|
ECONOMIA
Dionisíaca en La
Habana
Ariel Delgado Covarrubias
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - ¡Si
los muros pudieran hablar, cuántas historias
terribles podrían contar los del Castillo
de San Carlos de la Cabaña! Desde su magnífica
ubicación geográfica, donde se divisa
y domina toda la ciudad de La Habana, para muchos
cubanos de aquí y de ultramar todavía
retumban las descargas de fusilería en
los paredones del tristemente célebre Foso
de los Laureles y el último gemir de las
víctimas.
Los siglos XIX y XX fueron testigos de esas ejecuciones
de patriotas de todas las épocas. Más
de dos décadas después del triunfo
del castrismo, la fortaleza cambió de destino
al tratar el régimen de mejorar su imagen.
Y la última década ha sido testigo
de la transformación de un centro de tortura
y muerte en un destino turístico de la
capital cubana, sede de eventos culturales, como
la Feria Internacional del Libro que anualmente
se celebra en sus recintos.
Ahora le tocó su turno a otra feria, ésta
no tan cultural, pero que sí recoge parte
de la cultura del cubano, la Feria del Ron. Del
7 al 9 de este mes, las principales firmas del
espirituoso se han reunido para celebrar los éxitos
productivos y comerciales y abrir nuevos cauces
a tan lucrativo negocio.
El producto se ha expandido por gran parte del
mundo con un resonado éxito comercial y
una notable aceptación entre los seguidores
del dios griego Baco, o del romano Dionisio. Celebran
en primer lugar el décimo aniversario de
la constitución del holding Habana Club
International (HCI) por la firma francesa de bebidas
Pernord Ricard y la nacional Cuba Ron S.A., dedicada
a producir y comercializar esa bebida.
Motivos tienen para los brindis. En los diez
años de operaciones sus ventas crecieron
a razón del 17 % anual. Si en 1994 se vendió
medio millón de cajas de nueve litros por
medio de la exportación, en 2003 la cifra
alcanzó el millón 900 mil cajas,
sin contar el añejo contenido en el Habana
Loco, de reciente aparición en el mercado
y del cual sólo en Italia en los primeros
ocho meses de su distribución se han vendido
10 millones de botellas. Según la revista
especializada Impact, si en 2001 ocupaba el lugar
63 del raiting mundial del producto, en 2003 ya
ocupa el 50.
Las autoridades cubanas prestan especial atención
a esa producción. La industria azucarera
no tendrá refino para distribuir a la población,
pero eso se importa. Esa industria tiene que suministrar
la materia prima necesaria para la producción
etílica, que tiene una gran repercusión
económica y política también.
Los brasileños utilizan su alcohol proveniente
de la caña de azúcar como combustible.
Los cubanos lo dedican al ron. Y no es que no
necesiten el combustible, qué va, es que
esa producción requiere una tecnología
que el gobierno no tiene. Pero tratándose
del ron, el proceso es más fácil.
La experiencia es centenaria y sus marcas son
reconocidas ya desde los inicios del siglo XX.
En las marcas es donde precisamente está
el meollo de su razón política.
Poco antes de 1959 la firma Bacardí, con
su principal destilería en la histórica
Santiago de Cuba, cuna del ron cubano, trasladó
su patente para Bahamas. ¿Premonición
o jugada comercial? Nadie se atreve a asegurar
una u otra cosa, pero lo cierto es que la prestigiosa
rúbrica no pudo ser usurpada por el régimen
triunfante. Y hoy Bacardí es la marca número
uno de ron del mundo.
La marca insignia del ron producido en la isla
es, sin dudas, Havana Club. Era propiedad de los
familiares de José Arrechabala, quienes
al abandonar el país en 1960 dejaron de
registrarla. En 1976 la empresa cubana Cubaexport
ya la había registrado en más de
80 países, entre ellos Estados Unidos.
Pero en 1997 se crea la firma José Arrechabala
Internacional y se la venden a la Bacardí,
que comenzó a producir un ron con ese nombre
en Bahamas, dedicado en especial al mercado norteamericano,
que consume un tercio del total mundial, y donde
no se puede comercializar el producido en Cuba.
Ya para esos momentos el Havana Club isleño
era vendido con muy buen éxito por la Pernord
Ricard, y éstos reclaman en tribunales
norteamericanos la exclusividad de la marca. En
abril de 1999 un tribunal del sur de New York
declaró sin lugar la reclamación
francesa, amparado en la aplicación retroactiva
de la sección 211 de la Ley de Presupuesto
de Estados Unidos, aprobada por el Congreso de
ese país en octubre de 1998.
Según esa norma "ningún tribunal
de Estados Unidos reconoce, hará cumplir
o de otra manera validará una indagación
de derechos sobre marcas registradas y nombres
comerciales que se usaron en relación con
propiedades confiscadas" por el gobierno
cubano. Los reclamantes, no satisfechos con el
fallo, lo apelaron.
Tras una larga disputa la Oficina de Patentes
y Marcas de Estados Unidos determinó el
pasado mes de febrero el derecho del consorcio
francés que comercializa el ron cubano
a registrarla, alegando que desde 1996 habían
solicitado la renovación del registro de
ese nombre, desestimando así los alegatos
de la Bacardí. Esa decisión es firme
hasta el año 2006.
Especialistas consideran que tal fallo, por encima
de una decisión del Congreso Norteamericano,
se debe a que de aplicarse la sección 211
el gobierno cubano pudiera tomar represalias a
través de las más de 5,000 firmas
de productos norteamericanos registrados en la
Isla, y con ello dar inicio a una guerra de marcas
contraria al espíritu del intercambio mundial.
Precisamente en 2002 la Organización Mundial
del Comercio declaró esa sección
ilegal, por violar los principios de la actividad
comercial internacional.
Razones hay para un brindis, más que un
brindis para una borrachera criolla entre quienes
han llevado por la parte cubana el caso, en momentos
que algunos consideran que las medidas del embargo
puedan llegar a su fin, y con ello el camino está
allanado para la entrada del ron producido en
Cuba con tan prestigioso nombre al enorme mercado
norteamericano.
Sin embargo, volviendo al Festival del Ron, no
todo indica eso. La principal actividad de ese
evento es el lanzamiento, precisamente, de nuevas
marcas que han tenido su prueba de fuego en el
mercado de fronteras, con también buena
aceptación.
Las nuevas a lanzar son: Santiago y Cubay, de
la firma Cuba Ron S.A.; Legendario y Arecha (¿un
diminutivo de Arrechabala?), de la Empresa de
Bebidas y Refrescos; Mulata y Bucanero, de Tecnoazúcar,
y Varadero y Caney, de la corporación CIMEX.
Tal parece que el gobierno cubano va preparando
caminos para en caso que el triunfo legal sobre
la marca Havana Club sea efímero, tener
otras para continuar su desenfrenada venta en
pos de dólares frescos. Y en medio de tales
objetivos parece querer borrar con ron las indelebles
manchas de sangre de sus paredones y ahogar el
eco de los gritos de los fusilados en un lugar
donde esas almas claman justicia y recuerdo.
|