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ECOLOGIA
San Isidro, ¡apretaste!
(I)
Ariel Delgado Covarrubias
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - La existencia
de una prolongada sequía en la región
oriental del archipiélago no es noticia.
Pero no siempre fue así. Precisamente esa
región siglos atrás, cuando el Descubrimiento,
fue catalogada por el Gran Almirante como "la
tierra más fermosa que ojos humanos han
visto", gracias a su naturaleza agreste,
tupida y rica en vegetación y fauna.
Siglos después la situación cambió.
La ampliación de la agricultura dedicada
a la caña de azúcar y otros cultivos
determinó la desaparición de sus
ricos y centenarios bosques, refugio de cimarrones
y mambises en numerosas oportunidades, y con ello
el clima comenzó a variar.
En los años cincuenta una canción
infantil, pero que cantaban también mayores,
decía "San Isidro Labrador, quita
el agua y pon el sol". San Isidro es el patrón
de los agricultores, y a él se le pedía,
en numerosas oportunidades, que cesaran las lluvias,
en aquella época abundantes.
Cuarenta y cinco años de una política
agropecuaria desastrosa han convertido esa región
en una zona como lo que es, la de más bajo
nivel de precipitaciones anuales. Sembraron vientos
y ahora toca recoger tempestades. Y todo indica
que este año la crisis llegó a su
tope.
Es preciso determinar aunque sea someramente
algunas definiciones sobre el tema. No es lo mismo
sequía que aridez o desertificación,
aunque las tres están estrechamente relacionadas.
Sequía es la ausencia prolongada de lluvias
en relación con el promedio en un período
de tiempo. Aridez es el estado de la tierra ante
una prolongada ausencia de lluvias que provoca
pérdidas orgánicas y productivas
en el terreno. Y desertificación es el
estado de la tierra que ha perdido sus capacidades
productivas, con un incremento alto de la salinización,
donde sólo se desarrollan plantas propias
de esos terrenos.
La sequía a su vez se clasifica de cuatro
formas: la meteorológica, provocada por
los incumplimientos de los niveles históricos
de precipitaciones; la agrícola, que es
cuando a consecuencia de la primera se afectan
los rendimientos de cultivos y animales por carencia
del vital líquido; la hidrológica,
que a consecuencia de las anteriores, hace descender
el nivel de las aguas subterráneas y con
ello se secan pozos y manantiales; y la económica
o social, donde por la ausencia crónica
del agua, el sufrimiento llega directamente a
las personas y a todo el sistema productivo.
La actual sequía en su forma más
agresiva se extiende desde la provincia de Camagüey
hasta Guantánamo. Y entre todas la de mayor
afectación es Las Tunas. Este es el territorio
del país que menor promedio de lluvias
anualmente reporta. Hace diez años no logra
alcanzar los 1,126 milímetros, acumulando
un déficit de 400 milímetros de
su media histórica. De enero del presente
año a mitad de mayo, sólo había
llovido el 7 % de lo acostumbrado, y en mayo,
llamado "el mes de las aguas" sólo
alcanzaban 75 milímetros, el 25 % de lo
esperado.
Ante tal situación el 13 de febrero, como
regalo por el Día de los Enamorados, el
Consejo de la Administración Provincial
decretó la Fase de Emergencia para enfrentar
los efectos desastrosos que ya se avenían.
Algunos consideran que se esperó demasiado
para decretar esa alerta, pues los pronósticos
nacionales no ofrecían esperanzas de que
la esperada agua llegara.
De una sequía meteorológica padecida
por un decenio se pasó a la agrícola
y la hidrológica, pues se considera que
los niveles de sus aguas subterráneas han
descendido en 1,20 metros y ello ha conllevado
a la sequía social y económica.
La carencia de agua golpea sustancialmente a la
capital provincial, de cerca de 140,000 habitantes
y ya hay que abastecer con carros cisternas a
147 comunidades en toda la provincia.
La depauperación de los embalses que abastecían
a la ciudad ha obligado a hacer inversiones del
orden de los 3 y medio millones de pesos y 1.765,000
dólares para poder traer el agua de la
vecina provincia Granma a través de una
conductora de 21 kilómetros,
que aportará 260 litros por segundo para
el consumo familiar. Y ya trabajan 33 pipas o
carros cisternas, que desde siete puntos para
su llenado distribuyen el agua a la población.
Para la agricultura tunera sólo en los
últimos tres años las pérdidas
económicas ascienden a 35 millones de pesos
y de ellos 11 corresponden a lo que va de año.
En viandas hasta el pasado abril sólo se
habían acopiado 584,000 quintales de los
644,000 planificados, un 10 % menos, y en leche
las pérdidas se elevan a un millón
de litros. Oficialmente no se ha reportado el
número de ganado fallecido, pero se considera
alto. Sólo se ha comunicado que 22,000
cabezas reciben agua por medio de vehículos
motorizados (combustible por agua). La provincia,
con fuerte tradición azucarera ha visto
reducir el rendimiento de sus cañas al
no poder aplicar el regadío, pese a tener
los equipos, por la ausencia del agua.
Todo esto se traduce en una menor disponibilidad
de los ya pocos alimentos para esa población,
lo que ha provocado el envío de una ayuda
alimentaria de las "reservas nacionales",
anunciada por la ministra del MINCIN en su pasada
conferencia de prensa a finales de abril, pero
que no ha sido publicada en los medios oficiosos.
A propósito, con respecto al tema de la
ayuda alimentaria, ¿mantendrá el
gobierno su silencio ante tal situación?
Las cifras de las afectaciones han sido publicadas
aunque sea parcialmente en el país, pero
muchos aseguran que la realidad es más
grave. Otras dos provincias, Camagüey y Holguín,
están en el centro del problema, al presentar,
en situación similar a Las Tunas, las mayores
afectaciones en la actual sequía.
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