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SOCIEDAD
Cabellos perseguidos
Ricardo Roselló
LA HABANA, marzo - Laura sintió ligera
su cabeza, pero no le dio importancia. El trenbus
en que viajaba de noche hacia La Habana iba con
pasajeros amontonados bajo la penumbra del transporte.
"!Laurita! ¿que hiciste con tu pelo?",
preguntó la madre cuando llegó a
casa.
Laura, sorprendida, se miró al espejo
con cara de susto. De pronto vociferó un
¡hijo'e p
! tan estridente que casi
pulveriza el tímpano de la madre. Su larga
y cuidada trenza china había sido mutilada
por desconocidos.
Historias como ésta se escuchan una y
otra vez en familias habaneras. Un tema que hierve
en la calle e inquieta los barrios capitalinos.
Hoy son muchas las quejas sobre mutilaciones
de cabellos largos femeninos que se repiten con
frecuencia en la capital.
Una de las medidas preventivas para que usted
no sea víctima de mutilación del
cabello largo es hacerlo un moño o cubrirlo
con un pañuelo. Pero, cuando se impone
el miedo, la solución es cortárselo.
Las imposiciones de la moda y las necesidades
en el país marchan casi siempre de la mano.
Hoy el cabello se ha abierto a un verdadero mercado
y constituye una vía que se abre a las
posibilidades del lucro y la tragedia.
El cabello es la parte del cuerpo que da estética
y belleza al rostro humano. Por esas cualidades
y otras como el tener un buen pelo natural con
brillo, largo o extra largo, rizado o liso, que
sólo use champú como medio de mantenerlo,
es un negocio en ascenso.
Dos clases de cabello se disputan en el mercado
clandestino. Uno el artificial y otro el natural.
El pelo artificial se vende en tiendas dolarizadas.
Y se adquieren por enumeración, según
grosor del pelo, brillo, color y tipo de cabello.
Un moño corto de casi una cuarta cuesta
cuatro dólares. Uno más largo, de
tres pies, llega a costar 25 dólares.
Los que se dedican al giro aseguran que la calidad
de los apliqués adquiridos en las tiendas
es inferior a los que se traen o encargan desde
el extranjero. Aunque insisten que mejor es el
pelo natural. Ni se deteriora como el artificial
ni se adquieren en tiendas. De ahí que
aumente su valor.
No se importa el cabello natural, y no hace falta
viajar a China para conseguirlo. Basta una tijera
o cuchilla en mano y comenzar a cortar pelo a
"diestras y siniestras" para conseguir
25 dólares por cada corte.
Pero al corte y mutilación de cabellos
se le sumó amenazas y violencias para lograr
propósitos.
Informaciones de segunda mano hablan de una víctima.
Otros dicen que le cortaron la yugular a una estudiante;
abundan los relatos de heridas en la espalda,
golpizas, intimidaciones
Otro asunto es colocar o arreglar ese pelo a
tu cabeza. A eso llaman apliqués o implantes.
El apliqué es simple. El pelo, sea largo
o corto, se monta sobre una hebilla cuyo precio
es de cuatro dólares o su equivalente en
pesos cubanos.
Implantar es otra forma. Es tejer cortinas de
pelos al suyo. Ellas van cosidas a pequeñas
agrupaciones de tu pelo que salen en la base del
cráneo. Su arreglo es más complejo
y costoso.
El costo del implante depende de la cantidad
de cortinas de pelo que pida la cabeza por tamaño,
de 50 a 70 dólares, y el tiempo de montarlo
oscila entre cuatro a seis horas determinados
por la cantidad de pelo y su tipo.
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