PRENSA INDEPENDIENTE
Marzo 9, 2004

SOCIEDAD
Cabellos perseguidos

Ricardo Roselló

LA HABANA, marzo - Laura sintió ligera su cabeza, pero no le dio importancia. El trenbus en que viajaba de noche hacia La Habana iba con pasajeros amontonados bajo la penumbra del transporte.

"!Laurita! ¿que hiciste con tu pelo?", preguntó la madre cuando llegó a casa.

Laura, sorprendida, se miró al espejo con cara de susto. De pronto vociferó un ¡hijo'e p…! tan estridente que casi pulveriza el tímpano de la madre. Su larga y cuidada trenza china había sido mutilada por desconocidos.

Historias como ésta se escuchan una y otra vez en familias habaneras. Un tema que hierve en la calle e inquieta los barrios capitalinos.

Hoy son muchas las quejas sobre mutilaciones de cabellos largos femeninos que se repiten con frecuencia en la capital.

Una de las medidas preventivas para que usted no sea víctima de mutilación del cabello largo es hacerlo un moño o cubrirlo con un pañuelo. Pero, cuando se impone el miedo, la solución es cortárselo.

Las imposiciones de la moda y las necesidades en el país marchan casi siempre de la mano. Hoy el cabello se ha abierto a un verdadero mercado y constituye una vía que se abre a las posibilidades del lucro y la tragedia.

El cabello es la parte del cuerpo que da estética y belleza al rostro humano. Por esas cualidades y otras como el tener un buen pelo natural con brillo, largo o extra largo, rizado o liso, que sólo use champú como medio de mantenerlo, es un negocio en ascenso.

Dos clases de cabello se disputan en el mercado clandestino. Uno el artificial y otro el natural.

El pelo artificial se vende en tiendas dolarizadas. Y se adquieren por enumeración, según grosor del pelo, brillo, color y tipo de cabello.

Un moño corto de casi una cuarta cuesta cuatro dólares. Uno más largo, de tres pies, llega a costar 25 dólares.

Los que se dedican al giro aseguran que la calidad de los apliqués adquiridos en las tiendas es inferior a los que se traen o encargan desde el extranjero. Aunque insisten que mejor es el pelo natural. Ni se deteriora como el artificial ni se adquieren en tiendas. De ahí que aumente su valor.

No se importa el cabello natural, y no hace falta viajar a China para conseguirlo. Basta una tijera o cuchilla en mano y comenzar a cortar pelo a "diestras y siniestras" para conseguir 25 dólares por cada corte.

Pero al corte y mutilación de cabellos se le sumó amenazas y violencias para lograr propósitos.

Informaciones de segunda mano hablan de una víctima. Otros dicen que le cortaron la yugular a una estudiante; abundan los relatos de heridas en la espalda, golpizas, intimidaciones…

Otro asunto es colocar o arreglar ese pelo a tu cabeza. A eso llaman apliqués o implantes. El apliqué es simple. El pelo, sea largo o corto, se monta sobre una hebilla cuyo precio es de cuatro dólares o su equivalente en pesos cubanos.

Implantar es otra forma. Es tejer cortinas de pelos al suyo. Ellas van cosidas a pequeñas agrupaciones de tu pelo que salen en la base del cráneo. Su arreglo es más complejo y costoso.

El costo del implante depende de la cantidad de cortinas de pelo que pida la cabeza por tamaño, de 50 a 70 dólares, y el tiempo de montarlo oscila entre cuatro a seis horas determinados por la cantidad de pelo y su tipo.



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