PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 10, 2004

PRISIONES
Claman por justicia condenados de la Operación Coraza

SANTA CLARA, 7 de mayo (Javier Machado, Cubanacán Press / www.cubanet.org) - El 23 de enero de 2003 Cuba amaneció más temprano que nunca. Fuerzas combinadas de la PNR, el DTI, DSE y Tropas Especiales acompañados con perros amaestrados comenzaron la ardua jornada en la que miles de cubanos entre culpables e inocentes fueron llevados a las celdas de las unidades de instrucción y del Departamento de Seguridad del Estado.

En Camagüey, como en el resto de las provincias, se montaron aparatosos operativos policiales donde las cámaras de vídeo filmaron hasta el más mínimo detalle y los policías utilizaron guantes protectores para evitar el contagio con los estupefacientes que debían encontrar. En el Departamento Técnico de Investigaciones del reparto Montecarlos las oscuras y antihigiénicas celdas, sin ventilación, agobiaron a los jóvenes allí hacinados y maltratados con el asfixiante calor, los sacos de hierba como colchón, las cucarachas transitando a su libre albedrío y los incesantes interrogatorios a cargo de los verdugos con manos de seda y sin ningún respeto por la ley que dicen representar.

La sede de la Seguridad del Estadio fue fragua de las más increíbles mentiras de los procesos judiciales que puede recoger la historia de la jurisprudencia cubana. "Nosotros somos los que mandamos en Cuba y tenemos los tribunales bajo nuestras órdenes", repetían los instructores. Palabras santas. Así ocurrió en todos los casos.

En el tribunal de la Sala de los Delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal Popular Provincial se habían celebrado la mayoría de los juicios. A finales de febrero, a unas ocho decenas de acusados le habían aplicado la friolera de cerca de 2000 años de cárcel, con la brillante actuación de José Felipe García Rodríguez como presidente del tribunal, conformado por nueve jueces más.

Pero lo que más llama la atención de los involucrados en la Operación Coraza y sus familiares es la parcialidad del único tribunal actuante y el trabajo de cuatro fiscales seleccionados y adiestrados para emprender la tarea a nombre del pueblo y de la revolución, donde la pobre doncella, llamada "justicia" ha sido mancillada y violada impunemente.

"En una sociedad de derecho y democracia como nuestra constitución define, no se pueden realizar arbitrariedades de tamaña magnitud porque eso significa violar la justicia, violar los derechos humanos, violar el código penal y mirar de reojo el trabajo de los abogados de la defensa", dice una carta abierta sacada clandestinamente de la prisión Kilo 7 y firmada por 44 afectados, sancionados a penas de cárcel entre 18 y 64 años.

El documento especifica que no puede faltar en la lista de firmantes la de Leonel Rodríguez Díaz quien cumplía el 1ro de marzo, fecha de la carta, 50 días sin ingerir alimentos y que por tal motivo se encontraba ingresado en la sala I de penados del hospital Amalia Simoni de la ciudad de Camagüey, en protesta ante la injusta sanción que le impusieron y con la decisión de morir antes de aceptar la culpabilidad.

La misiva recuerda la historia de los hechos, las truculencias de los procesos judiciales y pide que se haga verdadera investigación y justicia. "Esa es la razón por la que pedimos a las instituciones y organismos que a nombre de la justicia y la libertad, se hagan eco de nuestro clamor porque la lucha contra las drogas no puede convertirse en un arma incontrolada contra personas inocentes. Pero, ¿dónde está la droga? Desde nuestro injusto cautiverio ¡¡Pedimos justicia!!"

Junto a la batida contra las drogas también se arremetió contra los trabajadores por cuenta propia, elaboradores, fábricas clandestinas, en fin personas que luchaban contra la asfixia económica que amordaza al país. Pero dos meses después de la Operación Coraza, la nomenclatura cubana aprovechaba el comienzo de la guerra de Irak y sin respetar que ya sesionaba la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra, golpeó demoledoramente contra los verdaderos núcleos del cambio, fomentados horizontalmente en una sociedad que intenta abrirse paso hacia la democracia.

Setenta y cinco disidentes, líderes comunitarios y gremiales, periodistas independientes, bibliotecarios así como destacadas figuras de las letras y la poesía, quedaron bajo arresto en operativos tan aparatosos como los de la "Operación Coraza". La ola represiva contra los núcleos alternativos embrionarios como segmentos portadores de la democracia, ha sido bautizada como "La Primavera Negra de Cuba", pero tanto ella como la "Operación Coraza"; son actos sinónimos de prepotencia, demostrativos de que en el feudo, manda el señor feudal aunque con sus caprichos se viole "la pureza" de los principios de la revolución más perfecta y democrática sobre la faz de la tierra.



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