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HISTORIA
Aquella república
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - Mi abuela
nació en las postrimerías del siglo
19. Tenía la piel del color del alba. Creo
que por eso la nombraron Clara. Se casó
en el último año del siglo cuando
era aún jovencísima. Durante los
primeros veinte años de la República,
mis abuelos se dedicaron a engendrar y a criar
sus diez hijos.
Mi abuelo era militar de profesión. Cuando
acabó la Guerra de Independencia cubana
tenía grados de teniente y con ellos en
las hombreras continuó durante la República.
Murió en 1936 y claro que no lo conocí.
Mi abuela no dejó la casa, y atender a
su familia fue la mejor ocupación que encontró.
Mis tías y tíos estudiaron en escuelas
públicas y llegaron a diplomarse en la
Universidad, fueron médicos, pedagogos,
uno militar y mi madre, farmacéutica. Vivieron
y fallecieron, salvo mi madre que los sobrevive,
en el siglo 20 cubano.
No supe de sus tristezas. Nunca me parecieron
descontentos. En algún momento debieron
serlo, pero mis recuerdos y las fotos que se conservan
reflejan imágenes de personas muy estables
y alegres. Fotos hay por varios centenares. Bautizos,
bodas, nacimientos, reuniones familiares, excursiones,
baños en ríos, playas y piscinas,
despedidas, en los trabajos y un largo etcétera.
Visitar las casas de mis tíos era como
entrar en recintos llenos de objetos admirables
y me parecía que para ellos eran cosas
simples y naturales. La casa de mi madrina en
Placetas, un pueblo en el centro de Cuba, tenía
un pasillo muy largo con un piso muy pulido y
realmente propicio para una buena carrera, mientras
los "grandes" conversaban encerrados
en el comedor de puertas de malla metálica.
Pero tanto no permitían, quizás
una o dos carreras. Entonces, como entretenimiento
me dejaban hurgar entre los libros de los tres
estantes situados al comienzo del corredor, escoger
algún disco entre los tantos que esperaban
junto al tocadiscos y, lo mejor, me dejaban ponerlo.
Así pasaban las horas de la visita que
se prolongaba al almuerzo y terminaba al final
del mediodía con los saludos previos a
la partida.
Generalmente, "a los muchachos", nos
ocupaban en algo instructivo. Había que
leer revistas nacionales y extranjeras. Eran personas
a quienes no les gustaba perder el tiempo, creo.
Tampoco se nos permitía perderlo a nosotros,
quienes estábamos convencidos de que teníamos
todo el tiempo del mundo por delante. Además,
todo estaba regido por horas.
Entiendo hoy que todos no vivieron de la misma
forma, pero no puedo creer que la República
fuera el desastre que en el presente anuncian.
Nadie recuerda ahora que Estrada Palma fue un
Presidente honesto que dejó al final de
su gobierno las arcas del Tesoro bastante bien
colmadas. José Miguel Gómez llegó
a la presidencia con una popularidad que sólo
las emociones tropicales consolidan. Menocal dotó
al país de una moneda nacional tan fuerte
como el dólar. Machado urbanizó
la Isla y trató de forjar una industria
nacional. Luego, la ola que lo derrocó
trajo, con el Gobierno de los Cien Días,
las medidas más revolucionarias en todo
sentido que conociera América Latina en
aquella época. En la primera presidencia
de Batista se construyeron más escuelas
rurales y sanatorios y casas de socorro que nunca
antes y se promulgó la Constitución
del 40 como producto de una Asamblea Constituyente
en la que no faltó ningún sector
del espectro político. Fue verdaderamente
una discusión democrática y una
muestra de la civilidad alcanzada.
En los años veinte, el florecimiento de
la cultura no tuvo parangón y durante otros
veinte años se prolongó un ambiente
y una atmósfera cultural sin precedentes
para una isla de nuestras dimensiones. Al mismo
tiempo que los adelantos tecnológicos asombraban
y contribuían a cambiar a una sociedad
lanzada al consumo en una carrera vertiginosa
por competir con las más grandes capitales
del mundo occidental.
Durante toda esa época, mi familia vivió,
creció, se ramificó, trabajó,
se hizo respetar, dio sus frutos, leyó,
cantó, bailó, amó y fue amada.
Ahí están los testimonios gráficos,
las fotos, del granito de arena que ellos fueron
en las historia de la República. Como muchas
otras familias, más o menos conocidas,
quizás del todo desconocidas. Mas todas
formaron aquella República a la que hoy
pretenden olvidar.
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