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AGRICULTURA
El talón de Aquiles
de la zafra (III y final)
Ariel Delgado Covarrubias
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - En sus brillantes
análisis sobre el papel de la caña
de azúcar y su sistema productivo, el sabio
Alvaro Reynoso concluía que las actividades
agrícolas debían estar separadas
de las industriales. Durante el siglo XIX los
ricos hacendados cubanos que poseían el
capital para invertir en esa esfera eran los dueños
de los ingenios, las plantaciones y las dotaciones
de esclavos y por lo tanto, los máximos
responsables de todo el sistema productivo.
Para la primera mitad del siglo XX los dueños
de los centrales no poseían la propiedad
de la mayor parte de las tierras que abastecían
con la gramínea a su industria. El colono,
dueño de pequeñas extensiones, lograba
concentrar todo su esfuerzo en sacar a la tierra
los mejores rendimientos en los sembrados de caña.
Disponía de mano de obra abundante, barata
y capacitada para todas las atenciones que requería
el cultivo y lograba que el negocio fuera rentable.
Con la implantación del comunismo como
sistema, todas las propiedades, inclusive la mano
de obra barata, pasaron a manos del Estado, salvo
una pequeña parte de la tierra dedicada
a este cultivo que permaneció en manos
de campesinos privados. Siguiendo los consejos
del Padre de la Agricultura Cañera Cubana,
Alvaro Reynoso, la industria pasó a manos
de la Empresa Consolidada del Azúcar, perteneciente
al ministerio de Industrias y que pasó
posteriormente a ser el ministerio de la Industria
Azucarera (MINAZ).
La parte agrícola pasó al ministerio
de la Agricultura, que como es lógico dedicó
sus principales recursos y especialistas al desarrollo
de cultivos varios, ganadería y demás
producciones dedicadas al consumo humano. Tal
abandono trajo como consecuencia graves perjuicios
a las zafras, hasta que en los años 80
se tomó la decisión de unificar
la agricultura cañera con la parte industrial
del MINAZ y nacieron los Complejos Agroindustriales
Azucareros (CAIA) existentes hasta la actualidad.
Si la agricultura cañera poseía
las mejores tierras y de cuantiosos recursos en
el ministerio de la Agricultura, en el MINAZ constituyó
la parte menos desarrollada. Las contradicciones
existentes por una visión estratégica
uniformadora impidieron el desarrollo de las potencialidades
de esa agricultura. Y esa situación se
mantiene.
Pero si entre todos los factores que inciden
negativamente y convierten a la agricultura cañera
en el Talón de Aquiles de las zafras cubanas,
se tuviera que escoger uno como el principal,
ése sería el hombre, el que trabaja
la tierra sembrando y atendiendo la caña,
el que la corta y la traslada a los ingenios.
Durante décadas el obrero agrícola
cañero ha sido el peor pagado de todos
los que laboran en el sector, al punto que su
labor ha sido sustituida en gran parte por una
gigantesca mecanización, según el
gobierno para "humanizar ese trabajo".
Según cálculos del citado estudio
de la universidad de La Habana, éste percibe
sólo un centavo de cada 20 que produce
el azúcar. El promedio de los productores
cañeros se encuentra por debajo del salario
medio mensual nacional y muy por debajo de los
valores reales que crea.
Como alivio a esa situación surgieron
las UBPC cañeras, pero sólo en la
actualidad el 43 % de las mismas se encuentran
bajo el sistema de pago por los resultados. Esas
instituciones carecen de los recursos necesarios
para realizar un trabajo eficiente, lo que unido
a la falta de estímulo a sus asociados
las convierte en poco eficientes.
Entre las funciones que tienen las UBPC está
la del autoconsumo de sus trabajadores, pero éste
resulta insuficiente, debido a que el mayor por
ciento de sus tierras se dedica a la gramínea,
no se realizan cultivos secundarios en las destinadas
a la caña y no se puede suministrar parte
de su producción a la alimentación
animal.
Si el Estado en vez de dedicar los millonarios
recursos invertidos en la mecanización
y en institutos y centros de investigación
científica hubiera destinado sólo
una parte de éstos a pagar a los productores
cañeros, otra sería la historia.
Pero es al revés, los obreros pagan con
sus valores productivos toda esa gran quimera
de ser una potencia azucarera mundial.
Otro punto neurálgico de la problemática
azucarera en general es el del financiamiento
externo. En 1995 se inició un proceso de
búsqueda de capitales extranjeros que propiciaran
un proceso recuperativo. Para ello los financistas
externos participaban en el 25 % de las ganancias
de las ventas del dulce producido cada año.
Los préstamos llevaron un interés
entre el 12 y el 13 % a pagar en periodos cortos
de 18 meses el crédito inicial y el resto
a 12 meses.
El capital recibido para la zafra 1995-1996 ascendió
a 130 millones de dólares para las actividades
agrícolas, lo que permitió la adquisición
de los insumos básicos, en especial fertilizantes,
hierbicidas y repuestos para la maquinaria. Nueve
de las trece provincias se vieron beneficiadas
por ese dinero, y para la zafra siguiente se lograron
330 millones de dólares para la agricultura
y la industria azucarera.
Pero el apoyo financiero finalizó debido
a incumplimientos en el pago por la parte cubana,
ocasionados por problemas en la producción,
la insuficiente estimulación al productor,
el no arribo oportuno de los insumos, factores
organizativos en la utilización del financiamiento
y problemas climatológicos.
En la etapa actual, después de la reestructuración
azucarera, donde se redujo la cantidad de ingenios
y la actividad sólo conserva el 38 % de
las tierras que anteriormente disponía,
el reto es grande pero teóricamente posible.
La Tarea Alvaro Reynoso del MINAZ (ojalá
sigan sus consejos de una vez por todas) plantea
la meta de alcanzar 54 toneladas de caña
por hectárea, pese a tener las mejores
tierras, todavía resulta inalcanzable.
Tendrán que pensar más en esos
hombres que día a día, bajo el fuerte
sol del campo cubano laboran en los campos de
caña, y tomar medidas económicas
que lo estimulen y lo hagan sentirse como los
anteriores colonos, dueños verdaderos de
las tierras y las cañas. Quizás
eso sea pedirle demasiado a un gobierno que explota
a los trabajadores más fieramente que el
más salvaje de los capitalismos, pero si
no ocurre así, Aquiles tendrá al
descubierto sus talones en espera de la flecha
de Paris.
El
talón de Aquiles de la zafra (I)
El
talón de Aquiles de la zafra (II)
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