PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 10, 2004

POLITICA
Testigos de Varela

Miguel Saludes

LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Cuando este lunes 10 de mayo amanezca sobre Cuba, se completarán dos años desde que se realizara aquella entrega de 10 mil firmas que avalaban al primer proyecto cívico realizado en cuatro décadas de sistema totalitario en Cuba. Tras ardua labor, durante poco más de un año, se había movido la conciencia de miles de personas que dijeron sí a la propuesta de referendo. Realmente la campaña de promoción y recogida de firmas comenzó algunos años antes, pues la idea estaba materializada desde 1996. Pero no es la historia del proyecto el objetivo de esta reflexión. Es simplemente recordar ese momento memorable, que ha quedado suspendido en el tiempo y que permanece latente porque todo lo que inhumanamente se hizo por desvirtuarlo, destruirlo y aplastarlo, no ha sido suficiente para suprimir la necesidad y justeza de las cinco propuestas en que se sustenta.

Ahora tratan de hacer ver que la letra del Proyecto Varela está muerta, que es cuestión finita y solucionada. Sin embargo, ahí permanecen los justos reclamos sin respuesta. Seguimos sin libertades cívicas, económicas y políticas. En las cárceles cubanas se encuentra un grupo numeroso de los que llevaron adelante este Proyecto, y que no fueron solamente los Testigos de Payá, como les llama Roberto Luque Escalona a los que apoyan, supuestamente de manera incondicional, al líder disidente cubano. Fueron muchos los que, a pesar de las maniobras realizadas por extraños opositores, se impusieron a las divisiones existentes, y más que seguidores de una persona se convirtieron en animadores de la sociedad democrática en ciernes. Dejando actitudes de pequeñez política y cerrazones grupales o de partido, se sumaron a la campaña ciudadana por el Proyecto Varela, haciendo lo que al menos yo siempre anhelé: hacerlo suyo. Fue éste el factor que hizo posible que aquel signo hecho realidad el 10 de mayo.

Cuando los portadores de las cajas conteniendo las boletas llegaron a la sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular, puede decirse que había comenzado una nueva etapa en la historia de Cuba. Esa imagen recogida en la memoria nacional, tiene desde ahora una página reservada en el libro donde se graban los acontecimientos de nuestra gesta como pueblo. No fue un hecho trasplantado desde el exterior, ni mucho menos elaborado por superagentes de la inteligencia occidental. Soy testigo de la autenticidad que inspiró la hechura del Proyecto Varela; su creación desde las más profundas raíces de nuestra cubanidad. De nada vale que se les haya llamado mercenarios a los que colaboraron en su puesta en marcha. No hay dinero en el mundo que pueda pagar los desvelos, sinsabores e incomprensiones sufridas por los que asumieron esa tarea, quizás sin saber la magnitud de lo que hacían. Posiblemente en eso tenga razón el articulista del Diario de las Américas. Sólo los testigos de algo pueden predicar a tiempo y destiempo en lo que creen. La diferencia es que no es un grupo de fanáticos, prestos a entronizar otra nueva leyenda personal. Si de algo han sido testigos los seguidores del Proyecto Varela, es de una historia dura en la que se han compartido días difíciles. Son también testimonio de que la libertad es una palabra que se pronuncia fácilmente, pero el costo de hacerla posible a veces llena volúmenes de historia.

Aún recuerdo las emociones vividas ese día cuando el mundo conoció que se había logrado lo que parecía imposible. Las reacciones de cubanos, tanto de la isla como de los que viven fuera de ella. Sobre todo la alegría de estos últimos expresada en sus llamadas. Desde México, Honduras, Argentina, Nueva York, Berlín y Estocolmo, se recibían palabras de ánimo y solidaridad. Cuántas esperanzas despertaron aquella mañana. Sólo con ello bastaría para sentir la satisfacción de haber puesto un grano de arena en tan magno evento.

A pesar de los agoreros, testigos de la ilegitimidad, que siguen haciendo su labor proselitista tratando aún de demostrar que el Proyecto Varela no está acorde con lo estipulado dentro de la Constitución, este proceso mantiene su vigencia plena. A pesar de nuevas iniciativas, listas de peticiones, propuestas para establecer oficinas representativas reconocidas por el Estado, proyectos que propongan el cielo cuando aún no tenemos la tierra, el instrumento que sigue marcando las pautas para el camino democratizador de nuestra sociedad sigue abierto a la respuesta, validado por cientos de firmas de opositores, de ciudadanos simples, de los que desdichadamente han muerto durante el proceso o se han marchado del país. El derecho reclamado pacífica y constitucionalmente está expresado en esas boletas. En ellas permanecen los que siguen presentes, los ausentes y aquéllos que cada nuevo 10 de mayo se levantan con el deseo renovado de que se produzcan cambios que mejoren sus vidas. No es una utopía inalcanzable. Son las propuestas razonables a que aspira cualquier sociedad basada en el respeto y en las libertades ciudadanas. Son las expresadas en los cinco puntos del Proyecto Varela aún por alcanzar.



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