PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 5, 2004

SOCIEDAD
Para una postal por el día de las madres

Miguel Saludes

LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - El Día de las Madres está a nuestras puertas. Una vez más una mezcla de alegría y dolor será una característica de este bello día. En Cuba muchas personas tratarán de llegar a los cementerios para poner una flor a la ya desaparecida mamá. Las iglesias se colmarán de fieles que irán a poner una misa por su madre difunta o para agradecer el tenerla viva aún. Entre las risas de alegría no faltarán las lágrimas de una madre por la desgracia de algún hijo. La lejanía del exilio, el dolor por la cárcel o simplemente por la ausencia definitiva que ha roto la lógica del calendario.

Donde hay dolor e incomprensión, hay sufrimiento. Eso ocurre en nuestro mundo de hoy con harta frecuencia. La sociedad cubana no es inmune a esa realidad. Pero por encima de la pena que calla y soporta, está la fuerza del amor que es siempre esperanza. Es el que anida en el corazón de la mujer que se siente madre. Ellas son muchas y cada una tiene un nombre que cada hijo conoce y venera.

Pero hablar de madre implica también hablar de una que tiene dos nombres. Es el día de la madre Cuba, a la que por mamá llamamos Patria. Es la tierra que dio el calor para que nacieran nuestras raíces; ésa que fue tan bien personificada en el filme "La Vida es Silbar" en el cuerpo de una mulata bonachona y dulce. Muchas veces sus hijos, a quienes ella nombra cubanos para no establecer diferencias, nos sentimos abandonados y le reprochamos por todo el mal que nos azota. Por ello a veces la abandonamos, más por nuestra indolencia que por la ausencia, y dejamos de percibir la dicha infinita que significa tener por madre a esta Isla cariñosa y llena de cosas agradables para sus hijos.

Ella no es culpable de los retoños que le han nacido con torceduras, hermanos que no demuestran serlo, y que la hacen sufrir cuando alzan las manos para agredir, la voz para ofender o el poder para aplastar a quien por llevar la misma sangre debieran amar. Ella también llora por el alejamiento de tantos hijos. Sin embargo, éstos no la olvidan. Donde quiera que estén la recuerdan y mientras más alejados, más añoran su presencia. Por ello el vestido tricolor de nuestra mamá Patria está presente en todos esos distantes hogares de sus hijos queridos.

Existe aún otra dimensión espiritual y completamente abarcadora de esa palabra tan profunda en su contenido amoroso. A ésta le llamamos Caridad, o Cacha, que viene siendo lo mismo que amor. ¡Qué bonito que la madre adoptiva de todos los cubanos se llame Amor! Ante ella se postran militares y civiles, comunistas y no comunistas; el disidente y el oficial de la policía política, el perseguido y el perseguidor, los creyentes y los que dicen no creer, hasta que un día se acuerdan de que cuentan con una madre a la que siempre pueden acudir en los momentos duros de la vida. El preso común y el político la llaman por igual en sus plegarias. Ella no conoce de diferencias. A ella le duelen también nuestros pesares. Conoció del dolor humano a los pies del hijo inmolado injustamente y por ello no es ajena a nuestro dolor. Como sabe del sufrir, ama intensamente a los que sufren. Para Caridad no hay hijo que sea malo ni que no pueda cambiar.

Hace unos días una amiga se extrañó de ver su imagen resguardada por el vestido de Patria. Y es que ambas tienen algo en común: estos hijos que les nacemos. Patria es la tierra y Caridad el alma. En esa alma es que cobran vida las montañas y las palmas que tiene en su piel Patria. En el regalo del Hermano Mayor que nos trajo esa alma es que cobra sentido nuestra dignidad humana en la tierra madre que llamamos Patria.

Tengamos presente los cubanos este 9 de mayo dedicado a las madres a esas mujeres sencillas que nos dieron aliento de vida y nos permitieron ser quienes somos. A ellas una flor, una postal y el recuerdo perenne si ya no están. Pero tengamos presente también a esas dos madres que nunca nos van a faltar. A Patria Cuba, que nos acoge en igualdad nacional y a María de la Caridad, que nos escucha siempre en nuestra condición de hermanos. Démosle a todas ellas motivos de alegría y hagamos posible el día en que con más amor en el corazón le podamos ofrecer el mejor regalo con el que un hijo puede hacer feliz a su madre: nuestra paz y armonía nacidas del respeto y la libertad entre todos los que nos reconocemos cubanos.



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