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SOCIEDAD
La fe de los creyentes
Juan González Febles
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - La estatua
de bronce de John Lennon en La Habana nunca está
sola. Jamás le falta la flor dejada por
manos anónimas en su regazo. Ubicada en
el parque limitado por las calles 4, 6, 15 y 17
en el Vedado, lo representa sentado en un banco,
como quien reposa o medita. La gente que le quiere
en ocasiones le enciende una vela o le convida
en pequeños vasitos plásticos a
ron, aguardiente o vino.
De todas partes de la ciudad acuden gentes para
retratarse en su compañía. Lo merece.
No hizo más que vivir, amar y exaltar el
amor y la alegría de vivir en sus canciones.
En el cementerio habanero Cristóbal Colón,
una tumba es objeto de singular veneración
y peregrinación. Se trata del túmulo
funerario de una mujer sencilla. Una madre que
murió mientras daba a luz. Se trata de
La Milagrosa. El decir popular asegura que responde
con milagros las peticiones hechas con fe por
madres como ella.
En su tumba tampoco faltan flores. Es una figura
primada por el fervor popular habanero. De forma
similar a San Lázar-Babalú, no ha
encontrado confirmación teológica
en Roma, y ni falta le hace: su público
está en Cuba y habla español.
Quizás por esta circunstancia, La Milagrosa
ha sido incluida de oficio entre las atracciones
para turistas que oferta el cementerio. Se ha
hecho coexistir la paz de los sepulcros con la
condición de monumento nacional y polo
de atracción turística con que ha
sido "honrado" el más famoso
de los cementerios habaneros.
En otro extremo de la ciudad, en el municipio
de San Miguel del Padrón, está la
Virgen del Camino. La santa recibe a sus pies
monedas, flores y la llama de velas votivas. Gentes
de toda ralea y color realizan peregrinaciones
personales a su trono, para implorar su auxilio.
Se dan cita en el cruce de los caminos señalados
como Calzada de Luyanó, Vía Blanca,
Calzada de San Miguel del Padrón y Calzada
de Güines. La tradición oral señala
que ayuda a los que quieren viajar. Aunque también
aboga por amores difíciles, enfermedades
y todo tipo de adversidad.
El monumento fue erigido durante la presidencia
del doctor Ramón Grau San Martín,
en la primera mitad del siglo XX. Su aparición
coincidió con un importante auge económico
del país en la cresta de una ola democratizadora
sin precedentes. Curiosamente, su mayor acento
devocional ocurrió a partir de la década
de los 90 del mismo siglo XX.
Otras figuras emergentes en el amor y la devoción
de los habaneros son San Judas Tadeo y Santa Rita
de Casia. Con el primero no ha sido posible rastrear
a partir de qué surgió su renovada
popularidad. Conocido por abogado de lo imposible,
comparte la solución de casos extremos
con Santa Rita.
En el caso de Santa Rita de Casia, la acción
de las Damas de Blanco sin duda contribuye a aportarle
a la santa el aura defensora de los presos. Las
noticias corren en La Habana por vías misteriosas,
y a través de ella ha llegado el mensaje
a una sensibilidad predispuesta a lo milagroso.
El mensaje diría: Santa Rita hace milagros,
su mano atraviesa los muros de las prisiones.
La devoción y el amor de los habaneros
por lo milagroso es un hecho. Esto marca un contraste
con la indiferencia con que otros símbolos
y presencias en la piedra y el bronce pasan irreverentemente
inadvertidos.
Junto a la universidad un conjunto escultórico
perpetúa la memoria del líder estudiantil
comunista Julio Antonio Mella. El monumento está
instalado en una zona muy céntrica de la
capital, y fue objeto de la atención esmerada
del Partido Comunista y en especial de la organización
juvenil subordinada al mismo, la Unión
de Jóvenes Comunistas.
Cuando se inauguró el monumento se importaban
tradiciones de la Europa comunista y de la extinta
Unión Soviética. Una muy promocionada
consistía en que las parejas de recién
casados acudieran al monumento de Mella. Una vez
allí, la novia ofrendaba su ramo de flores
al finado dirigente comunista. Hoy de aquello
no queda nada. Sin presión oficial, las
habaneras no hacen ofrendas a comunistas. Ni vivos,
ni muertos.
Los monumentos al soldado desconocido sufrieron
similar ajuste de cuentas. Nombres de calles modificados
en función de intereses políticos
resisten el cambio y permanecen indelebles e invictas
en la memoria colectiva en su forma original.
Como ejemplo tenemos las calles Carlos III en
Centro Habana y Dolores en 10 de Octubre. En la
actualidad llevan el nombre que tuvieron siempre,
para nadie han sido Avenida Salvador Allende o
Camilo Cienfuegos. Algunos hasta ignoran que hubo
alguna vez un cambio de denominación.
En términos de tradiciones y ascendente
real en el corazón popular, el gobierno
de Fidel Castro sólo ha cosechado fracasos.
De sus esfuerzos por arraigarse en la memoria
colectiva queda menos de lo que quedó de
los extintos siboneyes.
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