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OLA
REPRESIVA
Manuel, un sol del
mundo moral
Ana Leonor Díaz, Grupo
Decoro
LA HABANA, 24 de junio (www.cubanet.org) - El
poeta y periodista Manuel
Vázquez Portal vuelve a estar en su
humilde hogar, de donde no debió ser sacado
por la fuerza hace 13 meses.
En una inusitada operación, aparentemente
decidida en la alta esfera del régimen,
Manuel ha sido trasladado de la infecta celda
de la prisión de máxima seguridad
de Boniatico, en la provincia Santiago de Cuba,
a la gran cárcel que es Cuba.
Oficialmente se le informó que está
en libertad sin condiciones, aunque carece todavía
de un documento que sí lo explique, e incluso
del socorrido carnet de identidad, imprescindible
para cualquier gestión burocrática.
Pero Manuel no está preocupado. Alega,
con razón, que al ser detenido el 19 de
marzo de 2003 se le despojó del famoso
carnet, y lo convirtieron en una no persona: se
lo tienen que devolver, pues él no saldrá
a buscarlo, ni sabe dónde está.
A Manuel sus carceleros lo mantuvieron varios
días en la sala de penados del hospital
provincial, donde lo atiborraron de los alimentos
que le fueron negados en la prisión. A
pesar de los dos o tres kilos que ganó
no se ocultan los pliegues en la piel de su torso
ni que aún "bailen" en su cintura
los pantalones que antes usaba.
Trae consigo, de los duros meses de prisión,
la mirada brillante de quien se empinó
en medio de la infamia y la estulticia para reclamar
para él y sus hermanos presos políticos
un mínimo de derechos humanos. Y también
un nuevo lote de sus hermosos poemas con el tono
lírico e intimista de quien pasa por el
cieno como levitando, porque no le toca.
A Manuel sus carceleros le han sugerido que se
exilie, una propuesta cínica, porque hace
seis años solicitó la salida del
país y el régimen se lo denegó.
Ahora les preocupa también qué hará
este periodista y poeta laureado, que no sabe
hacer otra cosa en su vida que escribir desde
que se lo enseñaron en la infancia.
Nada de esto le preocupa, porque no ha dejado
de pensar como siempre y porque necesita el ansiado
espacio de hablar con los suyos, de la mirada
abnegada de su esposa, Yolanda Huerga, y del amoroso
intercambio con sus hijos, sus hermanas. Su vitalidad
no la han podido ablandar, ni su espíritu
desviar.
Manuel está entero.
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