PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 7, 2004
 

AGRICULTURA
El talón de Aquiles de la zafra (III y final)

Ariel Delgado Covarrubias

LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - En sus brillantes análisis sobre el papel de la caña de azúcar y su sistema productivo, el sabio Alvaro Reynoso concluía que las actividades agrícolas debían estar separadas de las industriales. Durante el siglo XIX los ricos hacendados cubanos que poseían el capital para invertir en esa esfera eran los dueños de los ingenios, las plantaciones y las dotaciones de esclavos y por lo tanto, los máximos responsables de todo el sistema productivo.

Para la primera mitad del siglo XX los dueños de los centrales no poseían la propiedad de la mayor parte de las tierras que abastecían con la gramínea a su industria. El colono, dueño de pequeñas extensiones, lograba concentrar todo su esfuerzo en sacar a la tierra los mejores rendimientos en los sembrados de caña. Disponía de mano de obra abundante, barata y capacitada para todas las atenciones que requería el cultivo y lograba que el negocio fuera rentable.

Con la implantación del comunismo como sistema, todas las propiedades, inclusive la mano de obra barata, pasaron a manos del Estado, salvo una pequeña parte de la tierra dedicada a este cultivo que permaneció en manos de campesinos privados. Siguiendo los consejos del Padre de la Agricultura Cañera Cubana, Alvaro Reynoso, la industria pasó a manos de la Empresa Consolidada del Azúcar, perteneciente al ministerio de Industrias y que pasó posteriormente a ser el ministerio de la Industria Azucarera (MINAZ).

La parte agrícola pasó al ministerio de la Agricultura, que como es lógico dedicó sus principales recursos y especialistas al desarrollo de cultivos varios, ganadería y demás producciones dedicadas al consumo humano. Tal abandono trajo como consecuencia graves perjuicios a las zafras, hasta que en los años 80 se tomó la decisión de unificar la agricultura cañera con la parte industrial del MINAZ y nacieron los Complejos Agroindustriales Azucareros (CAIA) existentes hasta la actualidad.

Si la agricultura cañera poseía las mejores tierras y de cuantiosos recursos en el ministerio de la Agricultura, en el MINAZ constituyó la parte menos desarrollada. Las contradicciones existentes por una visión estratégica uniformadora impidieron el desarrollo de las potencialidades de esa agricultura. Y esa situación se mantiene.

Pero si entre todos los factores que inciden negativamente y convierten a la agricultura cañera en el Talón de Aquiles de las zafras cubanas, se tuviera que escoger uno como el principal, ése sería el hombre, el que trabaja la tierra sembrando y atendiendo la caña, el que la corta y la traslada a los ingenios.

Durante décadas el obrero agrícola cañero ha sido el peor pagado de todos los que laboran en el sector, al punto que su labor ha sido sustituida en gran parte por una gigantesca mecanización, según el gobierno para "humanizar ese trabajo". Según cálculos del citado estudio de la universidad de La Habana, éste percibe sólo un centavo de cada 20 que produce el azúcar. El promedio de los productores cañeros se encuentra por debajo del salario medio mensual nacional y muy por debajo de los valores reales que crea.

Como alivio a esa situación surgieron las UBPC cañeras, pero sólo en la actualidad el 43 % de las mismas se encuentran bajo el sistema de pago por los resultados. Esas instituciones carecen de los recursos necesarios para realizar un trabajo eficiente, lo que unido a la falta de estímulo a sus asociados las convierte en poco eficientes.

Entre las funciones que tienen las UBPC está la del autoconsumo de sus trabajadores, pero éste resulta insuficiente, debido a que el mayor por ciento de sus tierras se dedica a la gramínea, no se realizan cultivos secundarios en las destinadas a la caña y no se puede suministrar parte de su producción a la alimentación animal.

Si el Estado en vez de dedicar los millonarios recursos invertidos en la mecanización y en institutos y centros de investigación científica hubiera destinado sólo una parte de éstos a pagar a los productores cañeros, otra sería la historia. Pero es al revés, los obreros pagan con sus valores productivos toda esa gran quimera de ser una potencia azucarera mundial.

Otro punto neurálgico de la problemática azucarera en general es el del financiamiento externo. En 1995 se inició un proceso de búsqueda de capitales extranjeros que propiciaran un proceso recuperativo. Para ello los financistas externos participaban en el 25 % de las ganancias de las ventas del dulce producido cada año. Los préstamos llevaron un interés entre el 12 y el 13 % a pagar en periodos cortos de 18 meses el crédito inicial y el resto a 12 meses.

El capital recibido para la zafra 1995-1996 ascendió a 130 millones de dólares para las actividades agrícolas, lo que permitió la adquisición de los insumos básicos, en especial fertilizantes, hierbicidas y repuestos para la maquinaria. Nueve de las trece provincias se vieron beneficiadas por ese dinero, y para la zafra siguiente se lograron 330 millones de dólares para la agricultura y la industria azucarera.

Pero el apoyo financiero finalizó debido a incumplimientos en el pago por la parte cubana, ocasionados por problemas en la producción, la insuficiente estimulación al productor, el no arribo oportuno de los insumos, factores organizativos en la utilización del financiamiento y problemas climatológicos.

En la etapa actual, después de la reestructuración azucarera, donde se redujo la cantidad de ingenios y la actividad sólo conserva el 38 % de las tierras que anteriormente disponía, el reto es grande pero teóricamente posible. La Tarea Alvaro Reynoso del MINAZ (ojalá sigan sus consejos de una vez por todas) plantea la meta de alcanzar 54 toneladas de caña por hectárea, pese a tener las mejores tierras, todavía resulta inalcanzable.

Tendrán que pensar más en esos hombres que día a día, bajo el fuerte sol del campo cubano laboran en los campos de caña, y tomar medidas económicas que lo estimulen y lo hagan sentirse como los anteriores colonos, dueños verdaderos de las tierras y las cañas. Quizás eso sea pedirle demasiado a un gobierno que explota a los trabajadores más fieramente que el más salvaje de los capitalismos, pero si no ocurre así, Aquiles tendrá al descubierto sus talones en espera de la flecha de Paris.

El talón de Aquiles de la zafra (I)

El talón de Aquiles de la zafra (II)

 


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