PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 17, 2004
 

DESDE LA CARCEL
Me quieren dejar sin Patria, pero no acepto amo

Juan Carlos Herrera, condenado a 20 años de prisión en la ola represiva de marzo del 2003.

PRISION KILO 7, Camagüey - Hace ya 16 años (marzo de 1988) comencé a experimentar cambios en mi óptica de la realidad cubana y de todo el entorno que me rodeaba. Percibí que bajo el supuesto socialismo sólo viven los parásitos gubernamentales, entiéndase los altos dirigentes, o sea, los que hoy poseen el poder. Comprendí lo falso de las tarareadas consignas y planes quinquenales malogrados, del atraso total, cientos de miles de cubanos huyendo de las abstracciones, la imposición y la supuesta uniformidad.

El Estrecho de la Florida y el perímetro fronterizo de la Base Naval de Guantánamo se convirtieron en grandes cementerios. En los casi treinta años de "Revolución" que habían transcurrido comprendí que el cubano sólo se lleva a la tumba desesperanzas y dolor, agregados a una vida plagada de incertidumbre.

Marchamos a morir a otras tierras bajo un supuesto internacionalismo proletario, en medio de una economía cada día más ineficiente. Casi de repente me encontré en medio de un túnel. Logré ver la luz y mis neuronas comenzaron a actuar independientemente de la manipulación inducida y el adoctrinamiento político, porque éstos ya no encontraban asidero en un solo átomo de mi cuerpo.

El colapso del sistema que tantas promesas hizo acerca de un "hombre nuevo" y un futuro luminoso se desvanecieron totalmente. Habían comenzado a operarse cambios radicales en los que otrora fueran nuestros "protectores"; sus sociedades y sus ciudadanos reclamaban las libertades suprimidas y pisoteadas. Terminé comprobando que vivía bajo un secuestro político y que sin darme cuenta sólo estaba siendo víctima de un experimento político-social macabro.

Fue entonces que abrí mis ojos a pesar de que me encontraba dentro de un monstruo, atrapado. Necesitaba expresarme con toda libertad. Llegó el día que marcó un cambio radical en la historia de la humanidad; caía el socialismo soviético y todos sus resortes que ataban a decenas de naciones europeas y así como arte de magia las subvenciones que sostenían a la dictadura cubana. Grité con todas mis fuerzas ¡EUREKA!

Ya sabía que vivía bajo un régimen policiaco degradante, por lo que tomé el camino justo. Luego de experimentar el contacto con la literatura imparcial, sin un censor obligado (lógicamente de forma clandestina), realicé comparaciones para comprobar que estaba en lo cierto; que debía reclamar mis derechos arrebatados y cercenados.

¿Cuántas mentiras en los discursos del César cubano? Logré catalogarlo públicamente como un "Zar", a pesar de mi juventud y así comencé a relacionarme con cubanos dignos tanto en La Habana como en mi natal Guantánamo, detestados por el dictador en Jefe. Mi espectro de la lógica de la vida se ampliaba. No conocía la verdadera historia de Cuba, todo está distorsionado, lo que antes veía como sistema de "justicia" no era más que una gran farsa, una constitución elaborada para representar sólo a los intereses de los que ostentan el poder, mientras el pueblo cubano vivía oprimido totalmente por el estado. Una nación de valientes resultó estar atada de pies y manos por una vil y canallesca traición política. El orate mayor cercenó derechos y sembró el terror ante el descontento popular.

La nueva constitución de la República (1976) resulta un padrón, donde los ciudadanos somos declarados "no personas"; en contraposición del Gran Jefe surgió lo que es hoy el gran movimiento de derechos humanos, engrosado por nobles cubanos. Contra ellos el gobernante, en medio del gran despecho, arremetió desde el principio brutalmente y de forma despiadada. Muchos enfrentaron las inmundas mazmorras y otros tantos se vieron obligados al exilio forzoso.

Pero para estos valientes cubanos perdura en sus corazones la esperanza de recuperar la patria un día perdida y ahora diezmada, esclavizada en medio de un caos total. No nos resignamos a vivir de hinojos aunque la cárcel o la inducida muerte sea nuestro destino.

Desde que pude otear la realidad nacional, escuchar las mismas peroratas y altisonantes discursos plagados de mentiras despiadadas que dibujan un "paraíso" hoy inalcanzable, decidí decir basta a tantas injusticias y crueldades. No más derechos conculcados en medio de un fundamentalismo inexorable que obliga a millones de ciudadanos a convivir bajo un mutismo inducido por métodos sutiles denigrándolo todo.

Han sido 45 años de inmovilismo político, económico y social, bajo la égida de un personaje egocentrista y espurio que concita y divide a su propio pueblo.

Personalmente sufro la metralla política vengativa del Gran Dictador, pero no me resigno a dejar morir la libertad. Dos veces el tirano en jefe me ha llevado a prisión. ¿Delito? No estar de acuerdo con el poder omnipresente que produce escozor a la nación. No me pesa estar tras las rejas, porque me llena de orgullo saber que no soy de los de doble moral y que sigo las ideas del más grande e insigne de todos los cubanos, José Martí.

El Apóstol una vez sentenció: "Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre". Yo sigo sus lecciones junto a otros valerosos patriotas que sufren, mas no se les escucha un lamento.

Las ideas hoy están encarceladas pero no morirán. Se nos tortura física y psicológicamente pero no bajamos la cerviz, se resiste desde el vientre del monstruo castrista que constituyen sus mazmorras inhóspitas. No sólo se nos encierra y confina, carecemos de derechos totales inherentes, somos tratados como no personas, no podemos aspirar siquiera dentro de las prisiones a una atención médica adecuada entre cientos de violaciones.

Cientos de cubanos hoy estamos con orgullo tras los negros barrotes, pero no vencidos; se nos quiere privar de ser parte de La nación, se nos confina, pero vive la esperanza, porque un día llegará la libertad anhelada, aunque el precio a pagar ha sido alto.

Ese día, no muy lejano, se erigirá un monumento en Cuba Libre y soberana a las víctimas del negro castrismo, a los que han muerto huyendo del terror, a los que ofrendaron sus vidas en las prisiones pero que jamás aceptaron las botas ignominiosas de un amo. Vivo orgulloso de ser parte de las 75 víctimas de la primavera negra de 2003 porque sé que las ideas florecerán en medio de una Patria Libre, limpia y abierta de corazón a todos. Aunque me quieren privar hoy de mi Patria, no acepto amo.



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