PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 11, 2004
 

SOCIEDAD
La fe de los creyentes

Juan González Febles

LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - La estatua de bronce de John Lennon en La Habana nunca está sola. Jamás le falta la flor dejada por manos anónimas en su regazo. Ubicada en el parque limitado por las calles 4, 6, 15 y 17 en el Vedado, lo representa sentado en un banco, como quien reposa o medita. La gente que le quiere en ocasiones le enciende una vela o le convida en pequeños vasitos plásticos a ron, aguardiente o vino.

De todas partes de la ciudad acuden gentes para retratarse en su compañía. Lo merece. No hizo más que vivir, amar y exaltar el amor y la alegría de vivir en sus canciones.

En el cementerio habanero Cristóbal Colón, una tumba es objeto de singular veneración y peregrinación. Se trata del túmulo funerario de una mujer sencilla. Una madre que murió mientras daba a luz. Se trata de La Milagrosa. El decir popular asegura que responde con milagros las peticiones hechas con fe por madres como ella.

En su tumba tampoco faltan flores. Es una figura primada por el fervor popular habanero. De forma similar a San Lázar-Babalú, no ha encontrado confirmación teológica en Roma, y ni falta le hace: su público está en Cuba y habla español.

Quizás por esta circunstancia, La Milagrosa ha sido incluida de oficio entre las atracciones para turistas que oferta el cementerio. Se ha hecho coexistir la paz de los sepulcros con la condición de monumento nacional y polo de atracción turística con que ha sido "honrado" el más famoso de los cementerios habaneros.

En otro extremo de la ciudad, en el municipio de San Miguel del Padrón, está la Virgen del Camino. La santa recibe a sus pies monedas, flores y la llama de velas votivas. Gentes de toda ralea y color realizan peregrinaciones personales a su trono, para implorar su auxilio.

Se dan cita en el cruce de los caminos señalados como Calzada de Luyanó, Vía Blanca, Calzada de San Miguel del Padrón y Calzada de Güines. La tradición oral señala que ayuda a los que quieren viajar. Aunque también aboga por amores difíciles, enfermedades y todo tipo de adversidad.

El monumento fue erigido durante la presidencia del doctor Ramón Grau San Martín, en la primera mitad del siglo XX. Su aparición coincidió con un importante auge económico del país en la cresta de una ola democratizadora sin precedentes. Curiosamente, su mayor acento devocional ocurrió a partir de la década de los 90 del mismo siglo XX.

Otras figuras emergentes en el amor y la devoción de los habaneros son San Judas Tadeo y Santa Rita de Casia. Con el primero no ha sido posible rastrear a partir de qué surgió su renovada popularidad. Conocido por abogado de lo imposible, comparte la solución de casos extremos con Santa Rita.

En el caso de Santa Rita de Casia, la acción de las Damas de Blanco sin duda contribuye a aportarle a la santa el aura defensora de los presos. Las noticias corren en La Habana por vías misteriosas, y a través de ella ha llegado el mensaje a una sensibilidad predispuesta a lo milagroso. El mensaje diría: Santa Rita hace milagros, su mano atraviesa los muros de las prisiones.

La devoción y el amor de los habaneros por lo milagroso es un hecho. Esto marca un contraste con la indiferencia con que otros símbolos y presencias en la piedra y el bronce pasan irreverentemente inadvertidos.

Junto a la universidad un conjunto escultórico perpetúa la memoria del líder estudiantil comunista Julio Antonio Mella. El monumento está instalado en una zona muy céntrica de la capital, y fue objeto de la atención esmerada del Partido Comunista y en especial de la organización juvenil subordinada al mismo, la Unión de Jóvenes Comunistas.

Cuando se inauguró el monumento se importaban tradiciones de la Europa comunista y de la extinta Unión Soviética. Una muy promocionada consistía en que las parejas de recién casados acudieran al monumento de Mella. Una vez allí, la novia ofrendaba su ramo de flores al finado dirigente comunista. Hoy de aquello no queda nada. Sin presión oficial, las habaneras no hacen ofrendas a comunistas. Ni vivos, ni muertos.

Los monumentos al soldado desconocido sufrieron similar ajuste de cuentas. Nombres de calles modificados en función de intereses políticos resisten el cambio y permanecen indelebles e invictas en la memoria colectiva en su forma original. Como ejemplo tenemos las calles Carlos III en Centro Habana y Dolores en 10 de Octubre. En la actualidad llevan el nombre que tuvieron siempre, para nadie han sido Avenida Salvador Allende o Camilo Cienfuegos. Algunos hasta ignoran que hubo alguna vez un cambio de denominación.

En términos de tradiciones y ascendente real en el corazón popular, el gobierno de Fidel Castro sólo ha cosechado fracasos. De sus esfuerzos por arraigarse en la memoria colectiva queda menos de lo que quedó de los extintos siboneyes.



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