PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 10, 2004

DESDE LA CARCEL
"El destino de mi país, de mi pueblo, se me ha convertido en obsesión": Manuel Vázquez Portal

LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - "Alma de carretero atascado que aguijonea a sus bueyes, tengo que pensar -con lo peligroso que se torna pensar- en el destino de una nación que su sátrapa expolia, y niega desvergonzadamente que lo hace, y nos la roba sin dejarnos ninguna alternativa, abusando de una titularidad que hace mucho tiempo el verdadero soberano le retiró, pero que él detenta a pura fuerza castrense", escribió a su esposa el poeta y periodista independiente Manuel Vázquez Portal, condenado a 18 años de prisión.

Cárcel de Boniato, 21 de abril de 2004
Sra: Yolanda Huerga Cedeño

Puchita:
¿Por qué no puedo yo darle reposo a esta cabeza mía que, mientras más vieja, más indagadora, inconforme y sumida siempre en meditaciones complicadas?

¿Qué fatum terrible me signa y no me permite las banalidades que, tan cómodamente, se apoltronan en la mayoría de las cabezas?

Hoy me gustaría, como el poeta español que tanto significó para la poesía cubana -piensa en el grupo Orígenes-, Juan Ramón Jiménez, exclamar: "Dios mío, dame la mediocridad", aunque Dios se burlara preguntándome: ¿más?

Es que no puedo dejar de pensar. El destino de mi país, de mi pueblo, se me ha convertido en obsesión, en un rittornello abrumador y pertinaz. Fácil -aunque muy doloroso en mis circunstancias presentes- sería imaginar lo que hace nuestro Gabriel en este instante, evocar lo que te apesadumbra o contenta en esta hora, colegir las aspiraciones de Manolito, barruntar los sueños esperanzadores -no conoce todavía la crueldad y vacuidad de cuando la esperanza se convierte en espera- de mi hija Tairelsy para su hijo Samuel; en fin esa cotidianidad que hace feliz a tanto ser común.

Pero yo, no. Alma de carretero atascado que aguijonea a sus bueyes, tengo que pensar -con lo peligroso que se torna pensar- en el destino de una nación que su sátrapa expolia, y niega desvergonzadamente que lo hace, y nos la roba sin dejarnos ninguna alternativa, abusando de una titularidad que hace mucho tiempo el verdadero soberano le retiró, pero que él detenta a pura fuerza castrense. Pienso. No puedo dejar de pensar en el triple peligro -aunque se avizora otro, un cuarto- que se cierne sobre ella: la permanencia en ese estado limbático en que el tiempo parece haberse congelado, la asechanza de que el limbo se rompa y dé paso al infierno de una insurrección interior que sería reprimida con fiereza y recrudecería el estado de plaza sitiada que padece la ciudadanía y por último, el tan anunciado Apocalipsis de una agresión armada por parte del "enemigo histórico", más bien, conseguido por la necesidad que todo principado absolutista requiere para mantener el espíritu de confrontación de que depende su existencia.

Ante esa necia tozudez partisana -no tan necia como impostada- de quien hace de lo confrontacional el único asidero para la supervivencia de su política, convocando sin escrúpulos al holocausto, no resta otra opción que acrecentar la sabia, prudente y paciente civilidad, para no ser cómplice, o marioneta ciega, del crimen que supone un estado de guerra real en las circunstancias actuales. La mayor aspiración de todo psicópata belicoso -recordar a la recomendación (petición) a Nikita Jruschov en l962- es ver al mundo envuelto en pólvora. Hay que evitarlo a toda costa. La pólvora y la guerrilla son, ahora mismo, una metáfora, una reminiscencia del pasado en que se quiere, como fósil viviente, eternizar el magno. Es estúpido olvidar que la modernidad ha dotado al hombre de una tecnología de exterminio que deja muy estrecho margen a las utopías espartanas. No es la arrogante intransigencia caudillista, el espíritu de sacrificio, la heroicidad a ultranza lo que determina el desenlace de las batallas en esta hora, aceptar como inteligente que se puede desafiar con el pecho -ajeno casi siempre de quien lo preconiza- un misil de lanzamiento digital o una aviación pilotada por computadoras remotas. Pero esa postura numantina -que implantada en la conciencia como providencial, nos viene desde que los mambises del siglo XIX incendiaron la ciudad de Bayamo antes que entregarla al enemigo español- no es auténtica ya en la élite que la alimenta con plena conciencia del verso del himno, también bayamés: "al combate, corred" (vosotros, ustedes) y asumen una socarrona actitud de "capitanes arañas". A la hora cero todos huyen bajo el pretexto de continuar la sagrada lucha -fundamentalismo también impostado. Ese imaginario no es más que el discurso enmascarado tras el cual se esconde una selección muy racional -maquiavélica diría yo- del arsenal simbólico de la memoria histórica para redespertar un entusiasmo muerto desde la década de los sesenta, que les permita la perpetuación de una usura, ya traspasada -menos en los niveles más altos de la pirámide- a los herederos ortodoxos y dogmáticos que la usufructúan y aprendieron a defenderla con las mismas trácalas.

Frente a eso, qué cabeza honrada puede darse el lujo de reposar. El cuarto peligro -el más horripilante- sería, a la desaparición de nuestro Pitaco particular, el establecimiento de sus vástagos en esa ortodoxia dogmática que elevaría el nepotismo a alturas insospechables.

No puedo dejar de pensar. No hay espacio en mi cerebro para quejas personales, acoquinamientos ideológicos individuales, ¿seré estúpido o estaré infectado por ese virus providencialista que aqueja a la nación romántica que somos, cuando ya el mundo anda en pos multiculturalidad postmoderna que permita la existencia, reconocida y legitimada, de las pequeñas comunidades que conforman la unidad, en mi caso la familia?

No te caliento más la cabeza. Con la mía que bulla basta. Soy el único culpable de llevarla todavía sobre los hombros, y no hay ninguna deidad aquí, como en Las cabezas trocadas, de Thomas Mann, que me la pueda permutar, aunque sea por un coco seco, pero que me permita una mullida inconciencia para dedicarla únicamente a soñarte.

Te amo,
Yo



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