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ECOLOGIA
Medio Ambiente (II
y final)
Javier Machado, Cubanacán Press
SANTA CLARA, junio (www.cubanet.org) - El ecosistema
que conforma toda la región central del
país ha sufrido daños irreparables.
La biodiversidad del ecosistema sufre los embates
de la escasez, las necesidades y las irresponsabilidades,
a pesar del trabajo que realizan entidades estatales
en el Área Protegida Cubanacán.
Grandes extensiones de pastos y bosques sufren
los daños de los fuegos provocados por
personas que no cumplen las medidas preventivas.
Aunque parezca una fantasía, gran parte
de las alturas de Santa Clara que conforman el
paisaje del área, poseedora de suelos de
baja productividad por su acidez, están
siendo poblados por marabuzales. El marabú
puede llegar a tener utilidad económica
(para elaborar carbón aunque es utilizado
también como postes de los potreros), y
ayuda a preservar el ecosistema, así como
al sustento y formación de la capa vegetal.
Por estos tiempos de parálisis y asfixia
económica la ciudad se ha beneficiado.
El tráfico se ha reducido y con él
el nivel de ruido y la emisión de gases
contaminantes. Las industrias están semiparalizadas,
pero el deficiente abasto de agua y la aparición
del transporte de tracción animal han traído
otros problemas, que no tienen solución
a corto plazo.
En los años 80 Comunales no permitía
que ningún caballo se acercase al perímetro
urbano, ni tampoco criar animales domésticos
especialmente los cerdos. Ahora ocurre todo lo
contrario. Los puercos viven en los balcones de
los edificios y hasta en las bateas de los baños,
sin importar que circule el agua por las tuberías
o que los desagradables olores contaminen el aire
que respiran los pulmones de los demás.
Allí conviven los porcinos como otro miembro
de la familia, en espera del día final
o que se vaya de casa después de una buena
transacción económica.
Un conocido profesor de la enseñanza media
abandonó las aulas para dedicarse a vivir
gracias a su "berraco". Es un hombre
común y corriente que batalla constantemente
por subsistir dentro de un mundo de carestía
y escasez. Mi amigo ha ideado como resorte de
la economía informal, el uso de un puerco
aún no capado (berraco), como animal de
monta. Presta servicios dentro o fuera de la ciudad
porque su excelente semental está entrenado
para realizar recorridos de diferentes distancias
detrás de su bicicleta con la simple ayuda
de una soga. Es increíble, pero el animal
entiende todo lo del negocio y sabe que va a satisfacer
sus necesidades sexuales cada vez que sale del
corral.
Clientes siempre habrán para él,
porque las puercas reproductoras entran en celo
y sus dueños buscan mejorar la raza. El
cobro es en efectivo y al contado o un ejemplar
de la cría al cabo de los meses de gestación.
Pero lo que este animal nunca ha aprendido es
a controlar sus necesidades fisiológicas,
por eso donde quiera deja sus huellas.
Otro de los animales que contaminan severamente
la ciudad son los perros. Pueden verse de diferentes
colores, tamaños y razas. Por suerte, la
mayoría viven junto a sus dueños,
pero existe otra cantidad de canes de raza inferior
contaminados de garrapatas, parásitos intestinales,
sarna, que pululan por doquier, posibles transmisores
de enfermedades a los humanos y contaminando el
ambiente. Ellos hacen sus necesidades en las aceras
y en el lugar que primero encuentren. Lo mismo
hacen los que gozan de tener dueños, quienes
los sacan de de sus casas para que las hagan en
plena vía pública, sin que las autoridades
tomen cartas en el asunto. No quiera Ud. saber
lo que significa una pelea de perros en una esquina,
y lo molesto que es tener una jauría de
perros tras una perra en celos por espacio de
una semana cerca de su casa.
Pero ahí no acaba todo. El ganado que
circula "casi" libremente por nuestras
calles es el caballar, utilizado como fuerza de
transporte en época de crisis como la actual.
Pensábamos que íbamos a mejorar,
pero con los últimos alaridos de la nomenclatura
en el poder, pienso que "la cosa pica y se
extiende".
Quisiera invitarlo a Ud. amigo lector, a caminar
por una de las céntricas calles de la ciudad
de Marta en horario del mediodía, para
que presencie la realidad "in situ",
y pueda palparla. Los puntos de recogida de pasajeros
(paradas), semáforos o señales de
Pare, son los mayores focos contaminantes. Los
asfixiantes olores del orine de los caballos,
mezclados con los excrementos que los cocheros
en su ignorancia dejan acumular en el saco bajo
sus pies, para voltearlos hacia el pavimento,
con una simple patada, cuando no hay vigilantes
o inspectores. Después serán triturados
por las gomas de los automóviles y esparcidos
en manchas de colores indescriptibles por varios
metros de la calle.
Aunque aún el tema no está agotado,
hoy quiero terminar. Quizás otro día
pueda escribir sobre las plagas de ratas que invaden
las calles, almacenes, hospitales, escuelas, casas,
utilizando las cañerías como refugio
o que pueda referirme a las plagas de murciélagos
que se agolpan en techos de construcciones antiguas,
la falta de higiene general de la población
y la pésima educación del pueblo
para combatir los vectores.
Gracias a Dios las lluvias de la tardía
primavera se nos avecinan. Ellas ayudan a limpiar
las calles engrosando el caudal de los ríos,
mitigan el angustioso calor y permiten que renazcan
los pastos y hierbas, alejando los incendios.
También las presas que abastecen de agua
a la ciudad aumentan de nivel y la crisis de abastecimiento
tiene alivio por un tiempo.
Medio
Ambiente (I)
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