|
SOCIEDAD
Para una postal
por el día de las madres
Miguel Saludes
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - El Día
de las Madres está a nuestras puertas.
Una vez más una mezcla de alegría
y dolor será una característica
de este bello día. En Cuba muchas personas
tratarán de llegar a los cementerios para
poner una flor a la ya desaparecida mamá.
Las iglesias se colmarán de fieles que
irán a poner una misa por su madre difunta
o para agradecer el tenerla viva aún. Entre
las risas de alegría no faltarán
las lágrimas de una madre por la desgracia
de algún hijo. La lejanía del exilio,
el dolor por la cárcel o simplemente por
la ausencia definitiva que ha roto la lógica
del calendario.
Donde hay dolor e incomprensión, hay sufrimiento.
Eso ocurre en nuestro mundo de hoy con harta frecuencia.
La sociedad cubana no es inmune a esa realidad.
Pero por encima de la pena que calla y soporta,
está la fuerza del amor que es siempre
esperanza. Es el que anida en el corazón
de la mujer que se siente madre. Ellas son muchas
y cada una tiene un nombre que cada hijo conoce
y venera.
Pero hablar de madre implica también hablar
de una que tiene dos nombres. Es el día
de la madre Cuba, a la que por mamá llamamos
Patria. Es la tierra que dio el calor para que
nacieran nuestras raíces; ésa que
fue tan bien personificada en el filme "La
Vida es Silbar" en el cuerpo de una mulata
bonachona y dulce. Muchas veces sus hijos, a quienes
ella nombra cubanos para no establecer diferencias,
nos sentimos abandonados y le reprochamos por
todo el mal que nos azota. Por ello a veces la
abandonamos, más por nuestra indolencia
que por la ausencia, y dejamos de percibir la
dicha infinita que significa tener por madre a
esta Isla cariñosa y llena de cosas agradables
para sus hijos.
Ella no es culpable de los retoños que
le han nacido con torceduras, hermanos que no
demuestran serlo, y que la hacen sufrir cuando
alzan las manos para agredir, la voz para ofender
o el poder para aplastar a quien por llevar la
misma sangre debieran amar. Ella también
llora por el alejamiento de tantos hijos. Sin
embargo, éstos no la olvidan. Donde quiera
que estén la recuerdan y mientras más
alejados, más añoran su presencia.
Por ello el vestido tricolor de nuestra mamá
Patria está presente en todos esos distantes
hogares de sus hijos queridos.
Existe aún otra dimensión espiritual
y completamente abarcadora de esa palabra tan
profunda en su contenido amoroso. A ésta
le llamamos Caridad, o Cacha, que viene siendo
lo mismo que amor. ¡Qué bonito que
la madre adoptiva de todos los cubanos se llame
Amor! Ante ella se postran militares y civiles,
comunistas y no comunistas; el disidente y el
oficial de la policía política,
el perseguido y el perseguidor, los creyentes
y los que dicen no creer, hasta que un día
se acuerdan de que cuentan con una madre a la
que siempre pueden acudir en los momentos duros
de la vida. El preso común y el político
la llaman por igual en sus plegarias. Ella no
conoce de diferencias. A ella le duelen también
nuestros pesares. Conoció del dolor humano
a los pies del hijo inmolado injustamente y por
ello no es ajena a nuestro dolor. Como sabe del
sufrir, ama intensamente a los que sufren. Para
Caridad no hay hijo que sea malo ni que no pueda
cambiar.
Hace unos días una amiga se extrañó
de ver su imagen resguardada por el vestido de
Patria. Y es que ambas tienen algo en común:
estos hijos que les nacemos. Patria es la tierra
y Caridad el alma. En esa alma es que cobran vida
las montañas y las palmas que tiene en
su piel Patria. En el regalo del Hermano Mayor
que nos trajo esa alma es que cobra sentido nuestra
dignidad humana en la tierra madre que llamamos
Patria.
Tengamos presente los cubanos este 9 de mayo
dedicado a las madres a esas mujeres sencillas
que nos dieron aliento de vida y nos permitieron
ser quienes somos. A ellas una flor, una postal
y el recuerdo perenne si ya no están. Pero
tengamos presente también a esas dos madres
que nunca nos van a faltar. A Patria Cuba, que
nos acoge en igualdad nacional y a María
de la Caridad, que nos escucha siempre en nuestra
condición de hermanos. Démosle a
todas ellas motivos de alegría y hagamos
posible el día en que con más amor
en el corazón le podamos ofrecer el mejor
regalo con el que un hijo puede hacer feliz a
su madre: nuestra paz y armonía nacidas
del respeto y la libertad entre todos los que
nos reconocemos cubanos.
|