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SOCIEDAD
La rotura de verano
Juan González Febles
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - Una de las
pocas tradiciones que el régimen de Fidel
Castro ha logrado establecer es la rotura de alguna
o algunas plantas de generación eléctrica
cada verano. Los amagos comienzan tímidos
en mayo. Ya en junio-julio-agosto tenemos el hecho
consumado. Cuando esto ocurre, estamos en presencia
de apagones de cuatro, seis y ocho horas o quizás
más. Entonces es el momento para otros
mecanismos
Uno de ellos es el papel de comunicador asignado
al señor ministro de la Industria Básica.
Este señor aparece cada verano en la pantalla
chica de la televisión oficial. Lo hace
cargado de planos, tablas, diagramas, cuadros,
etc. Explica con profunda convicción lo
mismo cada año. Sin dudas, estamos ante
un talentoso y bien dotado comunicador. Uno llega
a lamentar que tantas dotes para la comunicación
sólo encuentren cauce para manifestarse
en verano.
Parece don de familia eso del carisma ante las
cámaras. El señor Marcos Portal,
ministro de la Industria Básica, está
emparentado con la familia Castro, pero su talento
es individual. Cuando se le escucha cada verano,
uno se da cuenta que conoce de cerca el problema.
Esto ya es más que algo. Lo complicado
es que conoce el problema y no le da solución.
Se limita a hacernos partícipes de que
la solución se vislumbra allá por
el horizonte.
Lo frustrante para una amplia mayoría
es que nadie ha conseguido alcanzar el horizonte.
Por más que se avance, siempre está
a la misma distancia. Máxime si el gran
timonel navega en círculos. Así,
cada año se repite el ciclo hasta que la
expectativa deja de serlo y se convierte en hastío.
El carismático encargado de la electricidad
en Cuba, el electricista en jefe, se limita a
pedir socorro.
La incompetencia o la impotencia para resolver
los problemas inherentes a su gestión es
algo característico en los funcionarios
del régimen castrista. Atados a la aprensión
y al peligro de perder una posición conquistada
más por intrigas cortesanas que por un
desempeño eficiente en sus funciones, se
mueven sinuosos y pendientes de los humores inciertos
que un día los elevaron y otro los defenestrarán.
El problema de la electricidad es emblemático
de la incapacidad del régimen para resolver
las situaciones existenciales del cubano. En la
actualidad dependen de un generoso suministro
petrolero proveniente de Venezuela. Disponen además
de petróleo de muy baja calidad, pero que
ha sido beneficiado para el servicio de las plantas
de generación eléctrica.
Nadie comprende por qué se mantiene la
enojosa tradición de la rotura de verano.
El hecho carece de lógica tanto desde el
punto de vista logístico como tecnológico.
Quizás se trate de alguna "inteligente
estrategia" o como apuntamos anteriormente,
de mera y simple incompetencia. Lo importante
es que todos los relojes están disparados
contra el régimen. Tanto los biológicos
como los políticos y económicos.
Pero ellos siguen cerrados a la realidad y al
clamor del pueblo. Quieren ganar tiempo, y eso
es exactamente lo que no tendrán. Sus vanidades,
errores y presunciones los condenan. Les queda
muy poco y carecen de aliento y valor para afrontar
el futuro.
Los calores de agosto en un verano que promete
ser inclemente y difícil, debían
llamarlos a una reflexión. Pero poco puede
esperarse de una "cleptocracia" irresponsable
y acomodaticia. El término "cleptocracia"
lo tomé prestado de mi colega y amigo Manuel
Vázquez Portal. El ha tenido tiempo y soledad
sobrados para meditar sobre el tema. Y créanme,
lo domina bien.
Para concluir, estamos en pleno verano con apagones
programados, rotura incluida. Falta la aparición
ante las cámaras del carismático
jefe de las sombras y la luz. Ojalá sea
la última.
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