PRENSA INDEPENDIENTE
Marzo 30, 2004

CORRUPCION
La corrupción (I)

SANTA CLARA, marzo (www.cubanet.org) - Hace algún tiempo ante la noticia de los casos de corrupción ocurrido en la empresa CUBANACAN S.A. y con el objetivo de reflexionar con una óptica más coherente sobre el asunto, consulté un trabajo de Ricardo Puertas titulado "Auditoria Social" donde aborda el tema de la corrupción en Cuba. Más recientemente, la revista Ideal me permitió acceder a un artículo de Dagoberto Valdés sobre el mismo tema. Revisé entonces a Puertas de nuevo para exponer algunas consideraciones sobre la corrupción, la que afecta substancialmente a la nación cubana.

Cuando el asunto fue tratado por el grupo de estudio del Movimiento Cubano Reflexión con los líderes de la oposición interna en el centro del país, llamó poderosamente la atención a los luchadores pro democracia la forma novedosa en que Puertas abordaba el tema, especialmente el acápite sobre los tipos de corrupción.

Tan antigua como el propio surgimiento de la propiedad privada, la corrupción no tiene límites políticos, raciales, religiosos o geográficos en el mundo moderno, tiene carácter global y está presente en los rincones más impensados de la Tierra, en países ricos y pobres de los cuatro puntos cardinales, a pesar de que la mayoría de las naciones son signatarias de acuerdos internacionales anticorrupción y dentro de sus fronteras han formulando leyes, prescritas para acometer contra los funcionarios públicos y extranjeros infractores.

Según Puertas, la corrupción constituye uno de los problemas centrales para el desarrollo socioeconómico y del funcionamiento de la democracia porque se correlaciona negativamente con los montos de producto interno, las tasas de crecimiento, los niveles de inversión, el gasto social, el respeto y protección de los derechos humanos y las libertades civiles. Pero también influye en la integración a mercados internacionales, los montos de comercio exterior, la voluntad de los representantes de la ley, acceso equitativo a las oportunidades, el nivel de vida material, familiar o personal. Por otro lado, la corrupción está correlacionada con el autoritarismo, la desigualdad de ingresos, los niveles de pobreza, los montos estancados de capital muerto, restricciones de acceso a las oportunidades, informalidad en los mercados.

La corrupción es una actitud ante la vida y las relaciones sociales, donde ocurre se ha deteriorado la condición humana al perderse los valores éticos, y se han pervertido los criterios sobre la verdad, la honradez, la justicia y la bondad. Aunque etimológicamente corrupción es sinónimo de alterar, dañar, echar a perder, podrir, pervertir, viciar, seducir o sobornar, también podemos calificarlo de vicio a la trampa, inclinación al soborno, desprecio de la dignidad propia y hacia los demás, porque el corrupto contamina a los demás y ayuda a descomponer el tejido social y las relaciones interpersonales.

En su trabajo, Valdés Hernández señala además que la corrupción es un fenómeno de desintegración del sistema social y una señal de que algo fundamental, y no circunstancial, está fallando en la sociedad.

El dinero que circula por medio, mal habido y mal usado, pudre los mecanismos normales de mercado, de las finanzas, hasta de la economía familiar. La adquisición y acumulación del dinero fruto de manejos sucios en operaciones también corruptas con el fin de lavar su origen malsano es un ejemplo de la corrupción económica, relacionada con la corrupción política consistente en la descomposición de los verdaderos fines y métodos del poder, que en vez de servir a la sociedad, se utiliza para presionar, coaccionar o reprimir a la sociedad.

La corrupción política tiene sus variantes, entre ellas la cívica, producida cuando los políticos sólo buscan el bien de su grupo o partido y todo lo demás lo segregan al margen de la vida y de la ley, olvidando al resto de los miembros de la nación. También existe la corrupción electoral, producida cuando se manipulan los mecanismos de participación democrática, para que sólo tengan acceso a ellos las personas que responden a los intereses partidarios. La corrupción administrativa es muy frecuente en países donde las autoridades usan su puesto como mercado de influencias y el nepotismo, el amiguismo o el partidismo para cubrir los puestos de dirección administrativa, técnica y política.

La corrupción ética y cultural abarca las esferas de las costumbres, el pensamiento, las artes y la literatura. Se trata de una forma grave de desintegración moral que tiene mucho que ver con la identidad y las máscaras a la libertad de expresión y de creación, donde aparecen máscaras de todo tipo. Al pervertirse las costumbres, se promueve la simulación por razones políticas o para mantener el poder. cnet/46



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