PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 9, 2004
 

ECONOMIA
Dionisíaca en La Habana

Ariel Delgado Covarrubias

LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - ¡Si los muros pudieran hablar, cuántas historias terribles podrían contar los del Castillo de San Carlos de la Cabaña! Desde su magnífica ubicación geográfica, donde se divisa y domina toda la ciudad de La Habana, para muchos cubanos de aquí y de ultramar todavía retumban las descargas de fusilería en los paredones del tristemente célebre Foso de los Laureles y el último gemir de las víctimas.

Los siglos XIX y XX fueron testigos de esas ejecuciones de patriotas de todas las épocas. Más de dos décadas después del triunfo del castrismo, la fortaleza cambió de destino al tratar el régimen de mejorar su imagen. Y la última década ha sido testigo de la transformación de un centro de tortura y muerte en un destino turístico de la capital cubana, sede de eventos culturales, como la Feria Internacional del Libro que anualmente se celebra en sus recintos.

Ahora le tocó su turno a otra feria, ésta no tan cultural, pero que sí recoge parte de la cultura del cubano, la Feria del Ron. Del 7 al 9 de este mes, las principales firmas del espirituoso se han reunido para celebrar los éxitos productivos y comerciales y abrir nuevos cauces a tan lucrativo negocio.

El producto se ha expandido por gran parte del mundo con un resonado éxito comercial y una notable aceptación entre los seguidores del dios griego Baco, o del romano Dionisio. Celebran en primer lugar el décimo aniversario de la constitución del holding Habana Club International (HCI) por la firma francesa de bebidas Pernord Ricard y la nacional Cuba Ron S.A., dedicada a producir y comercializar esa bebida.

Motivos tienen para los brindis. En los diez años de operaciones sus ventas crecieron a razón del 17 % anual. Si en 1994 se vendió medio millón de cajas de nueve litros por medio de la exportación, en 2003 la cifra alcanzó el millón 900 mil cajas, sin contar el añejo contenido en el Habana Loco, de reciente aparición en el mercado y del cual sólo en Italia en los primeros ocho meses de su distribución se han vendido 10 millones de botellas. Según la revista especializada Impact, si en 2001 ocupaba el lugar 63 del raiting mundial del producto, en 2003 ya ocupa el 50.

Las autoridades cubanas prestan especial atención a esa producción. La industria azucarera no tendrá refino para distribuir a la población, pero eso se importa. Esa industria tiene que suministrar la materia prima necesaria para la producción etílica, que tiene una gran repercusión económica y política también.

Los brasileños utilizan su alcohol proveniente de la caña de azúcar como combustible. Los cubanos lo dedican al ron. Y no es que no necesiten el combustible, qué va, es que esa producción requiere una tecnología que el gobierno no tiene. Pero tratándose del ron, el proceso es más fácil. La experiencia es centenaria y sus marcas son reconocidas ya desde los inicios del siglo XX.

En las marcas es donde precisamente está el meollo de su razón política. Poco antes de 1959 la firma Bacardí, con su principal destilería en la histórica Santiago de Cuba, cuna del ron cubano, trasladó su patente para Bahamas. ¿Premonición o jugada comercial? Nadie se atreve a asegurar una u otra cosa, pero lo cierto es que la prestigiosa rúbrica no pudo ser usurpada por el régimen triunfante. Y hoy Bacardí es la marca número uno de ron del mundo.

La marca insignia del ron producido en la isla es, sin dudas, Havana Club. Era propiedad de los familiares de José Arrechabala, quienes al abandonar el país en 1960 dejaron de registrarla. En 1976 la empresa cubana Cubaexport ya la había registrado en más de 80 países, entre ellos Estados Unidos.

Pero en 1997 se crea la firma José Arrechabala Internacional y se la venden a la Bacardí, que comenzó a producir un ron con ese nombre en Bahamas, dedicado en especial al mercado norteamericano, que consume un tercio del total mundial, y donde no se puede comercializar el producido en Cuba.

Ya para esos momentos el Havana Club isleño era vendido con muy buen éxito por la Pernord Ricard, y éstos reclaman en tribunales norteamericanos la exclusividad de la marca. En abril de 1999 un tribunal del sur de New York declaró sin lugar la reclamación francesa, amparado en la aplicación retroactiva de la sección 211 de la Ley de Presupuesto de Estados Unidos, aprobada por el Congreso de ese país en octubre de 1998.

Según esa norma "ningún tribunal de Estados Unidos reconoce, hará cumplir o de otra manera validará una indagación de derechos sobre marcas registradas y nombres comerciales que se usaron en relación con propiedades confiscadas" por el gobierno cubano. Los reclamantes, no satisfechos con el fallo, lo apelaron.

Tras una larga disputa la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos determinó el pasado mes de febrero el derecho del consorcio francés que comercializa el ron cubano a registrarla, alegando que desde 1996 habían solicitado la renovación del registro de ese nombre, desestimando así los alegatos de la Bacardí. Esa decisión es firme hasta el año 2006.

Especialistas consideran que tal fallo, por encima de una decisión del Congreso Norteamericano, se debe a que de aplicarse la sección 211 el gobierno cubano pudiera tomar represalias a través de las más de 5,000 firmas de productos norteamericanos registrados en la Isla, y con ello dar inicio a una guerra de marcas contraria al espíritu del intercambio mundial. Precisamente en 2002 la Organización Mundial del Comercio declaró esa sección ilegal, por violar los principios de la actividad comercial internacional.

Razones hay para un brindis, más que un brindis para una borrachera criolla entre quienes han llevado por la parte cubana el caso, en momentos que algunos consideran que las medidas del embargo puedan llegar a su fin, y con ello el camino está allanado para la entrada del ron producido en Cuba con tan prestigioso nombre al enorme mercado norteamericano.

Sin embargo, volviendo al Festival del Ron, no todo indica eso. La principal actividad de ese evento es el lanzamiento, precisamente, de nuevas marcas que han tenido su prueba de fuego en el mercado de fronteras, con también buena aceptación.

Las nuevas a lanzar son: Santiago y Cubay, de la firma Cuba Ron S.A.; Legendario y Arecha (¿un diminutivo de Arrechabala?), de la Empresa de Bebidas y Refrescos; Mulata y Bucanero, de Tecnoazúcar, y Varadero y Caney, de la corporación CIMEX.

Tal parece que el gobierno cubano va preparando caminos para en caso que el triunfo legal sobre la marca Havana Club sea efímero, tener otras para continuar su desenfrenada venta en pos de dólares frescos. Y en medio de tales objetivos parece querer borrar con ron las indelebles manchas de sangre de sus paredones y ahogar el eco de los gritos de los fusilados en un lugar donde esas almas claman justicia y recuerdo.



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