PRENSA INDEPENDIENTE
Marzo 12, 2004

RELIGION
Mujeres religiosas celebraron el 8 de marzo

Miguel Saludes

LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - Mientras el pasado 8 de marzo se conmemoraba en todo el país el Día Internacional de la Mujer, destacándose en los medios de comunicación el papel de la mujer revolucionaria cubana, otras mujeres muy especiales celebraban ese día bajo otra connotación.

Las hermanas de la Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida cumplen el primer aniversario de su radicación en La Habana, y con ello el primero de su permanencia en Cuba. Queda en la especulación si esta coincidencia de fechas fue obra de la casualidad o una elección intencional para fortalecer las tensiones generadas ante el inédito suceso de su fundación en la Isla.

Fueron días de notas aclaratorias, malestares y cierta frialdad en las relaciones con sus hermanos en Cristo. La entrada de esta congregación religiosa al país se produjo por la puerta incorrecta, según el juicio de muchos. En aquella ocasión los medios de prensa y televisión captaron el rostro feliz de la Superiora Madre Tecla Famigliari, quien contando con el pleno apoyo de las autoridades del país inauguraba la capilla y residencia de las religiosas. Se destacaba además como un hecho sin precedentes en la historia de la Iglesia cubana en los últimos 40 años. Para la ocasión vino en representación del Vaticano el Cardenal Crescencio Sepe, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los pueblos y en la inauguración del recinto hizo acto de presencia el presidente cubano Fidel Castro. Las palabras pronunciadas por el dignatario de la iglesia romana fueron causa de agrios comentarios. Fue notoria la ausencia en aquel acto de representantes eclesiásticos cubanos, con alguna excepción hecha a título personal. Al parecer era la respuesta a una actitud algo irreverente, que en cierta forma parecía haber desconocido la autoridad eclesiástica de la diócesis. El comienzo realmente no había sido nada halagüeño.

Pero con el decursar de este corto tiempo, las brigidinas, como todos les llaman, han ido paso a paso, haciéndose sentir en el ámbito de la iglesia habanera. Los vecinos de la Haban Vieja las identifican por sus característicos hábitos que se han hecho visibles en las más pobres calles de la vieja ciudad. Les quieren por su amabilidad y preocupación. Ya cuentan con una catequesis de niños y adultos del barrio, que puede considerare numerosa. Participan en cuanta actividad se les invita, lo mismo en el templo de Santa Clara de Lawton, que en las festividades de la Iglesia del Carmen en Cojímar. Algunas de sus jóvenes voces están dando su aporte en el coro ínter diocesano.

Las celebraciones del calendario católico cuentan definitivamente con un nuevo escenario en la capital del país. Una de las actividades sociales que les distinguen es la administración y atención de la Hospedería aledaña a la casa convento. En estos momentos se presta servicio de alojamiento a personas que vienen a realizar un turismo de descanso, que no tenga que ver con ese otro más dedicado a placeres mundanos poco edificantes.

En este aniversario se celebró una Misa de acción de gracias por esta efeméride que ha pasado seguramente a la historia de la orden. La Eucaristía fue presidida por Monseñor Jaime Cardenal Ortega y Alamino, Arzobispo de La Habana y co-presidida por el párroco del Espíritu Santo José Miguel González, así como por el sacerdote Paúl Juan Campos c.m. y seminaristas de la congregación vicentina en La Merced.

La asistencia de fieles abarrotó la pequeña capilla. A medida que la celebración fue avanzando se reflejaba en el rostro del Cardenal cubano una emoción visible. Al terminar explicó el motivo de la misma. Los cantos entonados por las hermanas, desde las notas de "Una Luz en la Oscuridad" hasta el final con la "Virgen Mambisa", eran todos cubanos. Fue una grata sorpresa para el prelado comprobar que en tan poco tiempo ellas dominaran las composiciones religiosas del patio. Monseñor Jaime tuvo palabras de aliento y reconocimiento para el trabajo desarrollado por las brigidinas.

Al finalizar se ofreció un suculento brindis con comida típica cubana, en la que no faltaron un cerdo asado al horno y el congrís, remojado con una sangría. Todo preparado por ellas. De la comida participaron sin exclusiones desde los más engalanados asistentes hasta los ancianos más humildes que asistieron a la Misa.
Una de las jóvenes religiosas expresó su alegría después de una jornada, que según su parecer, estuvo llena de la presencia del Espíritu Santo.

Quizás este 8 de marzo, además de enmarcar la entrada de la Orden de Santa Brígida en La Habana, sea un signo de la unidad que debe identificar a los seguidores de Cristo. Queda también como anuncio de un camino en el que a pesar de esa oscuridad que muchos aprecian todavía, ya se está avanzado hacia la luz de la reconciliación nacional, a la que tal vez por designios mistéricos del Señor, hayan sido convocadas estas humildes mujeres para el bien de nuestro pueblo.

Sólo queda agradecer la presencia de las discípulas de Santa Brígida y de Madre Isabel. Pedir para que su trabajo siga contribuyendo al crecimiento de nuestra sociedad y bendecir al Señor, quien es el único que conoce todos los caminos y lo que contienen los corazones que Él alienta.



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