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RELIGION
Mujeres religiosas
celebraron el 8 de marzo
Miguel Saludes
LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - Mientras
el pasado 8 de marzo se conmemoraba en todo el
país el Día Internacional de la
Mujer, destacándose en los medios de comunicación
el papel de la mujer revolucionaria cubana, otras
mujeres muy especiales celebraban ese día
bajo otra connotación.
Las hermanas de la Orden del Santísimo
Salvador de Santa Brígida cumplen el primer
aniversario de su radicación en La Habana,
y con ello el primero de su permanencia en Cuba.
Queda en la especulación si esta coincidencia
de fechas fue obra de la casualidad o una elección
intencional para fortalecer las tensiones generadas
ante el inédito suceso de su fundación
en la Isla.
Fueron días de notas aclaratorias, malestares
y cierta frialdad en las relaciones con sus hermanos
en Cristo. La entrada de esta congregación
religiosa al país se produjo por la puerta
incorrecta, según el juicio de muchos.
En aquella ocasión los medios de prensa
y televisión captaron el rostro feliz de
la Superiora Madre Tecla Famigliari, quien contando
con el pleno apoyo de las autoridades del país
inauguraba la capilla y residencia de las religiosas.
Se destacaba además como un hecho sin precedentes
en la historia de la Iglesia cubana en los últimos
40 años. Para la ocasión vino en
representación del Vaticano el Cardenal
Crescencio Sepe, Prefecto de la Congregación
para la Evangelización de los pueblos y
en la inauguración del recinto hizo acto
de presencia el presidente cubano Fidel Castro.
Las palabras pronunciadas por el dignatario de
la iglesia romana fueron causa de agrios comentarios.
Fue notoria la ausencia en aquel acto de representantes
eclesiásticos cubanos, con alguna excepción
hecha a título personal. Al parecer era
la respuesta a una actitud algo irreverente, que
en cierta forma parecía haber desconocido
la autoridad eclesiástica de la diócesis.
El comienzo realmente no había sido nada
halagüeño.
Pero con el decursar de este corto tiempo, las
brigidinas, como todos les llaman, han ido paso
a paso, haciéndose sentir en el ámbito
de la iglesia habanera. Los vecinos de la Haban
Vieja las identifican por sus característicos
hábitos que se han hecho visibles en las
más pobres calles de la vieja ciudad. Les
quieren por su amabilidad y preocupación.
Ya cuentan con una catequesis de niños
y adultos del barrio, que puede considerare numerosa.
Participan en cuanta actividad se les invita,
lo mismo en el templo de Santa Clara de Lawton,
que en las festividades de la Iglesia del Carmen
en Cojímar. Algunas de sus jóvenes
voces están dando su aporte en el coro
ínter diocesano.
Las celebraciones del calendario católico
cuentan definitivamente con un nuevo escenario
en la capital del país. Una de las actividades
sociales que les distinguen es la administración
y atención de la Hospedería aledaña
a la casa convento. En estos momentos se presta
servicio de alojamiento a personas que vienen
a realizar un turismo de descanso, que no tenga
que ver con ese otro más dedicado a placeres
mundanos poco edificantes.
En este aniversario se celebró una Misa
de acción de gracias por esta efeméride
que ha pasado seguramente a la historia de la
orden. La Eucaristía fue presidida por
Monseñor Jaime Cardenal Ortega y Alamino,
Arzobispo de La Habana y co-presidida por el párroco
del Espíritu Santo José Miguel González,
así como por el sacerdote Paúl Juan
Campos c.m. y seminaristas de la congregación
vicentina en La Merced.
La asistencia de fieles abarrotó la pequeña
capilla. A medida que la celebración fue
avanzando se reflejaba en el rostro del Cardenal
cubano una emoción visible. Al terminar
explicó el motivo de la misma. Los cantos
entonados por las hermanas, desde las notas de
"Una Luz en la Oscuridad" hasta el final
con la "Virgen Mambisa", eran todos
cubanos. Fue una grata sorpresa para el prelado
comprobar que en tan poco tiempo ellas dominaran
las composiciones religiosas del patio. Monseñor
Jaime tuvo palabras de aliento y reconocimiento
para el trabajo desarrollado por las brigidinas.
Al finalizar se ofreció un suculento brindis
con comida típica cubana, en la que no
faltaron un cerdo asado al horno y el congrís,
remojado con una sangría. Todo preparado
por ellas. De la comida participaron sin exclusiones
desde los más engalanados asistentes hasta
los ancianos más humildes que asistieron
a la Misa.
Una de las jóvenes religiosas expresó
su alegría después de una jornada,
que según su parecer, estuvo llena de la
presencia del Espíritu Santo.
Quizás este 8 de marzo, además
de enmarcar la entrada de la Orden de Santa Brígida
en La Habana, sea un signo de la unidad que debe
identificar a los seguidores de Cristo. Queda
también como anuncio de un camino en el
que a pesar de esa oscuridad que muchos aprecian
todavía, ya se está avanzado hacia
la luz de la reconciliación nacional, a
la que tal vez por designios mistéricos
del Señor, hayan sido convocadas estas
humildes mujeres para el bien de nuestro pueblo.
Sólo queda agradecer la presencia de las
discípulas de Santa Brígida y de
Madre Isabel. Pedir para que su trabajo siga contribuyendo
al crecimiento de nuestra sociedad y bendecir
al Señor, quien es el único que
conoce todos los caminos y lo que contienen los
corazones que Él alienta.
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