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CULTURA
Paisajes ocultos
tras la batalla
Miguel Saludes
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - Recientemente
la televisión cubana exhibió, en
carácter de reposición, el filme
polaco Paisaje Después de la Batalla, realización
de Andrezj Wajda que data de la década
del setenta. Cuando, para beneplácito de
muchos, el cine de la llamada época socialista
ha desaparecido prácticamente de las pantallas
y hasta de la memoria de la población cubana,
esta entrega resultó algo sorpresiva.
A pesar de las detracciones que en Cuba provocaba
el muestreo abrumador de películas provenientes
de los estudios de Europa del Este, entre ellas
llegaban productos de indiscutible calidad. Pero
la insistencia en promocionar aquel cine y la
forma de su concepción, eran factores que
provocaban el rechazo entre una parte mayoritaria
de la población cubana. Entre las películas
de calidad que venían de aquella parte
del continente europeo hay que colocar en un lugar
cimero a las producidas en Polonia, de donde proceden
directores de la talla de Roman Polanski y Andrej
Wajda, conocidos por la importancia de su obra.
De los programas que la televisión cubana
dedica al cine, es éste uno de los mejor
concebidos. Además de escoger filmes de
calidad y profundidad temática, brinda
alguna información sobre la historia narrada
o acerca del ambiente histórico en que
se desenvuelve la trama. Para ello se invitan
al programa a especialistas o personalidades conocedoras
del tema. El corto tiempo empleado para los comentarios
y el horario sabatino coincidente con propuestas
más banales, pero más cercanas al
gusto de la mayoría de los televidentes,
atentan contra esta oferta instructiva.
En el caso de la película de Wajda mostrada,
el aspecto que centró la explicación
del invitado estaba en aclarar la razón
por la cual el experimentado director remitiera
el argumento del filme a un campo de concentración
ubicado en Alemania y liberado por tropas anglo
norteamericanas, así como el papel representado
por las tropas polacas que aparecen en la película.
Son los destacamentos que lucharon en el frente
Oeste y que tenían su puesto de mando en
Londres. El disertador hizo una breve descripción
de las divisiones ideológicas que desde
un principio despuntaban en la Polonia "liberada"
por el Ejercito Rojo y que enfrentaban a grupos
anti comunistas y elementos proclives a sumar
su país al bloque soviético.
Según el criterio expresado por el comentarista,
parecería que el objetivo perseguido por
el cineasta polaco en su película era demostrar
que aquellos enfrentamientos tuvieron su origen
al concluir la Segunda Guerra Mundial, bajo los
auspicios de Estados Unidos y los reaccionarios
exiliados en la capital inglesa. Quien conozca
la realidad vivida por la nación polaca
comprenderá que lo recogido en las imágenes
de Paisaje, trasciende el marco histórico
al que está referido el argumento.
Cuando en 1978, en vísperas de viajar
a Polonia, nuestro grupo asistía a unas
reuniones preparatorias dirigidas por funcionarios
cubanos, aquéllos nos asesoraban acerca
de un mundo que habíamos aprendido a pensar
de una manera bien distante a lo que realmente
era. Así pudimos conocer con asombro que
al convivir con trabajadores de aquel país
seríamos invitados con frecuencia a asistir
a las iglesias, convite que no deberíamos
nunca rechazar. Tampoco sería adecuado
salirles al paso cuando nos hablaran mal del comunismo
o de los hermanos soviéticos.
Más tarde comprenderíamos las razones
de las advertencias y el sentimiento real de los
habitantes del país europeo. A nuestro
regreso a Cuba, y coincidiendo con el destape
de las luchas obreras de Solidaridad, enfrentaríamos
incomprensiones al explicar que aquellos hombres
no constituían un grupo de bandoleros como
se les llamaba en los medios de comunicación
cubanos, ni eran la pretendida minoría
que se quería hacer ver. Al paso de casi
veinte años, se reconoce tibiamente la
existencia de diferencias políticas en
el entramado social de un país que se resistía
a caer bajo la tutela stalinista, lo que para
ellos significaba una nueva forma de dominio imperial.
Muchas son las cosas que quedaron por hablar
en el programa televisivo sobre la realidad polaca.
Habría que hablar del miedo y la desconfianza
que sintieron siempre los polacos hacia el oso
ruso, que primero se anexó el territorio
vecino durante el imperio zarista y después
de convertido en el primer estado socialista del
mundo lo agredió tempranamente en 1920.
La derrota infligida al naciente Ejercito Bolchevique
por las tropas del general Pildsuski, sería
recordada con orgullo por las futuras generaciones
polacas. Después vendría el ominoso
tratado de paz soviético-alemán,
que además de ser un acuerdo de carácter
estratégico, permitió la absorción
de los países independientes del Báltico
y el serruchaje de la tierra polaca entre ambos
poderes.
Se habla siempre de la invasión nazi en
septiembre de 1939 que dio inicio a la Guerra
Mundial, pero poco se dice sobre la ocupación
silenciosa que al unísono realizó
el ejercito soviético por el Este. Muchos
polacos lucharon en el frente ruso, pero más
de 100 mil se unieron en el exilio a los ingleses.
Otro hecho deplorable fue la matanza de oficiales
polacos en el bosque ucraniano de Katin y que
la propia prensa de la Unión Soviética
reveló al democratizarse el país
de Lenin. Se estima que de los 250 mil soldados
polacos hechos prisioneros durante la ocupación
soviética, más de 10 mil oficiales
que se hallaban junto a ellos fueron ultimados
y desaparecidos en ese tenebroso lugar siguiendo
órdenes de Moscú.
Todavía está por estudiar la causa
por la que las tropas soviéticas contemplaron
desde la orilla contraria del Vístula cómo
Varsovia era reducida a escombros junto a sus
ciudadanos, quienes se habían sublevado
para facilitar la entrada del ejército
amigo. Finalmente hay que señalar que muchos
de los recién liberados de campos de concentración
que regresaban desde el Oeste, y también
de los rescatados por los soviéticos, pasaron
a engrosar los campos de reclusión al estilo
gulag, de creación stalinista.
La adición de Polonia al bloque comunista,
gestada en los acuerdos de Yalta, nunca fue asimilada
por sus pobladores, quienes veían a sus
vecinos rusos como usurpadores y opresores, más
que como fraternos hermanos. Al término
de la conflagración la Unión Soviética
había incorporado a su territorio una parte
importante del suelo polaco. Esa es la realidad
que explica muchas cosas desconocidas para la
mayoría del pueblo cubano.
Volviendo al filme de Wajda, hay en él
varios recursos utilizados para denunciar realidades
del momento en que fue rodada la película.
Uno de ellos es la muchacha judía polaca
que habla de su tierra como lugar ajeno y de la
que se siente rechazada. En los años setenta
se estaba produciendo una fuerte campaña
anti semita en la Polonia socialista. Otros son
las frases que el protagoniza utiliza en algunas
partes de su diálogo. En una de ellas expresa
que aunque tenga que hablar en otros idiomas él
seguirá pensando en polaco. La lengua rusa
era asignatura obligada en todos los niveles educacionales
y los polacos se negaban a hablarla fuera de ese
ámbito. Finalmente cuando la muchacha muere
víctima de un disparo casual, su amigo
increpa al oficial norteamericano responsable
del campo y, a manera de reproche, le manifiesta
que carecía de importancia quien disparaba,
si los alemanes ayer, o ellos entonces; los que
mueren son siempre polacos. En mi opinión
existe aquí una alusión a las tropas
que dispararon a estudiantes y obreros, primero
en Gydinia, después en Poznan y en los
tiempos del rodaje de la película en Gdánsk.
En esta última fueron ametrallados decenas
de manifestantes. Los testigos refieren que soldados
rusos, vistiendo los trajes de la Milicia (policía)
polaca, efectuaron la mortífera descarga.
Al concluir la cinta, se aprecia en las paredes
del tren que conduce a los refugiados de vuelta
a su patria el lema Viva Polonia, grito nacionalista
alzado con hidalguía y patriotismo frente
a todas las ocupaciones sufridas por esta nación.
Sería interesante que la televisión
cubana exponga otros filmes de Wajda, en especial
el titulado Hombre de Mármol, que habla
sobre el destino de un héroe del trabajo
socialista. También resultaría interesante
apreciar Interrogatorio, del poco conocido realizador
Richard Bugajski, donde se hace una descarnada
denuncia sobre los métodos empleados por
la policía política dirigida por
la KGB. Son filmes hechos en la misma Polonia
en el período que van entre 1977 y 1982,
o sea en pleno apogeo socialista. No creo que
ello sea posible aún. Para entender el
derrumbe de aquel sistema hay que tener una panorámica
completa del cuadro que lo refleja. Empeñarse
en seguir viendo el árbol sin tener en
cuenta la totalidad del paisaje lo único
que puede crear es desenfoque y falta de objetividad
en nuestras valoraciones. Por ello se sigue hablando
del desmerengamiento del socialismo o de la efectiva
labor de la inteligencia enemiga para provocar
la caída del bloque comunista. ¿Recreará
Andrei Wajda un paisaje después del desplome?
Y de hacerlo, ¿lo veremos en nuestras pantallas?
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