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DESDE
LA CARCEL
Me quieren dejar
sin Patria, pero no acepto amo
Juan
Carlos Herrera, condenado a 20 años
de prisión en la ola represiva de marzo
del 2003.
PRISION KILO 7, Camagüey - Hace ya 16 años
(marzo de 1988) comencé a experimentar
cambios en mi óptica de la realidad cubana
y de todo el entorno que me rodeaba. Percibí
que bajo el supuesto socialismo sólo viven
los parásitos gubernamentales, entiéndase
los altos dirigentes, o sea, los que hoy poseen
el poder. Comprendí lo falso de las tarareadas
consignas y planes quinquenales malogrados, del
atraso total, cientos de miles de cubanos huyendo
de las abstracciones, la imposición y la
supuesta uniformidad.
El Estrecho de la Florida y el perímetro
fronterizo de la Base Naval de Guantánamo
se convirtieron en grandes cementerios. En los
casi treinta años de "Revolución"
que habían transcurrido comprendí
que el cubano sólo se lleva a la tumba
desesperanzas y dolor, agregados a una vida plagada
de incertidumbre.
Marchamos a morir a otras tierras bajo un supuesto
internacionalismo proletario, en medio de una
economía cada día más ineficiente.
Casi de repente me encontré en medio de
un túnel. Logré ver la luz y mis
neuronas comenzaron a actuar independientemente
de la manipulación inducida y el adoctrinamiento
político, porque éstos ya no encontraban
asidero en un solo átomo de mi cuerpo.
El colapso del sistema que tantas promesas hizo
acerca de un "hombre nuevo" y un futuro
luminoso se desvanecieron totalmente. Habían
comenzado a operarse cambios radicales en los
que otrora fueran nuestros "protectores";
sus sociedades y sus ciudadanos reclamaban las
libertades suprimidas y pisoteadas. Terminé
comprobando que vivía bajo un secuestro
político y que sin darme cuenta sólo
estaba siendo víctima de un experimento
político-social macabro.
Fue entonces que abrí mis ojos a pesar
de que me encontraba dentro de un monstruo, atrapado.
Necesitaba expresarme con toda libertad. Llegó
el día que marcó un cambio radical
en la historia de la humanidad; caía el
socialismo soviético y todos sus resortes
que ataban a decenas de naciones europeas y así
como arte de magia las subvenciones que sostenían
a la dictadura cubana. Grité con todas
mis fuerzas ¡EUREKA!
Ya sabía que vivía bajo un régimen
policiaco degradante, por lo que tomé el
camino justo. Luego de experimentar el contacto
con la literatura imparcial, sin un censor obligado
(lógicamente de forma clandestina), realicé
comparaciones para comprobar que estaba en lo
cierto; que debía reclamar mis derechos
arrebatados y cercenados.
¿Cuántas mentiras en los discursos
del César cubano? Logré catalogarlo
públicamente como un "Zar", a
pesar de mi juventud y así comencé
a relacionarme con cubanos dignos tanto en La
Habana como en mi natal Guantánamo, detestados
por el dictador en Jefe. Mi espectro de la lógica
de la vida se ampliaba. No conocía la verdadera
historia de Cuba, todo está distorsionado,
lo que antes veía como sistema de "justicia"
no era más que una gran farsa, una constitución
elaborada para representar sólo a los intereses
de los que ostentan el poder, mientras el pueblo
cubano vivía oprimido totalmente por el
estado. Una nación de valientes resultó
estar atada de pies y manos por una vil y canallesca
traición política. El orate mayor
cercenó derechos y sembró el terror
ante el descontento popular.
La nueva constitución de la República
(1976) resulta un padrón, donde los ciudadanos
somos declarados "no personas"; en contraposición
del Gran Jefe surgió lo que es hoy el gran
movimiento de derechos humanos, engrosado por
nobles cubanos. Contra ellos el gobernante, en
medio del gran despecho, arremetió desde
el principio brutalmente y de forma despiadada.
Muchos enfrentaron las inmundas mazmorras y otros
tantos se vieron obligados al exilio forzoso.
Pero para estos valientes cubanos perdura en
sus corazones la esperanza de recuperar la patria
un día perdida y ahora diezmada, esclavizada
en medio de un caos total. No nos resignamos a
vivir de hinojos aunque la cárcel o la
inducida muerte sea nuestro destino.
Desde que pude otear la realidad nacional, escuchar
las mismas peroratas y altisonantes discursos
plagados de mentiras despiadadas que dibujan un
"paraíso" hoy inalcanzable, decidí
decir basta a tantas injusticias y crueldades.
No más derechos conculcados en medio de
un fundamentalismo inexorable que obliga a millones
de ciudadanos a convivir bajo un mutismo inducido
por métodos sutiles denigrándolo
todo.
Han sido 45 años de inmovilismo político,
económico y social, bajo la égida
de un personaje egocentrista y espurio que concita
y divide a su propio pueblo.
Personalmente sufro la metralla política
vengativa del Gran Dictador, pero no me resigno
a dejar morir la libertad. Dos veces el tirano
en jefe me ha llevado a prisión. ¿Delito?
No estar de acuerdo con el poder omnipresente
que produce escozor a la nación. No me
pesa estar tras las rejas, porque me llena de
orgullo saber que no soy de los de doble moral
y que sigo las ideas del más grande e insigne
de todos los cubanos, José Martí.
El Apóstol una vez sentenció: "Yo
quiero que la ley primera de nuestra República
sea el culto de los cubanos a la dignidad plena
del hombre". Yo sigo sus lecciones junto
a otros valerosos patriotas que sufren, mas no
se les escucha un lamento.
Las ideas hoy están encarceladas pero
no morirán. Se nos tortura física
y psicológicamente pero no bajamos la cerviz,
se resiste desde el vientre del monstruo castrista
que constituyen sus mazmorras inhóspitas.
No sólo se nos encierra y confina, carecemos
de derechos totales inherentes, somos tratados
como no personas, no podemos aspirar siquiera
dentro de las prisiones a una atención
médica adecuada entre cientos de violaciones.
Cientos de cubanos hoy estamos con orgullo tras
los negros barrotes, pero no vencidos; se nos
quiere privar de ser parte de La nación,
se nos confina, pero vive la esperanza, porque
un día llegará la libertad anhelada,
aunque el precio a pagar ha sido alto.
Ese día, no muy lejano, se erigirá
un monumento en Cuba Libre y soberana a las víctimas
del negro castrismo, a los que han muerto huyendo
del terror, a los que ofrendaron sus vidas en
las prisiones pero que jamás aceptaron
las botas ignominiosas de un amo. Vivo orgulloso
de ser parte de las 75 víctimas de la primavera
negra de 2003 porque sé que las ideas florecerán
en medio de una Patria Libre, limpia y abierta
de corazón a todos. Aunque me quieren privar
hoy de mi Patria, no acepto amo.
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