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PRISIONES
Todo tiene un precio
Fara Armenteros, UPECI
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - En una breve
actividad donde se entregaron premios por su trabajo
a varios periodistas independientes, una de las
galardonadas, Tania Díaz Castro, expresó
que en algún momento pensó dejar
de escribir, pero ya borró esa idea de
su mente y continuará escribiendo.
Casi todos los periodistas independientes, por
diversas razones, hemos hecho un alto temporal
en nuestro trabajo, y con el tiempo lo hemos continuado.
Es que el periodista independiente es un comunicador
comprometido con la libertad de expresión,
que es la razón de existencia de este movimiento
en Cuba.
Con Olga Ibarra Echevarria mi familia mantiene
relaciones de amistad por más de veinte
años. Es la esposa de Raúl Arencibia
Fajardo, preso político condenado el 18
de marzo de 2004 a tres años de privación
de libertad. Está enclaustrado en la prisión
1580, enclavada en el municipio capitalino San
Miguel del Padrón.
Hace unos días llegó Olguita muy
agitada a mi casa, se pasó un pañuelo
por el rostro enrojecido. Creí que la sofocación
de debía al sol y al calor que sufrimos
en estos momentos en Cuba, y le pregunté
por Raulito.
"¡Raulito mal, muy mal, está
durmiendo en el suelo! ¡Tú sabes
que es un hombre enfermo!"
A Arencibia Fajardo tuvieron que efectuarle un
neumotórax, es asmático crónico
y sufre fuertes crisis de gastritis.
"¡Y está preso injustamente!",
añadió.
Cuando se calmó explicó que estuvo
en Villa Marista (centro de instrucción
del Departamento de Seguridad del Estado), donde
se encargaron de la detención y acusación
de su marido.
"Allí me atendieron y me aconsejaron
que fuera a la Dirección de Cárceles
y Prisiones en el Vedado. En este lugar me pusieron
en contacto con un funcionario del penal, quien
me aseguró que el problema de mi esposo
se resolverá, sólo que no dijeron
cuándo".
Dijo, además, que está preocupada
porque teme que su esposo adquiera una enfermedad
respiratoria o que afronte otro problema.
Señaló que ahora le facilitaron
una tabla para dormir, pero un día no se
paró al recuento y los guardianes quisieron
ponerlo en una celda de castigo. La intervención
de varios reclusos comunes que explicaron la situación
de Raúl Arencibia Fajardo fue aceptada
por los guardianes, quienes lo dejaron tranquilo.
Para un preso no tener cama significa permanecer
de pie desde las cinco de la mañana hasta
las diez de la noche. Solamente lo libra de esa
incomodidad la benevolencia de otro recluso que
le permite sentarse en su cama o acostarse un
rato.
El preso que no tiene cama cuenta con el espacio
que hay entre dos de ellas para sentarse o acostarse,
pero ese espacio es el "patio" de los
reos dueños de esas camas. "No te
puedes acostar en el patio de nadie", me
contó un ex recluso que actualmente vive
en el exilio. Me explicó que en la mayoría
de las prisiones todo tiene su precio. Una tabla
de litera se adquiere por diez cajas de cigarrillos.
La ubicación de esa tabla en una litera
cuesta 30 cajas, y una colchoneta de malangueta
(planta de río, presas o lagunas) puede
comprarse por 15 cajas de cigarrillos.
El "negocio" lo hace el jefe de disciplina
en coordinación con el jefe de avituallamiento,
ambos reclusos. "¿Ignora la guarnición
estos manejos?", se pregunta el ex preso
que hoy vive exiliado.
Recientemente, Olga Ibarra Echevarria volvió
a visitarnos y dijo que Arencibia Fajardo le pidió
que no hiciera más gestiones para que le
dieran la cama, porque las autoridades del penal
lo harían cuando lo estimaran conveniente,
hiciera ella los trámites que hiciera.
Quince días después de su internamiento
en la 1580, el preso político Raúl
Arencibia Fajardo recibió la cama.
Hechos como éstos y otros más dramáticos
son los que hacen que continuemos trabajando,
no importa que la artrosis o la tendonitis hagan
que el bolígrafo caiga de nuestras manos,
o el tedio y la policía política
nos amenacen, esta última con el anuncio
reiterado que nos tienen preparados veinte años
de cárcel porque estamos "al servicio
de una potencia extranjera enemiga de la revolución
cubana".
¿Qué hacer? ¡Todo tiene su
precio! Las camas en un penal y el derecho a usar
la libertad de expresión.
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