consideran subversivo es el
que trata sobre Nerón. ¿Habrán
hecho algún tipo de comparación?
Salimos tristes de la cárcel, detrás
se nos quedaba un pedazo de alma. Qué será
de Manuel sin comida, sin aseo, sin medicinas,
sin libros. En huelga de hambre, porque es la
única manera de protestar contra las arbitrariedades
del régimen penitenciario. Y yo rogándole
a Dios que nos perdonara a los cubanos por haber
soportado tantos años este mal que padecemos.
Por eso no puedo estar con Blanquita Reyes, una
de mis compañeras de infortunio, en su
acto por la entrega del premio de Raúl
Rivero.
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