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CULTURA
Rasgando la mordaza
Luis Cino
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Un diálogo
entre los muertos de una típica familia
cubana en un Día de Fieles Difuntos sirve
de pretexto al autor de la obra para reflexionar
sobre la intolerancia, el oportunismo, la mediocridad,
la doble moral y otros rasgos negativos de la
vida en la Cuba actual.
El grupo Pequeño Teatro de La Habana ha
puesto en escena "Mamíferos que hablan
con sus muertos", la más reciente
producción de José Milián,
uno de los dramaturgos medulares de las últimas
cuatro décadas del teatro cubano.
Entre metáforas, alegorías, símbolos
e insinuaciones, los dramaturgos cubanos, en especial
los más jóvenes, están mostrando
en los últimos años una actitud
cada vez más contestataria ante la sociedad
que viven.
Lejanos del realismo de sonrisa triste de Héctor
Quintero, parecen decididos a aprovechar la menor
oportunidad para rasgar la mordaza y continuar
escarbando en las llagas de la sociedad cubana.
En un perenne forcejeo con la censura, y con
la plena complicidad del público asistente
a las salas, han creado las claves de un ingenioso
lenguaje que obliga a leer entre líneas
y a pensar seriamente sobre la realidad nacional.
Hace más de cuatro años, Carlos
Díaz apeló a la controvertida "Calígula",
de Albert Camus. En la inquietante puesta en escena
de su grupo El Público, los miembros de
la guardia pretoriana, ante la estupefacción
de los asistentes, vestían de caqui verde-oliva
y calzaban botas rusas.
Los ataques virulentos de la crítica de
la prensa oficial contra estas obras teatrales
son el menor de los males.
Teatro Escambray, el principal exponente del
teatro revolucionario, en sus incesantes giras
por comunidades campesinas y centros laborales,
fue despiadadamente atacado cuando en los años
90 montó "Los equívocos morales",
pese a que su trama se ubicaba más de un
siglo atrás, en la época de las
guerras independentistas.
En otros casos, los censores se han hecho los
de la vista gorda. Jorge Luis Torres, en "La
Obertura de Josefat" trata los dilemas de
un pintor sometido por miedo al poder, en un reino
lejano y sin nombre; una temática nada
ajena a los creadores de la Isla.
En la premiada "El concierto", del
matancero Ulises Rodríguez Febles, Johnny,
un irreductible fan de The Beatles, reprimido
en los años 60, secuestra la estatua de
su idolatrado John Lennon, colocada en un parque
de El Vedado. Él y sus amigos, hostigados
en su adolescencia por "diversionismo ideológico"
y "extranjerizantes", se sienten con
más derecho sobre Lennon que los que ayer
lo proscribieron y hoy, desafinados, entonan "Imagine"
en las tribunas.
Hace varios años, Teatro de las Nubes,
dirigido por Rolando Tarajano, se valió
eficazmente de personajes-símbolo para
mostrar las desgarraduras de las familias cubanas
en la obra "Mamá", de Ricardo
Alfonso.
Entretanto, los dramaturgos que no quieren buscarse
problemas, pero tampoco entonar loas a la revolución,
se refugian en los clásicos o en una críptica
vanguardia, o siguen acudiendo al absurdo nada
complaciente de Virgilio Piñera, cuya longevidad
en las tablas amenaza superar la de los que lo
persiguieron en vida.
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