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RELIGION
La fe de los ateos
Juan González Febles
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - En La Habana
conviven muchos mundos. En muchos se busca lo
milagroso. Se trata de encontrar atajos a la vida
difícil y estéril. Se superponen
los puntos de vista. Desde que fueron expulsados
los sacerdotes y monjas católicos hace
cuatro décadas hasta enero de 1998, en
que el Papa Juan Pablo II visitó la isla,
coincidió la persecución de la fe
cristiana con la búsqueda de vías
alternativas de contacto con lo milagroso.
Proliferaron confesiones exóticas. La
confección de cartas astrológicas
conoció amplia difusión. El horóscopo
occidental, el chino, las runas, el tarot, el
anualismo y distintas disciplinas del cuarto camino
encontraron espacio.
Por su parte, los paleros y bacalaos tradicionales
vieron crecer lo suyo. Las logias y escuelas iniciáticas
permitidas de forma precaria después de
la caída del campo socialista también
crecieron de forma extraordinaria.
La Sociedad Teosófica, las órdenes
Rosacruces de Max Haendel y de AMORC aumentaron
su membresía en forma preocupante para
las autoridades. Los eficientes mecanismos de
compulsión-represión del régimen
centraron su esfuerzo en la penetración.
En no pocas ocasiones se entorpeció el
funcionamiento normal de estas instituciones.
Para ello la llamada Oficina de Asuntos Religiosos
del Comité Central del Partido Comunista
y la policía política del régimen
asumieron roles protagónicos.
Se dilató y entorpeció la concesión
de permisos de construcción y ampliación
de locales para las asociaciones legalizadas.
Las que buscaron espacio legal encontraron un
sinnúmero de dificultades. El Registro
de Asociaciones del ministerio de Justicia denegó
las solicitudes en algunos casos y en otros no
dio respuesta alguna.
No obstante, de 1989 en adelante se establecieron
en la isla la Fe Bahai, las enseñanzas
de Sai Baba y las prácticas Nahualt, estas
últimas, introducidas por Frank Díaz,
su esposa y un pequeño grupo de colaboradores.
La literatura anual, expuesta por Carlos Castañeda
en sus obras, llegó en forma milagrosa
al país. Su divulgación se produjo
a partir de fotocopias.
El Cuarto Camino fue introducido por el teatrista
Vicente Revuelta, y la disciplina encontró
continuidad a partir del tesón del profesor
Aníbal Pentón. El Cuarto Camino
alcanzó así una precaria, pero sensible
difusión.
Ya en la década de 1970 había llegado
a Cuba Fusila Budhi Dharma, conocido como Subud
que luego del inevitable período de acoso
creció y consiguió extenderse a
lo largo del país. Ya en la segunda mitad
de la década de 1990 contaban con núcleos
devocionales en lugares como Bayamo y Camagüey.
La sede del Subud cubano estuvo ubicada en el
Reparto Martí, en la capital.
Paralelamente, las confesiones de origen africano
abandonaron la marginalidad. Por intereses políticos
del régimen comenzó un proceso de
crecimiento de estas confesiones, facilitado por
la guerra de Angola y la intervención castrista
en el continente africano.
A partir de los 90 personalidades del mundo artístico
y profesional hicieron su iniciación en
los cultos de origen africano. Se puso de moda
hacerse Santo, o hacer Ifa. Los prejuicios cedieron
a la insoportable presión del hambre, la
miseria y la carestía.
Muchos "ateos" situados en posiciones
relevantes de la nomenclatura nunca habían
abandonado las prácticas de hechicería
y magia de origen africano, practicando la doble
moral. El pueblo, por su parte, captó el
mensaje.
La doble moral y otras conductas siguieron la
pendiente verticalista tan del gusto del régimen.
Como dice la jerga oficial, todo "bajó".
Los represores del ministerio del Interior se
"protegieron" del rencor de los "de
abajo" y de la paranoia de los "de arriba".
El consejo de bacalaos, ganguleros, de las runas,
el tarot o la astrología llegó a
sus predios.
Se asustaron. Fueron creadas sociedades oficiales
bajo el auspicio velado de la policía política
para estudiar estas manifestaciones. La Seguridad
estableció grupos de trabajo operativo
para ello. Unos funcionan en la clandestinidad
de la operación encubierta, otros en el
marco de sociedades aparentemente no gubernamentales,
como la llamada Sociedad Cubana de Hipnosis.
Sobre la participación del gobierno castrista
en estas actividades resulta ilustrativa la opinión
del ocultista, astrólogo y estudioso Rafael
Pérez Rivas, residente en La Habana:
"He visto que 'ellos' entran en todas estas
asociaciones. Las monitorean. Tratan de tener
conocimiento profundo de este tipo de línea
mística. Puede ser en la santería,
en el palo, en las órdenes esotéricas
como los Rosacruces, etc. Pero hay una cosa muy
curiosa: algunas de estas personas, después
que han trabado conocimiento verdadero han sido
ganados por éste. Y cosa aún más
curiosa: han cambiado sus ideales".
Sobre el llamado "ateísmo científico",
esta aberración jamás ha encontrado
cabida ni siquiera entre sus promotores. Estos
aceptan la existencia de una mente suprema y universal.
A lo que verdaderamente han renunciado es al amor.
A uno de ellos le escuché decir: "No
creo en Dios, pero le tengo muchísimo miedo".
Parece que tomó la frase prestada de algún
sitio. Yo no lo olvidé, quizás él
tampoco. Pero parecía muy sincero cuando
la pronunciaba.
Otro destacado ocultista cubano residente en
La Habana, Silvio Herrera Núñez,
más conocido por su labor como periodista
independiente y su participación en la
Asamblea para Promover la Sociedad Civil, dice:
"He conocido muy pocos ateos verdaderos.
De hecho, como fenómeno, nunca ha existido
ateísmo en Cuba. A pesar de que el régimen
se ha proclamado ateo desde su simiente, el cubano
nunca ha renunciado del todo a la vida espiritual.
Producto del modus operando del régimen,
los militantes del Partido Comunista mantenían
a sus santos escondidos en el escaparate. Eran
creyentes a escondidas".
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