|
POLITICA
Reflexiones alrededor
del Proyecto Varela
Adrián Leiva, Grupo Decoro
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Desde un
principio los activistas del Proyecto
Varela, encabezados por Oswaldo Payá,
tuvieron que sortear los serios escollos levantados
por la Seguridad del Estado y sus elementos encubiertos,
quienes trataron primero de realizar campañas
negativas utilizando la acción de falsos
disidentes, y más tarde abiertamente mediante
detenciones y actos represivos, a medida que la
campaña por el referendo se hacía
más fuerte. Entre los detractores del Proyecto
en la prensa independiente se destacaron entre
unos pocos, Manuel David Orrio. Por la Cooperativa
de Periodistas Independientes que dirigía
el agente encubierto, salvó la situación
el Dr. Osvaldo de Céspedes, quien en aquellos
momentos residía en Cuba. Luego de una
acérrima discusión con Orrio, y
fundamentando su opinión, firmó
la petición ciudadana y la convocatoria
al pueblo cubano para la campaña de acción
civilista. Con ello se asestó un golpe
a la estrategia planteada por la contrainteligencia
en el seno de la propia agencia periodística
al lograr que otros colegas no secundaran la jugarreta
divisionista.
No obstante, siempre queda un margen para aquellas
personas que de manera honesta y sincera manifestaron
sus puntos de vista desacordes con el Proyecto,
como forma legítima de expresión
democrática.
Valorar los objetivos de la campaña Varela
no es fácil aún. Pero se puede destacar
la unidad en torno a un objetivo común
de personas y organizaciones con diferentes enfoques
que militaban en diversos grupos contestatarios.
La unidad era una aspiración que hasta
entonces no se había podido concretar.
El agrupamiento de la mayoría disidente
alrededor del Proyecto Varela constituye la llegada
a una mayoría de edad dentro del movimiento
de oposición pacífica en la Isla.
Se establecía así un antes y un
después teniendo como referencia dicho
proceso.
Otro aspecto a tener en cuenta es la participación
ciudadana alcanzada. Sobreponiéndose al
miedo y a la represión muchos ciudadanos
respaldaron la petición haciendo que fuera
el pueblo sencillo el verdadero protagonista de
este triunfo en pos de la democratización
de la sociedad. Sin su participación no
hubiera sido posible reunir las firmas requeridas.
Así, cuando el 10 de mayo se efectuaba
la entrega de poco más de once mil firmas,
el pueblo cubano ejercía su derecho constitucional
al pedir un plebiscito sobre cinco puntos contenidos
en la demanda. El gobierno quedaba contra la pared,
tanto en el orden constitucional, al tener que
violentar su propia Constitución para negar
ese derecho, como en el orden internacional donde
tantas veces había proclamado que en Cuba
se respetan los derechos humanos y constitucionales.
El triunfo civilista fue tan evidente que el
gobierno se vio obligado a emprender una convocatoria
paralela de recogida de firmas donde declaraba
irrevocable el carácter socialista, léase
totalitario, del sistema. En una contradicción
interna con lo expresado en su propia carta magna,
hacía irrevocable el orden político
establecido en el país, lo cual no invalidaba
los artículos en los que se apoyaba la
petición ciudadana, que al permanecer inalterables
dejan con plena vigencia legal el proyecto convertido
en proyecto de Ley. El rostro totalitario y anti
democrático del sistema establecido en
el país, quedaba descubierto plenamente.
La popularidad el Proyecto Varela entre la población
fue creciendo a lo largo de estos dos años.
Ello unido al crecimiento y perfeccionamiento
organizativo de la campaña estructurada
en un Comité Ciudadano Gestor a nivel Nacional,
apoyado en una prensa independiente con incipientes
y artesanales tiradas de revistas y folletos,
como la lograda por la Sociedad Marques Sterling,
que en sus páginas promovía el Proyecto;
además del apoyo creciente de los hermanos
establecidos en el exilio y de asociaciones y
gobiernos del mundo entero, fue el elemento desbordante
del movimiento independiente que se hacía
incontrolable y que hasta entonces había
sido calificado de grupúsculo contrarrevolucionario
por el gobierno. No le quedó a éste
más alternativa para frenar el creciente
apoyo popular desatando la ola represiva por la
cual fueron encarcelados 75 pacíficos luchadores
por los derechos civiles y periodistas independientes.
Ellos se unieron a los más de 200 encarcelados
políticos que se encontraban en diferentes
prisiones de la nación.
Dos derrotas morales le quedaban por afrontar
al régimen. La primera fue la reacción
internacional ante el dramático suceso
represivo. La segunda fue la entrega de nuevas
firmas a escasos meses de concluir los procesos
judiciales con los que se pretendía amordazar
al movimiento independiente. El reafirmazo del
3 de octubre demostró que los cubanos van
prescindiendo del temor a reclamar sus derechos.
No pudo ser silenciado su reclamo ni el derecho
a expresión que continúa desafiando
las amenazas a largas condenas.
El Proyecto Varela demostró cuanto puede
hacerse por la democracia y la libertad plena
de un pueblo cuando este se une para defender
un bien común. La recogida de firmas continúa
para promover los cambios necesarios en el orden
político, social y económico en
Cuba, única nación no democrática
en el hemisferio occidental. No pocos cuestionan
si el Gobierno lanzará una nueva ofensiva
que agudice el dolor de las familias cubanas,
para retardar lo que más tarde o más
temprano tendrá que ocurrir: la transición
hacia una democracia plena y participativa. Es
hora de que algunos gobiernos, específicamente
de nuestra hermana región latinoamericana,
asuman una posición común de principios
para que su acción solidaria contribuya
a la causa de la democracia en Cuba. Esta acción
toca por igual a las puertas de todas las fuerzas
conscientes y morales de la humanidad. El curso
de la historia seguirá su rumbo para decir
la última palabra. En ese camino, contra
viento y marea, avanza el Proyecto Varela.
|