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PRISIONES
Claman por justicia
condenados de la Operación Coraza
SANTA CLARA, 7 de mayo (Javier Machado,
Cubanacán Press / www.cubanet.org) - El
23 de enero de 2003 Cuba amaneció más
temprano que nunca. Fuerzas combinadas de la PNR,
el DTI, DSE y Tropas Especiales acompañados
con perros amaestrados comenzaron la ardua jornada
en la que miles de cubanos entre culpables e inocentes
fueron llevados a las celdas de las unidades de
instrucción y del Departamento de Seguridad
del Estado.
En Camagüey, como en el resto de las provincias,
se montaron aparatosos operativos policiales donde
las cámaras de vídeo filmaron hasta
el más mínimo detalle y los policías
utilizaron guantes protectores para evitar el
contagio con los estupefacientes que debían
encontrar. En el Departamento Técnico de
Investigaciones del reparto Montecarlos las oscuras
y antihigiénicas celdas, sin ventilación,
agobiaron a los jóvenes allí hacinados
y maltratados con el asfixiante calor, los sacos
de hierba como colchón, las cucarachas
transitando a su libre albedrío y los incesantes
interrogatorios a cargo de los verdugos con manos
de seda y sin ningún respeto por la ley
que dicen representar.
La sede de la Seguridad del Estadio fue fragua
de las más increíbles mentiras de
los procesos judiciales que puede recoger la historia
de la jurisprudencia cubana. "Nosotros somos
los que mandamos en Cuba y tenemos los tribunales
bajo nuestras órdenes", repetían
los instructores. Palabras santas. Así
ocurrió en todos los casos.
En el tribunal de la Sala de los Delitos contra
la Seguridad del Estado del Tribunal Popular Provincial
se habían celebrado la mayoría de
los juicios. A finales de febrero, a unas ocho
decenas de acusados le habían aplicado
la friolera de cerca de 2000 años de cárcel,
con la brillante actuación de José
Felipe García Rodríguez como presidente
del tribunal, conformado por nueve jueces más.
Pero lo que más llama la atención
de los involucrados en la Operación Coraza
y sus familiares es la parcialidad del único
tribunal actuante y el trabajo de cuatro fiscales
seleccionados y adiestrados para emprender la
tarea a nombre del pueblo y de la revolución,
donde la pobre doncella, llamada "justicia"
ha sido mancillada y violada impunemente.
"En una sociedad de derecho y democracia
como nuestra constitución define, no se
pueden realizar arbitrariedades de tamaña
magnitud porque eso significa violar la justicia,
violar los derechos humanos, violar el código
penal y mirar de reojo el trabajo de los abogados
de la defensa", dice una carta abierta sacada
clandestinamente de la prisión Kilo 7 y
firmada por 44 afectados, sancionados a penas
de cárcel entre 18 y 64 años.
El documento especifica que no puede faltar en
la lista de firmantes la de Leonel Rodríguez
Díaz quien cumplía el 1ro de marzo,
fecha de la carta, 50 días sin ingerir
alimentos y que por tal motivo se encontraba ingresado
en la sala I de penados del hospital Amalia Simoni
de la ciudad de Camagüey, en protesta ante
la injusta sanción que le impusieron y
con la decisión de morir antes de aceptar
la culpabilidad.
La misiva recuerda la historia de los hechos,
las truculencias de los procesos judiciales y
pide que se haga verdadera investigación
y justicia. "Esa es la razón por la
que pedimos a las instituciones y organismos que
a nombre de la justicia y la libertad, se hagan
eco de nuestro clamor porque la lucha contra las
drogas no puede convertirse en un arma incontrolada
contra personas inocentes. Pero, ¿dónde
está la droga? Desde nuestro injusto cautiverio
¡¡Pedimos justicia!!"
Junto a la batida contra las drogas también
se arremetió contra los trabajadores por
cuenta propia, elaboradores, fábricas clandestinas,
en fin personas que luchaban contra la asfixia
económica que amordaza al país.
Pero dos meses después de la Operación
Coraza, la nomenclatura cubana aprovechaba el
comienzo de la guerra de Irak y sin respetar que
ya sesionaba la Comisión de Derechos Humanos
de Ginebra, golpeó demoledoramente contra
los verdaderos núcleos del cambio, fomentados
horizontalmente en una sociedad que intenta abrirse
paso hacia la democracia.
Setenta y cinco disidentes, líderes comunitarios
y gremiales, periodistas independientes, bibliotecarios
así como destacadas figuras de las letras
y la poesía, quedaron bajo arresto en operativos
tan aparatosos como los de la "Operación
Coraza". La ola represiva contra los núcleos
alternativos embrionarios como segmentos portadores
de la democracia, ha sido bautizada como "La
Primavera Negra de Cuba", pero tanto ella
como la "Operación Coraza"; son
actos sinónimos de prepotencia, demostrativos
de que en el feudo, manda el señor feudal
aunque con sus caprichos se viole "la pureza"
de los principios de la revolución más
perfecta y democrática sobre la faz de
la tierra.
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