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CORRUPCION
La corrupción (I)
SANTA CLARA, marzo (www.cubanet.org)
- Hace algún tiempo ante la noticia de
los casos de corrupción ocurrido en la
empresa CUBANACAN S.A. y con el objetivo de reflexionar
con una óptica más coherente sobre
el asunto, consulté un trabajo de Ricardo
Puertas titulado "Auditoria Social"
donde aborda el tema de la corrupción en
Cuba. Más recientemente, la revista Ideal
me permitió acceder a un artículo
de Dagoberto Valdés sobre el mismo tema.
Revisé entonces a Puertas de nuevo para
exponer algunas consideraciones sobre la corrupción,
la que afecta substancialmente a la nación
cubana.
Cuando el asunto fue tratado por el grupo de
estudio del Movimiento Cubano Reflexión
con los líderes de la oposición
interna en el centro del país, llamó
poderosamente la atención a los luchadores
pro democracia la forma novedosa en que Puertas
abordaba el tema, especialmente el acápite
sobre los tipos de corrupción.
Tan antigua como el propio surgimiento de la
propiedad privada, la corrupción no tiene
límites políticos, raciales, religiosos
o geográficos en el mundo moderno, tiene
carácter global y está presente
en los rincones más impensados de la Tierra,
en países ricos y pobres de los cuatro
puntos cardinales, a pesar de que la mayoría
de las naciones son signatarias de acuerdos internacionales
anticorrupción y dentro de sus fronteras
han formulando leyes, prescritas para acometer
contra los funcionarios públicos y extranjeros
infractores.
Según Puertas, la corrupción constituye
uno de los problemas centrales para el desarrollo
socioeconómico y del funcionamiento de
la democracia porque se correlaciona negativamente
con los montos de producto interno, las tasas
de crecimiento, los niveles de inversión,
el gasto social, el respeto y protección
de los derechos humanos y las libertades civiles.
Pero también influye en la integración
a mercados internacionales, los montos de comercio
exterior, la voluntad de los representantes de
la ley, acceso equitativo a las oportunidades,
el nivel de vida material, familiar o personal.
Por otro lado, la corrupción está
correlacionada con el autoritarismo, la desigualdad
de ingresos, los niveles de pobreza, los montos
estancados de capital muerto, restricciones de
acceso a las oportunidades, informalidad en los
mercados.
La corrupción es una actitud ante la vida
y las relaciones sociales, donde ocurre se ha
deteriorado la condición humana al perderse
los valores éticos, y se han pervertido
los criterios sobre la verdad, la honradez, la
justicia y la bondad. Aunque etimológicamente
corrupción es sinónimo de alterar,
dañar, echar a perder, podrir, pervertir,
viciar, seducir o sobornar, también podemos
calificarlo de vicio a la trampa, inclinación
al soborno, desprecio de la dignidad propia y
hacia los demás, porque el corrupto contamina
a los demás y ayuda a descomponer el tejido
social y las relaciones interpersonales.
En su trabajo, Valdés Hernández
señala además que la corrupción
es un fenómeno de desintegración
del sistema social y una señal de que algo
fundamental, y no circunstancial, está
fallando en la sociedad.
El dinero que circula por medio, mal habido y
mal usado, pudre los mecanismos normales de mercado,
de las finanzas, hasta de la economía familiar.
La adquisición y acumulación del
dinero fruto de manejos sucios en operaciones
también corruptas con el fin de lavar su
origen malsano es un ejemplo de la corrupción
económica, relacionada con la corrupción
política consistente en la descomposición
de los verdaderos fines y métodos del poder,
que en vez de servir a la sociedad, se utiliza
para presionar, coaccionar o reprimir a la sociedad.
La corrupción política tiene sus
variantes, entre ellas la cívica, producida
cuando los políticos sólo buscan
el bien de su grupo o partido y todo lo demás
lo segregan al margen de la vida y de la ley,
olvidando al resto de los miembros de la nación.
También existe la corrupción electoral,
producida cuando se manipulan los mecanismos de
participación democrática, para
que sólo tengan acceso a ellos las personas
que responden a los intereses partidarios. La
corrupción administrativa es muy frecuente
en países donde las autoridades usan su
puesto como mercado de influencias y el nepotismo,
el amiguismo o el partidismo para cubrir los puestos
de dirección administrativa, técnica
y política.
La corrupción ética y cultural
abarca las esferas de las costumbres, el pensamiento,
las artes y la literatura. Se trata de una forma
grave de desintegración moral que tiene
mucho que ver con la identidad y las máscaras
a la libertad de expresión y de creación,
donde aparecen máscaras de todo tipo. Al
pervertirse las costumbres, se promueve la simulación
por razones políticas o para mantener el
poder. cnet/46
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